Presupuesto 2026: el Gobierno consiguió una media sanción histórica, pero la oposición salvó un “artículo intocable”
Tras años de prórrogas y presupuestos de facto, el Gobierno logró una media sanción histórica al Presupuesto 2026 y volvió a ordenar la discusión fiscal en el Congreso. Sin embargo, la oposición logró salvar un artículo clave sobre financiamiento universitario y discapacidad, manteniendo intacto el viejo esquema de gastos sin debate real sobre cómo se financian.
En el debut de las extraordinarias, el oficialismo logró lo que en Argentina venía siendo una rareza: media sanción para un Presupuesto. La Cámara de Diputados aprobó en general el proyecto de Presupuesto 2026 con 132 votos afirmativos, 97 negativos y 19 abstenciones, gracias a un armado de mayorías con bloques aliados y gobernadores que acompañaron.
El dato no es menor porque la Argentina arrastra años de degradación presupuestaria: el último Presupuesto aprobado por el Congreso fue el de 2023, discutido durante 2022 y sancionado a fines de ese año. Desde entonces, el Estado nacional funcionó con prórrogas: en 2024 se prorrogó el Presupuesto 2023 y en 2025 se volvió a prorrogar, un hecho señalado como inédito por distintos análisis.
Con ese telón de fondo, la media sanción no es solo un trámite legislativo: es una señal política. El Gobierno del presidente Javier Milei mostró que, aun en minoría, puede ordenar la agenda fiscal y avanzar con una “ley de leyes” que ancle el equilibrio como norte.
El triunfo fue real, pero vino con un costo: el artículo que se cayó
La misma sesión dejó una advertencia sobre cómo opera el “partido del Estado disfrazado de distintos colores”: al momento de votar en particular, la oposición y algunos aliados voltearon un capítulo entero (el XI), donde estaba el artículo 75, que proponía derogar dos normas sensibles: la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad.
En concreto, el capítulo XI fue rechazado por 123 votos contra 117 (con abstenciones), por lo que todo lo que estaba ahí quedó sin efecto, incluida esa derogación.
La disputa de fondo: “derechos” sin financiamiento vs. presupuesto con reglas
El choque no es semántico; es estructural.
Para el oficialismo, esas leyes operan como una trampa recurrente de la política argentina: se votan gastos y “emergencias” sin decir de dónde sale el dinero, y después se acusa al Ejecutivo de “ajustar” cuando intenta cerrar la cuenta. Por eso el Gobierno buscaba, vía Presupuesto, desarmar normas que —según su lectura— consolidan un sistema donde corporaciones, cajas y burocracias logran blindajes permanentes, sin rendición de resultados y sin incentivos a la eficiencia.
La oposición, en cambio, convirtió el artículo en bandera: lo presentó como un límite moral, aun cuando el problema de fondo (y el que paga el contribuyente) sigue igual: ¿quién financia, con qué impuestos, qué controles y qué metas?
En otras palabras: se defendió el rótulo, no la solución.
La “avenida del medio”: cuando llega la hora difícil, se cuidan la caja
Caro sale la famosa avenida del medio: esa postura “moderada” que, en las votaciones clave, siempre termina inclinándose a favor de sus privilegios. En este caso quedó expuesto sin maquillaje: la caja de universidades del radicalismo es sagrada, aunque eso implique patear la responsabilidad fiscal y el futuro del país. Después de pasar los últimos dos años reclamando que “no hay presupuesto”, el bloque Provincias Unidas, liderado por la presidente del PRO Santa Fe Gisela Scaglia, se abstuvo en bloque: los 19 evitaron votar en una instancia decisiva del debate presupuestario. Cuando hay que elegir entre orden y corporaciones, la “moderación” siempre elige sus propios intereses.
Un Presupuesto con media sanción… y con un mensaje
El oficialismo sale con un hecho que no se veía desde hace tiempo: el Presupuesto volvió a pasar por el Congreso. Pero también queda expuesto el mecanismo de siempre: cuando aparece un intento de ordenar el gasto, emergen alianzas transversales —radicales, socialistas o kirchneristas, tan parecidos en lo esencial— para preservar “lo intocable”.
Ahora el proyecto irá al Senado, con una pregunta abierta: si la política insiste en blindar gastos sin discutir financiamiento, el país seguirá atrapado en el círculo vicioso que ya conocemos: impuestos altos, servicios mediocres y déficit moral disfrazado de sensibilidad.
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