Suiza bloquea USD 10.000 millones de Maduro: el petróleo que la izquierda quiere defender de EE.UU.
Mientras la izquierda internacional insiste en que “Estados Unidos viene por el petróleo”, los datos duros muestran otra cosa: el petróleo venezolano ya fue saqueado. Y una parte del botín terminó —o intentó terminar— en el sistema financiero suizo. Investigaciones hablan de unos USD 10.000 millones vinculados a fondos venezolanos en bancos de ese país. No es una cifra cerrada: es apenas lo que llegó a verse. El resto es incalculable.
Suiza activó en enero de 2026 un congelamiento preventivo de cualquier activo que pudiera pertenecer a Nicolás Maduro y a personas de su entorno. La medida no fija montos públicos, pero se apoya en un antecedente que estremece: alrededor de CHF 9.000 millones (unos USD 10.000 millones) detectados en cientos de cuentas repartidas en unos 30 bancos suizos, según investigaciones previas en Zúrich.
Ese número no representa “la fortuna de Maduro”. Representa lo que se alcanzó a rastrear. Lo demás —lo verdaderamente robado— probablemente nunca figure en ningún balance.
La pregunta clave: ¿cómo puede un dictador tener USD 10.000 millones “en blanco”?
La respuesta es simple y brutal: no los tiene en blanco, ni a su nombre. Ninguna cleptocracia funciona así. El dinero no aparece como “Cuenta Maduro” en un banco suizo. Funciona mediante un sistema diseñado para ocultar al verdadero dueño:
- Testaferros: familiares, socios, funcionarios y empresarios “amigos” que figuran como titulares formales.
- Estructuras offshore: sociedades pantalla en paraísos fiscales que abren cuentas en bancos de prestigio.
- Capas financieras: el dinero se mueve entre jurisdicciones para romper el rastro.
- Contratos públicos inflados: petróleo, importaciones, obras, intermediaciones ficticias.
- Lavado posterior: inmuebles, inversiones, fondos y activos que luego “blanquean” el origen.
Por eso Suiza no dice “Maduro tiene X dólares”. Lo que hace es congelar preventivamente para evitar la fuga mientras se investiga quién es el beneficiario final real. Es el manual clásico cuando se sospecha de cleptocracias.
El petróleo que la izquierda dice que “EE.UU. quiere robar”
Acá aparece la gran coartada ideológica. Se repite que el problema de Venezuela es el “imperialismo” y la ambición extranjera por el petróleo. Pero los hechos muestran otra cosa:
- Venezuela ya tuvo petróleo durante décadas.
- También tuvo control estatal absoluto sobre ese recurso.
- Y aun así terminó con pobreza masiva, colapso energético y migración histórica.
La pregunta incómoda es evidente:
👉 ¿Dónde fue a parar la renta petrolera?
Los indicios apuntan a una respuesta que la izquierda internacional se niega a aceptar: no se la llevaron potencias extranjeras, se la llevó la propia cúpula del régimen. El petróleo no necesitó invasiones: bastó con un Estado sin controles, una empresa pública convertida en caja política y una red internacional dispuesta a recibir el dinero.
Suiza, el termómetro del saqueo
Cuando un régimen entra en crisis, el dinero intenta escapar. Por eso Suiza congela primero y pregunta después. No es ideología: es experiencia. El país tiene una ley específica para activos ilícitos de funcionarios extranjeros porque ya vio este patrón una y otra vez.
Que hoy se hable de USD 10.000 millones no significa que ese sea el techo. Significa que ese es el mínimo visible. Lo demás quedó enterrado en años de corrupción, intermediaciones oscuras y cuentas imposibles de rastrear.
La izquierda defiende el sistema, no el pueblo
La izquierda internacional no defiende al pueblo venezolano: defiende el relato que justifica a una cleptocracia. Mientras acusa a Estados Unidos de querer el petróleo, guarda silencio ante los miles de millones que salieron del país rumbo a bancos extranjeros.
El verdadero saqueo no llegó en barcos ni en tanques. Salió en transferencias, contratos inflados y sociedades fantasma.
Y cuando un país petrolero termina empobrecido y su dirigencia aparece asociada a fortunas en el exterior, no hay bloqueo ni excusa que alcance: hay robo, hay impunidad y hay complicidad ideológica.
