Colapso del campo formoseño: el plan de Insfrán para asfixiar a los productores y el pedido de intervención federal
Un productor agropecuario pidió públicamente el apoyo de diputados y senadores nacionales para avanzar con una intervención federal de Formosa. Las críticas apuntan al programa PAIPPA, al control estatal sobre la producción y a lo que describen como un clima de persecución contra quienes intentan desarrollarse fuera de la estructura oficial.
El malestar de sectores productivos de Formosa volvió a quedar expuesto esta semana luego de que un productor agropecuario difundiera un video en redes sociales reclamando apoyo político para impulsar una intervención federal de la provincia y denunciando lo que considera un proceso sistemático de destrucción del sector privado bajo el gobierno de Gildo Insfrán.
Las declaraciones reavivaron un debate que lleva años en la provincia y que enfrenta dos visiones completamente opuestas. Mientras el oficialismo presenta al Programa de Asistencia Integral al Pequeño Productor Agropecuario (PAIPPA) como una política exitosa de contención social y desarrollo rural, productores, dirigentes opositores y referentes rurales sostienen que el esquema terminó generando dependencia económica y debilitando la capacidad productiva del campo formoseño.
Ante un escenario de carácter netamente dictatorial, el sector rural apela de forma directa a los diputados y senadores nacionales: urgen una acción de rescate político para desmantelar la estructura de opresión económica montada por el régimen provincial.
«Es un plan norcoreano»: la revelación de un concejal formoseño
El núcleo de este entramado de dominación es el Programa de Asistencia Integral al Pequeño Productor Agropecuario (PAIPPA). Mientras la propaganda oficial lo disfraza de soberanía campesina, los propios actores políticos de la provincia destapan el fraude. En un testimonio revelador brindado a nuestro medio, un concejal de la ciudad de Formosa desmenuzó con crudeza la ingeniería de este sistema, confirmando que el Estado se enriquece ahogando a los trabajadores del campo.
«En Formosa hay un plan que se llama Plan PAIPPA que es una ayuda del Estado hacia pequeños y medianos productores. En realidad es pequeño, los medianos no existen. En los videos que circulan se muestra cómo se lanzó pidiendo a todos los productores que achiquen su producción: que el Estado se iba a hacer cargo de plantarle la semilla, de ararle la tierra, de poner en el mercado su producción a costa de que ellos achiquen su nivel productivo.
Entonces, lo que tenemos ahora, después de todo el plan sistemático del gobierno de Gildo Insfrán, son productores sumamente pequeños de diez hectáreas a los que el Estado, como están bajo el PAIPPA, les compra a precio vil el producto y lo revende en un plan que ellos llaman ‘Soberanía Alimentaria’ a un precio similar al de mercado. Les compran la materia prima a dos mangos. Entonces el Estado cierra todo el circuito económico y se enriquece a costa del laburo del productor.
Todo aquel productor que exceda la capacidad que el PAIPPA le brinda, es decir, si sos más grande de diez hectáreas, si ya sos un mediano productor y querés participar activamente en el mercado, el gobierno provincial te cerca, te saca las tierras porque acá son tierras fiscales, no te deja meter tu producto al mercado formoseño y te expulsa de la provincia. Es muy loco si ves toda la bibliografía de este tema: es como un plan norcoreano del Estado, inmiscuido en todos los aspectos de la vida, que a los productores los ahoga.
Por eso Formosa pasó de ser la primera productora de algodón y la primera de banana, a no producir algodón y a tener solamente 600 hectáreas de banana. Realmente destruyeron la producción. El Estado Provincial no necesita de la maquinaria privada para recaudar porque se financia a costa del laburo de todos los argentinos».
28 años del «modelo del hambre» y la aniquilación del trabajo
El Programa de Asistencia Integral al Pequeño Productor Agropecuario fue creado en 1996 y constituye una de las políticas más emblemáticas de los gobiernos de Gildo Insfrán.
Oficialmente, el programa busca brindar asistencia técnica, financiamiento, semillas, herramientas y apoyo comercial a pequeños productores rurales. La vigencia de este modelo consolida una herencia trágica. El 15 de septiembre de 2025 se cumplieron 28 años desde que Gildo Insfrán lanzó el PAIPPA. Lo que el oficialismo festeja, los vecinos y dirigentes lo padecen como el origen del asistencialismo populista que liquidó la cultura del esfuerzo. Antes de este régimen, Formosa contaba con 140.000 hectáreas productivas, 26 desmotadoras y la emblemática Alpargatas. Hoy queda un desolador paisaje de planes sociales y subsistencia.
Acosta, exbancario y productor, lo sintetiza así: «Hoy tenemos apenas el 10% de aquella siembra. El PAIPPA destruyó la cultura del trabajo y condenó a la provincia a la pobreza». Esto no fue un accidente del mercado. Murdoch, exintendente y actual funcionario gildista, admitió públicamente en un acto escolar —bajo el aplauso del propio Insfrán— que la destrucción del aparato productivo fue una decisión política. Una confesión brutal que consolida la idea de un genocidio económico programado.
«Formosa fue una de las principales productoras de algodón del país. Tenía desmotadoras, actividad textil y una enorme capacidad agrícola. Hoy prácticamente desapareció esa estructura productiva», afirmó.
Las críticas coinciden con cuestionamientos formulados desde distintos sectores rurales, que señalan la caída de la superficie cultivada y la reducción de actividades históricas como la producción algodonera y bananera.
Insfrán y Maduro
El modelo formoseño tiene bases ideológicas rastreables en los regímenes más autoritarios de la región. El concejal denunciante remarcó un dato de suma gravedad:
el plan PAIPPA fue reivindicado abiertamente por el dictador venezolano Nicolás Maduro.
Incluso, el régimen chavista invirtió directamente en Formosa a través de un programa denominado «Formosa Alimenta», para que los formoseños se vean obligados a buscar en internet cómo subsistir. Esta intervención extranjera, bajo las banderas del socialismo del siglo XXI, demuestra que el plan formoseño es un diseño dictatorial y comunista, ideado para oprimir al productor y establecer un control social absoluto a través del monopolio estatal de los alimentos.
Dictadura en Naineck: Persecución policial a la Federación Agraria
El hostigamiento hacia el campo no es solo económico; es físico e institucional. El 22 de marzo de 2026, la localidad de Laguna Naineck fue escenario de un escándalo que expuso la matriz de espionaje provincial. Efectivos armados de la Policía de Formosa irrumpieron abruptamente en una vivienda particular de la colonia Palma Sola, donde un grupo de productores compartía un almuerzo privado de trabajo con la presidenta de la Federación Agraria Argentina (FAA), Andrea Sarnari.
Sin mediar orden judicial, los uniformados exigieron explicaciones inquisitoriales sobre «de qué se trataba» el encuentro. Pánfilo Ayala, productor agredido, manifestó su indignación: «Es increíble que la Policía se atreva a realizar estas prácticas, incluso sabiendo que se encontraba una autoridad nacional como la presidenta de la Federación Agraria. Consideramos que tiene fines intimidatorios y persecutorios. Nos preocupan sobremanera estas actitudes autoritarias, que son graves en un estado democrático».
La metástasis de un modelo totalitario: el espejo donde se mira el peronismo

El drama de Formosa no es una anomalía aislada ni un simple accidente geográfico; es la manifestación más pura y radical del modelo que el peronismo adopta como su mayor bandera y referencia política en el siglo XXI. Lo que el gobernador Gildo Insfrán ha perfeccionado durante tres décadas es un diseño de colectivización forzada de matriz netamente comunista, camuflado bajo el ropaje de la justicia social. No buscan generar empleo ni potenciar la riqueza; el objetivo explícito es la destrucción deliberada de la iniciativa privada para sumergir a la población en una pobreza estructural e irreversible. Un pueblo empobrecido, despojado de sus tierras y sin empresas que ofrezcan trabajo digno, se transforma en una masa de rehenes dóciles que dependen de un bolsón de comida o de un plan social para sobrevivir.

La verdadera alarma para el resto de la República Argentina radica en que este laboratorio de clientelismo y opresión no pretende quedarse limitado a las fronteras provinciales. El peronismo a nivel nacional ha reivindicado históricamente a Insfrán como el «gobernador ejemplar», exponiendo de forma implícita el plan definitivo que pretenden replicar a lo largo y ancho de todo el país: un Estado macrocefálico e inquisidor que ahogue al campo, destruya la cultura del trabajo y monopolice los circuitos económicos para enriquecer a la casta gobernante a costa del laburo ajeno.
Ante este avance totalitario, el clamor de los productores por una intervención federal inmediata ha dejado de ser un mero trámite político para convertirse en un pedido desesperado de supervivencia humanitaria y democrática
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