Rusia bombardeó Kiev este viernes por la noche

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Las autoridades ucranianas informaron que una oleada nocturna de ataques rusos con misiles balísticos Iskander‑M y cerca de 180 drones contra varias ciudades, incluido Kiev, dejó al menos cinco civiles muertos y 61 heridos la noche del 2 al 3 de mayo de 2025. Este episodio forma parte de una intensificación del conflicto en las últimas semanas: el 24 de abril, otro bombardeo masivo sobre la capital causó 12 muertos y 90 heridos. Ambos golpes alcanzaron zonas residenciales, con edificios destruidos y vehículos calcinados, evidenciando el costo humano de la ofensiva.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, había pedido un alto el fuego inmediato de 30 días como primer paso hacia la paz. En paralelo, el expresidente estadounidense Donald Trump exhortó públicamente a Vladímir Putin a “dejar de disparar” y firmar un acuerdo. Moscú, sin embargo, condicionó cualquier tregua a que Kiev reconozca la anexión de territorios ocupados, declare su neutralidad y renuncie al apoyo militar occidental, y en los hechos mantuvo la ofensiva.

Reacciones internacionales y riesgo geopolítico

La OTAN condenó los bombardeos contra civiles. Su secretario general, Mark Rutte, viajó a Kiev para expresar respaldo “inquebrantable” y calificó los ataques de “atroces”. Desde la Unión Europea se ratificó que no habrá reconocimiento de las anexiones rusas ni presión para que Ucrania entregue territorio. La alta representante Kaja Kallas subrayó que aceptar la ocupación rusa pondría en riesgo la seguridad continental.

En Estados Unidos, la postura es más ambigua: trascendió que Washington evitó firmar una declaración del G‑7 que condenaba un ataque ruso para no cerrar la puerta a una negociación. Europa teme que la Casa Blanca acepte un acuerdo “a la medida de Moscú”; por ello, la OTAN refuerza su flanco oriental y acelera envíos de armas a Kiev, tratando de disuadir a Rusia sin involucrarse directamente en combate.

Próximos pasos y tensión latente

El Kremlin ofreció una tregua simbólica de tres días coincidiendo con el 9 de mayo (Día de la Victoria), pero Zelenski la tachó de insuficiente. Rusia respondió que, sin concesiones, “nadie podrá garantizar la seguridad de Kiev” durante las celebraciones patrias. La comunidad internacional vigila de cerca esa fecha: un nuevo ataque a gran escala o la respuesta de Ucrania podrían definir la evolución inmediata del conflicto.

La escalada actual muestra que, pese a los llamados de Zelenski y Trump, la guerra sigue su curso y aumenta el riesgo de desestabilización global. Para Europa, frenar la agresión rusa es una prioridad estratégica; para Moscú, mantener la presión militar sigue siendo su principal carta negociadora. En ese tablero, el futuro del conflicto dependerá de la cohesión occidental, de la firmeza ucraniana y de la voluntad del Kremlin de aceptar un verdadero cese al fuego que vaya más allá de los gestos simbólicos.

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