Después del voto, la factura: Kicillof imita el manual pos-electoral estatista de Pullaro
Al día siguiente del voto, llega la factura: Kicillof en Buenos Aires, Pullaro en Santa Fe y Javkin en Rosario repiten el mismo manual estatista: subir impuestos apenas pasan las urnas. Más presión sobre pagos digitales y comercios, menos inversión y libertad. La política conserva privilegios; el contribuyente paga.
Hay un patrón que ya no es casualidad: suben los impuestos exactamente al día siguiente de las elecciones. Pasó en Buenos Aires con Axel Kicillof, pasó en Santa Fe con Maximiliano Pullaro, pasó en Rosario con Pablo Javkin. Distintas camisetas, el mismo modus operandi: pedirte el voto el domingo y cobrarte más el lunes. Es una burla abierta al ciudadano, disfrazada de “necesidades de gestión”.
No es un “ajuste técnico”. Es fiscalismo puro: cuando falta caja, el reflejo condicionado de la política es meter la mano en el bolsillo del que produce, del que vende, del que compra. El orden de los factores es siempre el mismo: primero poder, después recaudación, nunca reducción del gasto.
Lo que realmente comprás cuando te suben los impuestos
Cuando aceptamos —o naturalizamos— un impuestazo pos-electoral, esto es lo que pasa en la vida real:
- Cae la inversión: cada punto más de presión fiscal baja el atractivo de arriesgar capital. Los negocios posponen proyectos, achican stock y frenan contrataciones.
- Se castiga la formalidad: más percepciones y retenciones convierten vender “en blanco” en un deporte extremo. Resultado: más economía informal, menos aportes genuinos.
- Aumenta el precio final: el comerciante traslada lo que puede; lo que no, lo paga con márgenes. El consumidor termina pagando inflación tributaria.
- Se desintermedian pagos digitales: gravar billeteras y tarjetas es pegarle al canal más eficiente y transparente. Vuelve el efectivo, vuelven los riesgos, retroceden la bancarización y la competencia.
- Se destruye empleo PyME: el primer ajuste de una PyME no es el “yate del dueño”; son horas extras, suplencias, pasantes y nuevos puestos que nunca se crean.
- Se premia al aparato: más recaudación sin reformas es más pauta, más cargos, más contratos políticos. La grasa se protege; el músculo productivo se corta.
- Se consolida la impunidad: hacerlo el día después del voto muestra lo que piensan del votante: “ya pagaste con tu boleta; ahora pagá con tu billetera”.
- Se erosiona la confianza: sin reglas creíbles, gobierna la sorpresa. Y donde hay sorpresa fiscal, no hay crédito ni horizonte.
“Socialismo de colores”: la ilusión de que son distintos
Kicillof, Pullaro, Javkin: relatos distintos, reflejos iguales. Los une un credo: el Estado primero. La marca partidaria importa menos que la lógica estatista que administra privilegios y transfiere costos a los que producen. Hoy te dicen “modernización”; mañana te publican una resolución que te retiene la caja. Hoy prometen “cuidar al vecino”; mañana te suben tasas, percepciones, sellos y recargos “transitorios” que se vuelven perpetuos.
La alternativa liberal-libertaria (de verdad)
- Regla de no-impuestos pos-electorales: prohibir por ley subas o nuevos tributos en los 90 días posteriores a una elección. Fin del truco.
- Gasto cero en privilegios: auditar y eliminar pauta oficial, cargos políticos duplicados, consultorías de cartón y empresas públicas deficitarias.
- Simplificación tributaria: derogar regímenes superpuestos de percepciones/retenciones; una base, una alícuota, liquidación simple y automática.
- Competencia fiscal entre provincias y municipios: que ganen habitantes e inversiones los que cobren menos y regulen mejor.
- Cláusula de “dos por uno”: por cada peso nuevo de impuesto, dos pesos de reducción de gasto político. Si no lo logran, no suben nada.
- Presupuesto base cero: cada área debe justificar el 100% de su gasto todos los años; no hay “derecho adquirido” a gastar lo que no hay.
No es “más Estado o nada”; es menos Estado y más sociedad
La riqueza no la crea un decreto: la crea la gente trabajando y arriesgando. Cada punto extra de recaudación sin reformas es menos libertad, menos crédito, menos empleo, menos innovación. Y cada impuestazo pos-electoral es una bofetada a la honestidad cívica.
El mensaje es sencillo: no aceptemos que el día después del voto sea el día del saqueo. Si la política necesita más recursos, que empiece por donde nunca empieza: achicar su propio Estado. Hasta que eso ocurra, cada vez que te prometan “gestión”, recordá la cronología real del modelo: campaña el domingo, impuestos el lunes.
