La dictadura cubana anuncia a las compañías aéreas que no tiene más combustible para abastecer a los aviones

Un aviso operativo a aerolíneas advierte que desde el lunes no habrá combustible para aviación en aeropuertos internacionales. El régimen culpa al “asedio” de Estados Unidos, mientras prepara racionamiento interno y busca oxígeno diplomático. En la isla, la población —acostumbrada a la escasez— vuelve a pagar el costo del modelo.

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La dictadura comunista cubana, en el poder desde 1959 y sostenida por un sistema de partido único, atraviesa un nuevo punto de quiebre: el Gobierno notificó a aerolíneas internacionales que, a partir de este lunes, no podrá garantizar combustible para aviación (Jet A-1).

La advertencia llega en forma de NOTAM (aviso aeronáutico) y, según reportes del sector, indica la indisponibilidad del Jet A-1 por un período cercano a un mes (del 10 de febrero al 11 de marzo). En términos prácticos, esto fuerza a las compañías a operar “a ciegas” o con planes de contingencia: cargar más combustible en origen (si el avión lo permite), limitar carga/pasajeros o reprogramar rutas. El impacto potencial recae de lleno sobre el turismo y la entrada de divisas, dos respiradores externos de una economía asfixiada.

El relato oficial: “asedio petrolero”

El régimen sostiene que el faltante responde a un “asedio petrolero” de Estados Unidos que busca bloquear el abastecimiento energético de la isla. En paralelo, Rusia salió a respaldar a La Habana: el Kremlin calificó la situación como “crítica”, responsabilizó a las sanciones estadounidenses y dijo estar explorando formas de asistencia.

Pero incluso si el componente externo existe (y la presión es real), la foto de fondo es otra: un Estado que monopoliza, raciona y castiga la iniciativa privada termina siendo incapaz de garantizar lo básico. Cuando todo depende de órdenes, cupos y burocracia —en vez de inversión, precios y competencia— el sistema se queda sin reflejos. Y cuando falta el combustible, el costo no lo paga “el bloqueo”: lo paga el cubano común.

La crisis que “ahora se ve”, pero siempre estuvo

La escasez energética en Cuba no es un episodio aislado: viene escalando hace años y se expresa en apagones prolongados, parálisis del transporte y deterioro cotidiano. En 2025, Reuters reportó que, incluso antes de colapsos puntuales de la red, la mayoría de la población ya sufría cortes diarios de 16 horas o más.

En febrero de 2026, la propia dinámica se endureció: Washington advirtió a sus ciudadanos en la isla que se preparen para disrupciones significativas y mencionó una red eléctrica “cada vez más inestable”, con apagones prolongados como rutina. En ese contexto, el Gobierno cubano anunció un plan para racionar combustible y “proteger servicios esenciales” (salud, agua, educación, agricultura), un lenguaje típico de emergencia que en Cuba suele convertirse en normalidad permanente.

Sin el sostén venezolano: el golpe geopolítico

A la crisis estructural se le sumó un shock político. Tras la captura del líder venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero, el presidente Donald Trump afirmó que no habría más petróleo ni dinero venezolano para Cuba y elevó la presión sobre terceros países que abastezcan a la isla. (Esto explica por qué el régimen habla de “asedio”: ya no se trata solo de sanciones directas, sino de advertencias a proveedores.)

En esa misma lógica, la crisis empuja movimientos en la región. México envió buques con ayuda humanitaria ante la escasez, mientras su gobierno intenta equilibrar asistencia sin exponerse a represalias.

“Estamos en comunicación” y la dictadura busca oxígeno

En paralelo, La Habana empezó a abrir canales con Washington. El vicecanciller Carlos Fernández de Cossío reconoció que Cuba y Estados Unidos están en comunicación, aunque aclaró que eso todavía no constituye un diálogo formal.

Antes, el presidente Miguel Díaz-Canel había negado “conversaciones” y limitado los contactos a cuestiones técnicas migratorias. La contradicción expone lo evidente: cuando el régimen tiene combustible, “resiste”; cuando no lo tiene, “conversa”.

El dictador Díaz Canel quiero conversar con EE.UU. después d eno poder contar más con el apoyo de la dictadura chavista

La lectura pro mercado: el modelo es la causa, el conflicto solo acelera

El castrismo sobrevivió décadas con subsidios externos (primero soviéticos, luego venezolanos) y con control interno (monopolio, censura, represión). En ese esquema, la escasez no es una anomalía: es la regla de un sistema que impide que el capital se acumule, que la inversión rinda y que los precios indiquen qué producir y cómo distribuir.

Hoy, el conflicto internacional vuelve más visible lo que siempre existió in crescendo: hambre, miseria y apagones. Pero el origen no es “un mes difícil”: es casi 70 años de economía cerrada, propiedad intervenida y castigo a la iniciativa privada, con la población como rehén.

La pregunta no es si habrá vuelos cancelados. La pregunta de fondo es cuánto más puede aguantar una estructura estatal que, cuando le cortan el subsidio, queda al desnudo: sin reservas, sin inversión y sin mercado.

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