El régimen de Maduro endurece la tortura contra argentinos detenidos en El Rodeo

La detención y las amenazas contra argentinos en El Rodeo exponen la brutalidad del régimen de Maduro y dejan en evidencia la doble vara de la izquierda y el peronismo, que hablan de derechos humanos pero callan ante la tortura de compatriotas en centros clandestinos.

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La situación de los argentinos secuestrados por la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela atraviesa su momento más crítico. En las últimas horas se denunciaron amenazas de muerte, traslados forzados e incomunicación total contra presos políticos extranjeros, entre ellos el gendarme argentino Nahuel Agustín Gallo y el abogado Germán Darío Giuliani, detenidos de manera ilegal y arbitraria por el régimen chavista.

Según información confirmada por fuentes vinculadas a organismos de derechos humanos y por autoridades argentinas, en la cárcel El Rodeo 1 —un centro de detención que no figura en registros oficiales y es señalado por sobrevivientes como un verdadero centro clandestino de tortura— se produjeron amenazas directas de muerte contra los detenidos. En paralelo, se corroboró el traslado de Giuliani desde otro penal hacia un destino desconocido, una práctica habitual del chavismo para profundizar el aislamiento y la tortura psicológica.

Bullrich: “Están secuestrados e incomunicados”

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue contundente al denunciar la gravedad de la situación y responsabilizar directamente al régimen venezolano:

“Dos argentinos están secuestrados e incomunicados por el régimen de Maduro, sometidos a amenazas de muerte. La dictadura en Venezuela tiene que terminar. Nahuel Gallo y Germán Giuliani deben volver a sus casas, con sus familias. Nada detendrá el trabajo para que esto suceda”.

Las palabras de Bullrich se suman a las advertencias previas de la cancillería argentina y a las denuncias públicas sobre tortura psicológica sistemática, desaparición forzada y violaciones flagrantes a los derechos humanos.

El Rodeo 1: un centro clandestino del chavismo

El Rodeo 1 es descrito por ex detenidos como un lugar de aislamiento extremo, amenazas permanentes, traslados encapuchados y violencia psicológica constante. Allí, los presos permanecen meses sin contacto con sus familias ni asistencia legal, en condiciones que organismos internacionales ya calificaron como crímenes de lesa humanidad.

En ese contexto, trascendió un hecho simbólico y estremecedor: un argentino entonó el Himno Nacional dentro del penal, elevando la voz hasta gritar una palabra prohibida para el chavismo: libertad. Un gesto de dignidad en medio de un sistema diseñado para quebrar voluntades.

Más detenciones y acusaciones sin pruebas

La situación se agravó tras la confirmación pública del arresto de Germán Darío Giuliani, anunciada por Diosdado Cabello, número dos del régimen. Sin presentar cargos formales ni pruebas, Cabello se limitó a decir: “Búsquenlo en Argentina al inocente este”, mientras acusaba a distintos detenidos de supuestos planes terroristas para sabotear las elecciones del fin de semana.

Giuliani, abogado penalista y laboral, se encontraba en Venezuela desde mediados de abril y no fue detenido al ingresar al país, lo que refuerza la arbitrariedad del arresto. Su caso se suma al del experto en ciberseguridad Pablo Gonzalo Carrasco y al del gendarme Nahuel Gallo, secuestrado desde el 8 de diciembre cuando viajó para visitar a su familia.

Silencio cómplice y doble vara en Argentina

Mientras el régimen de Maduro profundiza la represión, la tortura y la desaparición forzada de ciudadanos argentinos, sectores de la izquierda y del peronismo local vuelven a quedar expuestos por su doble discurso. Los mismos espacios que enarbolan banderas de derechos humanos y soberanía guardan silencio —o directamente defienden— a una dictadura que tortura compatriotas en centros clandestinos.

La situación de Nahuel Gallo y Germán Giuliani desnuda una verdad incómoda: no hay derechos humanos selectivos. O se defienden siempre, o se los abandona cuando el victimario es un régimen ideológicamente afín.

A casi un año del secuestro de Nahuel Gallo, la exigencia es clara y urgente: aparición con vida, libertad inmediata y regreso seguro a la Argentina. El caso ya trasciende lo diplomático y se inscribe en el terreno de los crímenes de lesa humanidad, con responsables identificados.

La Argentina no puede mirar para otro lado. La libertad no se negocia. Y el silencio, frente a la tortura, también es una forma de complicidad.

Sayago
Julián Sayago
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