Romina Diez cruzó a Caren Tepp y la tildó de generar odio de género
La diputada nacional de La Libertad Avanza, Romina Diez, acusó a Caren Tepp de “pretender instalar el odio y la guerra entre géneros” y llamó a “no victimizar a las mujeres ni usar causas nobles con fines partidarios”.
En una serie de posteos replicados por medios locales, la diputada nacional Romina Diez (La Libertad Avanza) salió a cuestionar el discurso con el que Caren Tepp –candidata peronista que encabeza la lista de Fuerza Patria en Santa Fe– busca interpelar al electorado femenino. “¿Por qué tanto odio? Lo importante es que haya igualdad ante la ley, no una guerra de géneros”, escribió Diez, al tiempo que pidió a los santafesinos “no dejarse arrastrar por un relato que divide” y alertó que “los hombres santafesinos deberían tener cuidado con que se instale este relato otra vez”. Las frases abrieron un debate en plena recta final hacia el 26 de octubre.

El planteo de Diez tiene dos capas. La primera es explícita y está en sus propias palabras: rechazo a la victimización estatal y reivindicación de la autonomía individual. “Las mujeres santafesinas no necesitamos que el Estado nos diga qué hacer ni que nos victimicen. Somos libres, fuertes y capaces de construir nuestro propio futuro sin tutelas ni relatos”, afirmó. En la misma línea, se diferenció de un feminismo partidario que, a su juicio, convierte la política en una contienda permanente entre varones y mujeres, donde se pierde de vista el principio liberal básico: las mismas reglas para todos.
La segunda capa es política y apunta a las alianzas de Tepp. Desde LLA remarcan que la dirigente de Ciudad Futura encabeza la boleta peronista junto a Agustín Rossi, un armado de “unidad” que el PJ selló tras semanas de tensión interna. Para Diez, esa compañía no es un detalle menor: forma parte de una narrativa militante que usa causas nobles como mascarón de proa mientras protege a cuadros con prontuarios y denuncias. En ese sentido, su mensaje fue directo: “Las mujeres de bien trabajamos codo a codo con hombres de bien y no tapamos delincuentes como vos a tu compañero Rossi”. El dato electoral que subyace es verificable: Tepp primera, Rossi segundo en Fuerza Patria.

El contrapunto se potencia por los movimientos recientes en agenda. Días atrás, Tepp viajó a Cañada de Gómez y se mostró con Stella Clérici (exintendente, hoy concejal electa), en momentos en que la gestión anterior quedó bajo la lupa por manejo irregular de fondos. La denuncia fue presentada en septiembre de 2024 por el intendente Matías Chale, quien habló de una “cueva financiera” montada durante dos décadas, con gastos personales, viajes y anticipos sin rendición adecuada. La foto de campaña, entonces, operó como un gesto político que reavivó críticas sobre el doble estándar: el peronismo santafesino exige “memoria, verdad y justicia” para los demás, pero minimiza –o acompaña– a sus propios referentes cuestionados.
En el discurso que Diez le atribuye a Tepp hubo otra chispa: “no somos las mujeres de nadie” y la idea de enfrentar la “crueldad de gobiernos autoritarios”, formulaciones que la legisladora liberal leyó como construcción identitaria antes que como agenda concreta de derechos. El choque, en clave liberal, no niega la agenda de igualdad, sino que la saca del terreno de los privilegios de grupo para devolverla al piso común de legalidad: igualdad ante la ley, libertades civiles y límites institucionales al poder, sin subsidios discursivos ni fueros morales para ninguna tribu política.
El telón de fondo ayuda a entender por qué este cruce prende. Tepp y su espacio arrastran controversias de larga data en Rosario, como la del Tambo “La Resistencia” en Nuevo Alberdi: un conflicto de propiedad que acumuló fallos, recursos y medidas cautelares durante años, y que la Corte Suprema de Santa Fe terminó por encarrilar en 2019 al dejar firme el desalojo –tras un período previo en que había sido suspendido–. Más allá de los vaivenes judiciales, el caso se convirtió en bandera militante y alimentó la percepción –en buena parte del electorado no peronista– de que el relato de derechos muchas veces legitima la usurpación.

En ese marco, el mensaje de Diez busca correr la discusión del repertorio de consignas. Si el dilema es “Estado que tutela” versus “ciudadanos libres”, la escena de Tepp con Clérici y la sociedad con Rossi son, para el liberalismo santafesino, pruebas de coherencia (o de su ausencia). No se trata –insiste Diez– de restar derechos a nadie, sino de terminar con los privilegios que vuelven asimétrica la aplicación de la ley: indulgencia para los propios, vara de hierro para los ajenos. Que la diputada haya hablado también a los varones –“los hombres santafesinos deberían tener cuidado con que se instale este relato otra vez”– no fue un desliz, sino un gesto deliberado para desmontar la idea de que la política de género solo les concierne a ellas.
La disputa, por lo tanto, no es estética. Entra en el corazón de lo que se decide el 26 de octubre cuando se elijan nueve bancas por Santa Fe: qué gramática de derechos va a representar a la provincia en el Congreso, si la que coloca a los individuos –mujeres y hombres– al amparo de reglas iguales, o la que establece jerarquías morales y relatos de grupo que luego se traducen en blindajes políticos. Diez eligió ese terreno de juego y puso a Tepp en el centro: la acusó de sembrar una guerra que no existe y la emplazó a demostrar que su defensa de las mujeres no es la coartada de una vieja maquinaria peronista. En campaña, la pelota ahora está del lado de Tepp.
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