Milei reivindicó a Belgrano sin politizar y le devolvió tono patriótico al Día de la Bandera
El Presidente encabezó el acto oficial en el Monumento y destacó al creador de la enseña nacional como un pionero de las ideas de libertad económica. A diferencia de celebraciones politizadas, el discurso puso el eje en la historia, la austeridad y el servicio a la Nación.
El presidente de la Nación, Javier Milei, encabezó en Rosario el acto oficial por el Día de la Bandera y centró su discurso en la figura de Manuel Belgrano, a quien reivindicó no sólo como creador de la enseña nacional, sino también como uno de los primeros pensadores liberales de la Argentina.
El Presidente participó de la ceremonia en el Monumento Nacional a la Bandera, en una jornada marcada por un tono institucional y patriótico. El eje del mensaje estuvo puesto en la historia nacional, el valor del sacrificio público y la necesidad de recuperar una idea de servicio ligada a la austeridad, el mérito y la libertad.
Milei buscó despegar la fecha de la lógica de los actos partidarios que durante años atravesaron con discursos políticos distintas celebraciones nacionales. En Rosario, el Gobierno eligió poner el centro en Belgrano, en la bandera y en el sentido histórico de una conmemoración que forma parte de la identidad argentina.
Durante su discurso, el mandatario definió a Belgrano como una figura clave para entender la tradición de libertad en el país. Remarcó su formación económica, su defensa del comercio, su preocupación por la educación y su visión sobre el progreso material como condición para el desarrollo de una Nación.
La lectura libertaria de Belgrano no es nueva dentro del universo de Milei. El Presidente ya había destacado en otras oportunidades al prócer como un antecedente del pensamiento liberal en el Río de la Plata, especialmente por su vínculo con las ideas de Adam Smith, la defensa de la propiedad, el trabajo, la producción y la apertura comercial.
En esa línea, el jefe de Estado presentó a Belgrano como mucho más que un militar o un símbolo escolar. Lo ubicó como un intelectual que entendía la relación entre libertad económica, educación, comercio y prosperidad. Esa mirada permitió conectar la fecha patria con la agenda de reformas que impulsa el Gobierno nacional.
El acto también tuvo una fuerte carga simbólica por el lugar elegido. Rosario es la ciudad donde Belgrano izó por primera vez la bandera argentina en 1812, en un contexto de incertidumbre política y definiciones históricas aún abiertas. Para el Gobierno, volver a ese punto fundacional permitió reforzar una idea de continuidad entre independencia, libertad y responsabilidad pública.
El Presidente también hizo referencia al rol de la bandera como símbolo de unidad. En ese tramo, buscó presentar la fecha como una oportunidad para dejar de lado la apropiación partidaria de los emblemas nacionales y volver a una mirada más amplia sobre la Nación.
Un acto patrio y sin contaminación política
El contraste con etapas anteriores quedó planteado de manera indirecta. Durante años, distintas celebraciones patrias fueron utilizadas por el kirchnerismo como actos de movilización política, con fuerte presencia militante y mensajes dirigidos a la interna partidaria. Esta vez, el Gobierno buscó enfatizar el carácter institucional de la ceremonia y el homenaje al prócer.
La ceremonia en el Monumento dejó así una señal política e institucional. El Gobierno buscó mostrar que las fechas patrias pueden recuperar centralidad sin transformarse en un escenario de propaganda partidaria. La bandera, Belgrano y la libertad fueron los ejes de un discurso pensado para conectar identidad nacional con rumbo político.
Milei cerró su mensaje con una reivindicación del legado belgraniano y de los valores que, según su mirada, deben guiar la reconstrucción argentina: orden, libertad, esfuerzo, austeridad y respeto por quienes hicieron grande al país desde el sacrificio personal.
