La caída de Sheikh Hasina
Bangladesh atraviesa uno de los episodios más relevantes de su historia contemporánea
La ex primera ministra Sheikh Hasina, líder histórica de la Liga Awami —partido ligado a la izquierda nacionalista y al ideario socialista del país— fue condenada a muerte por crímenes de lesa humanidad vinculados a la brutal represión contra manifestantes estudiantiles en 2024.
El fallo, emitido por el Tribunal de Crímenes Internacionales, la responsabiliza por un operativo que dejó cientos de muertos y exhibió el agotamiento de un modelo de poder que se venía tensando hacía más de una década.
La violencia estatal derrumbó la legitimidad del gobierno, aceleró su caída y obligó a Hasina a huir a India, donde hoy está refugiada. Allí enfrenta un pedido de extradición que podría escalar a conflicto diplomático.
Su caída marca un quiebre profundo en la política de Bangladesh y abre un período de incertidumbre institucional. Para muchos, también es un alivio tras años de autoritarismo encubierto.
Del socialismo a la deriva autoritaria
Hasina llegó al poder reivindicando la herencia socialista y secular de su padre, Sheikh Mujibur Rahman, fundador del Bangladesh moderno. La Liga Awami nació con principios de:
- nacionalismo popular
- economía estatista
- laicismo
- justicia social
Pero, con los años, la gestión derivó hacia un poder hiperconcentrado, donde las banderas progresistas quedaron en el discurso mientras el Estado se volvía cada vez más represivo.
Qué hizo Hasina y cómo llegó a esta condena
La responsabilidad de Hasina fue política y operativa:
ordenó el uso de munición real, autorizó operativos de inteligencia para “neutralizar” líderes estudiantiles y habilitó la acción de fuerzas paramilitares sin control.
La represión incluyó:
- disparos indiscriminados
- desapariciones forzadas
- torturas
- centros clandestinos
- encubrimiento sistemático
Frase clave del fallo:
“Hasina sabía, permitió y encubrió.”
Ese triángulo fue la base de la condena.
Un proceso que venía de lejos
La represión de 2024 fue el punto final de un desgaste prolongado. Antes, su gobierno había desmontado pilares democráticos mediante:
Medidas y acciones concretas de Hasina
- Reformas constitucionales hechas a medida para consolidar un sistema casi de partido único.
- Control de la prensa, usando leyes de ciberseguridad para encarcelar periodistas y opositores.
- Persecución judicial al BNP y movimientos islamistas moderados.
- Manipulación electoral: comicios “no libres” según observadores internacionales.
- Expansión del poder militar, con fueros y más influencia para el RAB, acusado de ejecuciones extrajudiciales.
- Centralización económica en megaproyectos que beneficiaban a aliados.
- Restricciones al activismo universitario, históricamente clave en Bangladesh.
En ese contexto, miles de estudiantes protestaron por reformas educativas, acceso al empleo y deterioro económico. La respuesta del gobierno: fuego real.
La violencia dinamitó la legitimidad del régimen.
Tras la instalación del gobierno interino, un tribunal especial investigó los abusos y derivó en condenas para Hasina, el exministro del Interior Asaduzzaman Khan Kamal y otros altos mandos.
Para muchos ciudadanos, es la primera vez que Bangladesh se anima a juzgar crímenes cometidos por el propio Estado.
India en el centro del dilema
India, que hoy aloja a Hasina, enfrenta una decisión delicada:
extraditarla podría encender la región, pero protegerla dañaría la relación bilateral.
El final de una macabra era
La caída de Hasina simboliza el cierre de un ciclo donde discursos de izquierda y justicia social terminaron encubriendo un Estado que giró hacia el totalitarismo.
La condena es un punto de inflexión.
Ahora queda por ver si Bangladesh inicia una recomposición democrática real o abre otro capítulo de crisis y confrontación interna.
Lo único indiscutible:
Esto es la consecuencia directa de un poder ejercido sin límites.
