Hasta Cuba se rindió ante el mercado: el régimen comunista aprobó reformas capitalistas inéditas
El Parlamento cubano avaló un paquete económico que habilita mayor actividad privada, bancos privados, venta de activos estatales y apertura a inversión extranjera.
El régimen cubano aprobó un paquete de reformas económicas orientadas al mercado, en un giro histórico para una isla que durante décadas defendió el socialismo como dogma absoluto mientras hundía a su población en pobreza, controles y atraso. Las medidas llegan tras la presión ejercida por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
La Asamblea Nacional avaló por unanimidad un conjunto de medidas que abre la puerta a una mayor participación privada en la economía, la creación de bancos privados, la venta de activos estatales y nuevas formas de inversión nacional y extranjera.
El dato político es enorme. Hasta el propio comunismo cubano empieza a reconocer que el Estado no puede producir prosperidad por decreto. Después de años de apagones, falta de alimentos, crisis sanitaria, deterioro de servicios y éxodo masivo, el régimen se ve obligado a mirar hacia herramientas que durante décadas demonizó.
Las reformas incluyen la posibilidad de transformar empresas estatales en sociedades con acciones, permitir desarrollos inmobiliarios privados, ampliar el margen de acción de emprendedores y habilitar mecanismos financieros fuera del control estatal tradicional.
También se contempla una apertura mayor para inversiones de cubanos residentes en el exterior, incluyendo exiliados, y para capital extranjero. En un país que durante décadas expulsó talento, confiscó propiedad y persiguió a quienes querían emprender, el cambio marca una admisión silenciosa de fracaso.
El Gobierno de Miguel Díaz-Canel intenta presentar el paquete como una actualización del socialismo y no como una renuncia ideológica. Sin embargo, el contenido de las medidas habla por sí solo: más mercado, más propiedad privada, más inversión, más autonomía empresarial y menos control absoluto del Estado.
El primer ministro Manuel Marrero reconoció incluso el rol del mercado en la asignación eficiente de recursos, una frase que habría sido impensable en la retórica cubana tradicional. Es la realidad golpeando la puerta del Palacio de la Revolución.
La crisis económica de Cuba ya no admite maquillaje. La isla enfrenta apagones masivos, deterioro de hospitales, inflación, desabastecimiento, caída del turismo, falta de combustible y pérdida de capacidad productiva. Millones de cubanos sobreviven entre salarios pulverizados, tiendas dolarizadas y dependencia de remesas.
El régimen culpa al embargo de Estados Unidos, como hizo durante décadas. Pero el problema de fondo es más profundo, un sistema que castigó la propiedad privada, bloqueó la iniciativa individual, concentró decisiones en burócratas y convirtió la economía en una maquinaria de escasez.
La comparación con China y Vietnam aparece como referencia para la nueva etapa. Ambos países mantuvieron sistemas políticos autoritarios, pero abrieron espacios económicos al mercado para evitar el colapso. Cuba parece intentar una versión tardía de ese modelo, aunque con décadas de atraso y una sociedad mucho más agotada.
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