Estafa millonaria en la UBA: empresas truchas, transferencias irregulares y la sombra de la impunidad universitaria
Mientras el Gobierno Nacional exige la rendición de cuentas de más de $30.000 millones a las universidades públicas, una nueva causa judicial desnuda el costado más oscuro del manejo de fondos estatales: una estafa por más de $1.500 millones contra dos facultades de la UBA, ejecutada a través de transferencias bancarias a empresas fantasmas, con órdenes apócrifas, firmas falsificadas y la pasividad —o complicidad— de actores institucionales.
La maniobra, investigada por el fiscal Eduardo Taiano y el juez Sebastián Ramos, incluye cuatro detenidos y 17 imputados, y expone con crudeza una lógica profundamente arraigada en el sistema universitario estatal: la opacidad en el uso del dinero público y la falta de controles internos reales.
El “cuento del correo”: ¿un banco distraído o una red más amplia?
Según la investigación, el Banco Nación recibió por correo electrónico —sin verificación alguna— órdenes de transferencia por parte de supuestos representantes de dos facultades de la UBA. Luego, un cadete presentó físicamente documentación con firmas falsas, que fueron suficientes para liberar los fondos.
El dinero fue girado a dos empresas inexistentes (Elysium S.A. y Ekzplodo S.A.) y a ocho personas físicas. También intentaron realizar tres transferencias más el 19 de septiembre de 2024 por $341.320.000 a Elisyumm Capital S.A., que finalmente no se concretaron.
En total, la estafa ejecutada asciende a más de $500 millones.
Es difícil de creer que un banco estatal libere semejante suma sin corroborar ni el correo, ni la firma, ni la legitimidad del pedido. Pero es aún más difícil pensar que en las facultades afectadas nadie notó nada, ni antes ni después del desfalco.
La UBA se despega, pero no explica
Desde la Universidad de Buenos Aires intentan despegarse. El secretario de Hacienda, Matías Ruiz, afirmó que “la estafa fue al banco, no a la UBA” y que el correo “nunca pasó por la universidad”. Pero reconoció que recién en septiembre de 2024 —meses después— se enteraron del faltante al revisar los saldos.
Ruiz también señaló que iniciaron sumarios internos, aunque según ellos “no se desprende responsabilidad del personal universitario”. Pero el argumento suena repetido: nadie sabía nada, nadie vio nada, y el dinero desapareció.
¿Una estafa aislada o la punta del iceberg?
El caso aparece justo cuando el Gobierno Nacional reclama a las universidades la rendición de fondos por $30.000 millones, utilizados en ejercicios anteriores sin comprobantes adecuados. La reacción corporativa fue inmediata: movilizaciones, comunicados y discursos sobre la “autonomía”. Pero esta estafa refuerza una sospecha que crece: ¿cuánta de esa autonomía se usa para operar sin control ni rendición?
En lugar de aclarar, la UBA se victimizó y exigió al Banco Nación que devuelva el dinero con intereses, como si el problema fuera solo un trámite bancario y no un sistema donde millones pueden esfumarse sin que nadie prenda una alarma.
Lo público sin control, es botín
El escándalo no solo compromete a los delincuentes materiales del fraude, sino a un entramado más amplio de burocracia universitaria, irresponsabilidad institucional y ceguera ideológica. Mientras tanto, la universidad sigue recibiendo fondos sin transparentar su uso, y el Banco Nación, una vez más, muestra su vulnerabilidad al operar como una caja abierta sin custodia real.
Esta no es solo una estafa más. Es un síntoma de algo mayor: un sistema que pide cada vez más recursos y da cada vez menos explicaciones, amparado en slogans y estructuras que se resisten a cualquier intento de auditoría externa.
