Gisela Scaglia boicotea una Feria del Libro en su ciudad natal de Gálvez porque la organizan unos libertarios

La casta de Santa Fe no tolera la cultura libre. Usan el dinero público como rehén y a los clubes como botín político. Mientras Scaglia pide alianza a Milei de rodillas, en su ciudad natal persigue a los libertarios.

scaglia clausura

En Gálvez, una ciudad del departamento San Jerónimo gobernada por décadas por el peronismo, la política tradicional descubrió un nuevo enemigo: una Feria del Libro. El evento, organizado por el concejal Claudio Gamboa de La Libertad Avanza junto a su equipo de trabajo y su pareja Javier Cantero, tenía todo acordado con un club local para desarrollarse en sus instalaciones. Exposición de editoriales, charlas con personalidades, espacio para artesanos y una afluencia de público que beneficiaría a la institución. Cultura, trabajo y comunidad. Todo lo que la política dice promover.

Pero la Feria del Libro fue cancelada por presión política. Y no vino del peronismo. Vino del PRO.

La orden desde arriba

Según denuncian vecinos y militantes libertarios de Gálvez, la orden de boicotear el evento habría partido directamente del entorno de Gisela Scaglia: diputada nacional, ex vicegobernadora de Santa Fe, nacida en Gálvez y actual presidenta del PRO provincial . Desde las sombras, al estilo de la política más rancia, se habría instruido a la comisión directiva del club —vinculada al PRO— para que revoque el acuerdo y deje a Gamboa, Cantero y a La Libertad Avanza sin lugar.

El motivo no es cultural. Es político. No se trata de una feria del libro. Se trata de que quienes la organizan son libertarios. Y en la Santa Fe de la casta, eso es imperdonable.

Javier Cantero: el que conoce la política desde adentro y eligió el sector privado

El caso de Javier Cantero ilumina por qué la casta tiene tanto miedo. Cantero no es un improvisado. Es un hombre del espectáculo, productor de eventos que trabaja sin recibir un peso del Estado. Conoce el valor del esfuerzo propio, del riesgo empresario, de generar cultura con recursos privados y no con subsidios.

Pero Cantero también conoce la política desde adentro. Fue concejal de Gálvez y no uno cualquiera: fue el concejal más votado de la historia de la ciudad. Entró por la UCR, con expectativas de cambio. Pero abandonó el cargo cuando las presiones y los desmanejos se volvieron insoportables. Vio que la política estaba muy lejos de trabajar por la gente y demasiado cerca de trabajar por la propia imagen del político para seguir colgado del dinero del Estado.

Cantero renunció a la banca. Escapó de la casta. Y ahora, desde el sector privado y junto a su pareja Claudio Gamboa, intenta traer cultura a su ciudad sin pedir permiso a los caciques. Eso es lo que la política tradicional no perdona: la demostración de que se puede hacer cosas sin el Estado, sin la bendición del partido de turno, sin convertirse en rehén de los fondos públicos.

Scaglia: de funcionaria K a presidenta del PRO, la misma casta con otra camiseta

Para entender la operación contra la feria hay que entender quién es Gisela Scaglia. Y no es una republicana. Es el retrato de la casta reciclada.

Scaglia comenzó su carrera como funcionaria directa del kirchnerismo. Recién graduada en 2003, ingresó de inmediato a la administración pública nacional de Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández. Fue consultora técnica en el Plan Manos a la Obra de Alicia Kirchner, coordinadora en la Dirección Nacional de Juventud del Ministerio de Desarrollo Social, y supervisora regional en el Ministerio de Trabajo durante todo el gobierno de Néstor Kirchner . Su currículum no conoce una sola línea en el sector privado: no emprendió un negocio, no trabajó en una empresa, no generó empleo productivo ni pagó un sueldo de su bolsillo .

En 2008, cuando el kirchnerismo empezó a desgastarse, Scaglia hizo lo que hace toda casta oportunista: cambió de camiseta. Saltó al PRO de Mauricio Macri, se instaló en Santa Fe y empezó a trepar: asesora en el Concejo de Rosario, secretaria de bloque, diputada nacional por dos mandatos, vicegobernadora de Pullaro en 2023 . Hoy es presidente del PRO provincial y encabezó la lista de diputados nacionales de Provincias Unidas, la coalición de Pullaro que incluyó a socialistas como Pablo Farías —otro que toda su vida vivió del Estado— y a radicales de izquierda como Melina Giorgi, discípula de Martín Lousteau .

Y si quedaba alguna duda de su fracaso como líder, los números la despiden con una paliza: en esas elecciones sacó apenas el 17%, contra el 41% de La Libertad Avanza representada por un joven Agustín Pellegrini de 25 años y muy por detrás también de la lista peronista encabezada por la comunista Caren Tepp, que alcanzó el 29%. Un verdadero papelón del oficialismo provincial, que quedó tercero y lejos de la pelea, después de publicar encuestas falsas que la ponían como candidata a ganar.

Y ahora, desde esa posición, boicotea una feria del libro en su propia ciudad natal porque la organiza tiene pensamientos libertarios.

Pullaro y Scaglia tras recibir una paliza electoral del 2025

Rehenes del dinero público

Este no es un hecho aislado. En Gálvez, como en toda la provincia, la política tradicional —ya sea peronista, radical o del PRO— utiliza los recursos del Estado como instrumento de coerción. O te sometés a la voluntad del cacique local y recibís subsidios, cámaras de seguridad, obras y favores. O te rebelás, permitís que otro espacio político use tus instalaciones, y de pronto se corta la financiación, se «pierden» los proyectos, se te cierran las puertas.

Así opera la casta. No con ideas. Con apriete. Con el dinero ajeno como arma de presión para que clubes, vecinales e instituciones no tengan la libertad de decidir a quién recibir. El club de Gálvez no es una excepción: es una víctima más del sistema de rehenes que montó la política convencional para perpetuarse.

Scaglia de rodillas ante Milei, con el puño cerrado contra los libertarios de su pueblo

La hipocresía tiene nombre y apellido. Gisela Scaglia, que hoy se la ve pidiendo una alianza a La Libertad Avanza «casi de rodillas» junto a referentes de su sector como Cunha, lejos está de los valores de la libertad. En la práctica, en su propia ciudad natal, donde debería ser un referente de republicanismo, lo que hace es perseguir, boicotear y silenciar a quienes representan el cambio real.

Scaglia no conoce el sector privado. Siempre vivió del Estado: del kirchnerismo al PRO, de la Nación a la provincia, de la vicegobernación a la presidencia partidaria. Y eso lo defiende con uñas y dientes. Porque sabe que si las instituciones dejan de ser rehenes, si los ciudadanos descubren que pueden organizarse sin la bendición de la política tradicional, si un concejal libertario y un productor privado pueden montar una feria del libro sin pedir permiso a la casta, entonces el castillo de naipes se derrumba.

La cultura libre les duele

Lo que le molesta a Scaglia y al PRO de Gálvez no es una feria. Es la demostración de que se puede hacer política y cultura sin el Estado. Es la prueba de que un concejal de La Libertad Avanza y un productor que ya fue concejal —y que conoce la podredumbre del sistema desde adentro— pueden generar cultura, convocar gente, mover instituciones y construir comunidad sin repartir sobres, sin pedir subsidios, sin someterse al cacique local.

La política tradicional de Santa Fe —esa que en el Concejo de Rosario vota en bloque para no bajarse los sueldos, esa que en la Legislatura pacta con el peronismo para no tocar el gasto, esa que usa la justicia provincial como brazo ejecutivo— no soporta la competencia. Y menos si viene de gente que ya probó la política, la rechazó por corrupta y ahora apuesta por la libertad.

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