{"id":5641,"date":"2026-01-06T08:50:50","date_gmt":"2026-01-06T11:50:50","guid":{"rendered":"https:\/\/elliberador.com\/?p=5641"},"modified":"2026-01-06T09:05:43","modified_gmt":"2026-01-06T12:05:43","slug":"cuando-la-libertad-parece-posible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/2026\/01\/06\/cuando-la-libertad-parece-posible\/","title":{"rendered":"Cuando la libertad parece posible"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\">\n<p>Durante los primeros d\u00edas de enero ocurri\u00f3 algo que, aun envuelto en versiones cruzadas y lecturas pol\u00edticas diversas, sacudi\u00f3 a millones de personas dentro y fuera de Venezuela: la imagen \u2014para muchos impensada\u2014 de un r\u00e9gimen que parec\u00eda eterno mostrando, por primera vez, signos de quiebre. No fue solo una noticia. Fue una sensaci\u00f3n colectiva. Breve, intensa, profundamente movilizadora. Una palabra volvi\u00f3 a ocupar conversaciones, pantallas y memorias: <strong>libertad<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>No sigo la pol\u00edtica internacional con obsesi\u00f3n ni vivo pendiente del minuto a minuto geopol\u00edtico. Sin embargo, confieso que lo ocurrido \u2014o, al menos, lo que comenz\u00f3 a mostrarse\u2014 me atraves\u00f3 de una manera inesperada. Tal vez porque no fue solo Venezuela lo que apareci\u00f3 en mi cabeza, sino un recorrido personal m\u00e1s largo, m\u00e1s \u00edntimo y profundamente latinoamericano.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante diez a\u00f1os viv\u00ed en Espa\u00f1a. No me fui solo. A mi alrededor siempre hubo personas que, como yo, hab\u00edan dejado su pa\u00eds. Argentinos, venezolanos, colombianos, cubanos. Cambiaban los acentos, pero las razones, salvando distancias, se repet\u00edan con una precisi\u00f3n inquietante: econom\u00edas asfixiadas, gobiernos de izquierda que prometieron justicia social y entregaron expulsi\u00f3n silenciosa, relatos \u00e9picos sostenidos sobre la partida de su propia gente.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo especialmente a un amigo muy cercano, Bruno. Era cubano. Se hab\u00eda ido con su familia siendo apenas un ni\u00f1o y recal\u00f3 en Galicia, donde nos conocimos. Compartimos charlas interminables, silencios cargados de historias que no siempre necesitaban palabras. Cuba no era para \u00e9l un concepto ideol\u00f3gico ni una consigna: era una ausencia. Una patria suspendida, inaccesible, detenida en el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, cuando en estos primeros d\u00edas de enero comenzaron a circular im\u00e1genes y reportes que mostraban a <strong>Nicol\u00e1s Maduro<\/strong> esposado fuera de Venezuela, trasladado para declarar ante la justicia estadounidense, pens\u00e9 en Mart\u00edn. Pens\u00e9 tambi\u00e9n en tantos venezolanos que conoc\u00ed durante mi larga estad\u00eda en Espa\u00f1a. Personas formadas, trabajadoras, dignas, obligadas a reconstruirse lejos de su tierra. Sent\u00ed una emoci\u00f3n dif\u00edcil de describir: alivio, j\u00fabilo, algo muy cercano a la justicia po\u00e9tica.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\">\n<p>Desde una mirada liberal \u2014que no oculto\u2014 creo que al mundo siempre le hace bien la idea de que exista un dictador menos entre nosotros. Que los reg\u00edmenes autoritarios no son invulnerables. Que incluso cuando parecen consolidados, pueden caer. Que los pueblos no olvidan, aunque tarden. Y que la historia, pese a todo, sigue abierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya habr\u00e1 tiempo \u2014y lo habr\u00e1\u2014 para los an\u00e1lisis t\u00e9cnicos, t\u00e1cticos y estrat\u00e9gicos: para comprender c\u00f3mo fue el operativo, qu\u00e9 rol jugaron los organismos de inteligencia, qu\u00e9 acuerdos internacionales lo hicieron posible y qu\u00e9 consecuencias geopol\u00edticas tendr\u00e1. Habr\u00e1 especialistas que desmenucen cada decisi\u00f3n, cada movimiento y cada actor involucrado. Hoy no escribo desde ese lugar. Hoy escribo <strong>a t\u00edtulo personal<\/strong>, desde la emoci\u00f3n y desde la convicci\u00f3n de que lo ocurrido marca un antes y un despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo vivido durante ese fin de semana fue, para millones, un hecho hist\u00f3rico. Comparable, en impacto simb\u00f3lico y emocional, a otros momentos donde el mundo presenci\u00f3 la ca\u00edda de figuras que parec\u00edan inamovibles, como el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003. No por las formas, sino por el mensaje: ning\u00fan poder es eterno cuando se sostiene sobre el miedo y la miseria.<\/p>\n\n\n\n<p>Queda camino por recorrer, es evidente. Ning\u00fan pueblo se libera de un d\u00eda para el otro. Ojal\u00e1 el pr\u00f3ximo sea Cuba. Lo digo con humildad y respeto, pero sin resignaci\u00f3n. Porque cuando incluso la imagen de la ca\u00edda de un tirano devuelve esperanza a quienes se vieron obligados a irse, algo profundo se ha movido. Y porque, a veces, creer que es posible ya es el primer acto de emancipaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Por Ecus \u2014 Editorial de libertad<\/em><br><strong>\u201cLa libertad no se concede: se conquista.\u201d \u2014 Friedrich Hayek<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Venezuela, exilio y memoria: cuando incluso la posibilidad de libertad moviliza historias personales y colectivas.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":5642,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"advanced_seo_description":"Una reflexi\u00f3n personal sobre Venezuela, el exilio latinoamericano y la esperanza consisten\u00adte de que ning\u00fan r\u00e9gimen autoritario es eterno.","jetpack_seo_html_title":"Cuando la libertad parece posible: Venezuela y la memoria del exilio","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":""},"categories":[35],"tags":[20],"class_list":["post-5641","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-opinion","tag-destacados"],"acf":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/elliberador.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/bandera_venezuela.webp","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5641","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5641"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5641\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5647,"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5641\/revisions\/5647"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5642"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5641"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5641"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elliberador.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5641"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}