Masacre en Irán y el silencio del kirchnerismo: cuándo la defensa selectiva del “derecho internacional” ignora vínculos y traiciones

Mientras invocó el derecho internacional para defender a aliados como Nicolás Maduro, hoy el kirchnerismo se calla y no condena a Irán, donde se desarrolla una masacre con miles de muertos. El silencio resulta aún más grave al tratarse de un país que perpetró dos atentados terroristas en la Argentina, y reaviva el recuerdo del Memorándum con Teherán

ChatGPT Image 14 ene 2026, 11_29_01 a.m.

Mientras se multiplican los informes que señalan una represión brutal en Irán —con estimaciones que superan los 12.000 muertos y podrían alcanzar hasta 20.000 víctimas en protestas contra el régimen islámico —, llama la atención el silencio absoluto de los sectores kirchneristas argentinos que semanas atrás se pronunciaron vehementemente sobre la captura de Nicolás Maduro y el respeto al derecho internacional. En el caso de Irán, ese mismo kirchnerismo no ha dicho una palabra de condena pública ni ha exigido sanciones claras, lo que para críticos políticos tiene una explicación ideológica y estratégica: Irán fue aliado cercano de Cristina Fernández de Kirchner.

Irán y Argentina: una historia de atentados que marcaron al país

Argentina sufrió en su suelo dos de los atentados terroristas más graves de su historia:

  • El ataque a la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992, que dejó 29 muertos y múltiples heridos.
  • El atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en 1994, que explotó en el centro porteño, matando a 85 personas e hiriendo a cientos más, y que sigue sin responsables presos.

Durante décadas, la justicia argentina acreditó la responsabilidad del régimen iraní y de la organización Hezbollah en la planificación y ejecución del ataque a la AMIA. Liderados por el fiscal Alberto Nisman, los investigadores vincularon a altos funcionarios iraníes, incluidos exdiplomáticos, con la operación terrorista y su encubrimiento.

El Memorándum con Irán

En 2013, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, Argentina y la República Islámica de Irán firmaron un Memorándum de Entendimiento con el supuesto objetivo de reabrir la investigación del atentado a la AMIA y crear una comisión conjunta de “verdad”.

El acuerdo fue presentado oficialmente como un intento de destrabar una causa estancada y asegurar que los iraníes acusados pudieran ser interrogados bajo un marco internacional. Sin embargo, críticos y sectores de la comunidad judía lo vieron como una maniobra de encubrimiento y protección política para los sospechosos, e incluso una puesta en escena de investigación sin posibilidad real de justicia.

El propio fiscal Nisman, cuatro días antes de su muerte en enero de 2015, presentó una denuncia de 300 páginas ante la Justicia argentina en la que acusó a Cristina Kirchner, al canciller Héctor Timerman y a otros funcionarios de haber diseñado un plan de impunidad para los iraníes acusados, a cambio de beneficios comerciales, como la compra de petróleo iraní a cambio de granos argentinos.

Traición y DDHH selectivos

Negociar con un régimen señalado por terrorismo internacional no fue solo un error diplomático: fue una traición política y moral a la Nación. El Memorándum con Irán implicó sentarse a pactar, por afinidad ideológica, con un Estado que no comparte ni respeta los valores occidentales, democráticos y republicanos sobre los que se asienta la Argentina. Un régimen que reprime a su población, niega derechos elementales a las mujeres, persigue y ejecuta a homosexuales, y responde a las protestas sociales con balas, cárceles y muerte. Ese alineamiento no solo fue contrario a la memoria de las víctimas de los atentados sufridos en suelo argentino, sino también a los principios históricos de defensa de los derechos humanos que el país dice sostener. Hoy, mientras el régimen iraní comete violaciones masivas contra su propio pueblo, el silencio del kirchnerismo confirma que aquella decisión no fue pragmatismo ni diplomacia: fue complicidad ideológica, y ese silencio frente al horror vuelve a desnudarla.

El silencio del kirchnerismo frente a la masacre en Irán contrasta con su contundencia al criticar otras intervenciones internacionales. Sectores del mismo espacio político exigieron respeto al derecho internacional y condenaron la captura de Maduro, mientras optaron por no pronunciarse públicamente sobre las violaciones de derechos humanos en Irán, un régimen que fue tratado como socio por la administración de Cristina Kirchner a través del Memorándum.

A ese silencio político se suma el silencio del feminismo militante, que levanta la voz ante injusticias selectivas pero calla frente a uno de los regímenes más brutales contra las mujeres en el mundo

Esa contradicción, no es casual: expone una defensa selectiva de los derechos humanos que parece depender más de alianzas políticas e intereses ideológicos que de principios consistentes.

Sayago
Julián Sayago
+ posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *