Junio y julio: meses relevantes para la Argentina

A través de las ideas de Juan Bautista Alberdi, Manuel Belgrano y el legado del 9 de Julio, una reflexión sobre la libertad, la independencia y el rumbo que la Argentina necesita para recuperar el camino del desarrollo.

Juan Bautista Alberdi Manuel Belgrano

Un 19 de junio falleció Juan Bautista Alberdi. Un 20 de junio falleció Manuel Belgrano. Y un 9 de julio se declaró la Independencia de la Argentina.

Tres fechas. Tres momentos. Tres recordatorios de una misma discusión: qué país fuimos, qué país somos y qué país queremos ser.

I

“¿Queréis establecer la paz entre las naciones hasta hacerles de ella una necesidad de vida o muerte?

Dejad que las naciones dependan unas de otras para su subsistencia, comodidad y grandeza. ¿Por qué medio? Por el de una libertad completa dejada al comercio o cambio de sus productos y ventajas respectivas. La paz internacional de ese modo será para ellas, el pan, el vestido, el bienestar, el alimento y el aire de cada día.

Esa dependencia mutua y recíproca, por el noble vínculo de los intereses, que deja intacta la soberanía de cada uno, no solamente aleja la guerra porque es destructora para todos, sino que también hace de todas las naciones una especie de nación universal, unificando y consolidando sus intereses, y facilita por este medio la institución de un poder internacional, destinado a reemplazar el triste recurso de la defensa propia en el juicio y decisión de los conflictos internacionales: recurso que en vez de suplir a la justicia, se acerca y confunde a menudo con el crimen.

¿Creéis que haya inconveniente en que una nación dependa de otra para la satisfacción de las necesidades de su vida civilizada? ¿Por qué razón? Porque en caso de guerra y de incomunicación, cada país debe poder encontrar en su seno todo lo que necesita.

Es hacer de la hipótesis de una eventualidad de barbarie, cada día más rara, una especie de ley natural permanente del hombre civilizado.

Es como si el planeta que habitamos se considerase defectuoso porque recibe de un astro extranjero, el sol, la luz y el calor que produce la vegetación y la vida animal de que se mantiene el mundo animado, que anima su superficie.

Por fortuna la libertad de los cambios está en las necesidades de la vida humana, y se impondrá como ley natural de las naciones a pesar de todas las preocupaciones y errores.

La industria de una nación que pide al gobierno protección contra la industria de otra nación que la hostiliza por su mera superioridad, saca al gobierno de su rol, y da ella misma una prueba de cobardía vergonzosa.

El gobierno no ha sido instituido para el bien especial de este o de aquel oficio; sino para el bien del Estado todo entero. El gobierno no es el patrón y protector de los comerciantes o de los marinos, o de los fabricantes; es el mero guardián de las leyes, que protegen a todos por igual en el goce de su derecho de vivir barato, más precioso que el producir y vender caro.

Limitar o restringir la entrada de los bellos productos de fuera, para dar precio a los productos inferiores de casa, es como poner trabas a la entrada en el país de las bonitas mujeres extranjeras, para que se casen mejor las mujeres feas; es impedir que entren los rubios y los blancos, porque los mulatos, que forman el fondo de la nación, serán excluidos por las mujeres, a causa de su inferioridad.

Teméis los estragos sin sangre de la concurrencia comercial e industrial, y no teméis las batallas sangrientas de la guerra. Un país que ha vencido al extranjero en los campos de batalla, y que pide a su gobierno que proteja su inepcia e incapacidad por el brazo de la fuerza contra la sombra que le da el brillo del extranjero, prueba una pusilanimidad inexplicable y vergonzosa.

Si es gloria vencer al extranjero por la espada mayor es vencerlo por el talento, porque lo primero es común a las bestias, lo segundo es peculiar al hombre”.

¿Saben quién escribió esto?

Juan Bautista Alberdi, en el capítulo X de Libre comercio, hace muchísimo tiempo.

II

“La vida es nada si la libertad se pierde”.

La frase fue proclamada en Buenos Aires el 19 de enero de 1812 y reafirmada en la víspera de la Batalla de Salta.

También escribió:

“Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido”.

Y agregó:

“Ni nuestras fuerzas, ni nuestras disposiciones eran de conquistar, sino de auxiliar la revolución, y al mismo tiempo tratar de inducir a que la siguieran aquellos que vivían en cadenas, y que ni aún idea tenían de libertad”.

Ese fragmento fue extraído de su autobiografía, al explicar el objetivo de su campaña al Paraguay. Allí dejó en claro que su misión era liberar a los oprimidos y despertar la conciencia cívica.

También advirtió:

“Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos”.

Y sentenció:

“El miedo sólo sirve para perderlo todo”.

¿Saben quién expresó esto?

El general Manuel Belgrano, creador de la Bandera Argentina y defensor de las libertades individuales.

III

Un 9 de julio de 1816 se declaró la ruptura formal con la monarquía española.

Y hoy podemos decir que había una vez dos países en el nuevo mundo que eran colonias de otros del viejo mundo.

Tenían territorios parecidos en tamaño y condiciones, poca población y muchos recursos naturales.

Con diferencia de no muchos años y con objetivos idénticos, pelearon por su independencia, generaron una organización social parecida, tuvieron una guerra civil, ocuparon territorios luchando contra el indio, utilizaron la inmigración para poblar y, en un comienzo, fueron grandes productores de materias primas.

Hubo una diferencia.

Luego de sendas guerras civiles, en uno de ellos se defendió a rajatabla el principio básico de la organización social con división de poderes, iniciativa individual, derechos del individuo, derecho a la propiedad, libertad de expresión, posibilidad de opción personal en cualquier ámbito, estímulo a la producción y asociación de capitales sin complejidades ni paternalismos gubernamentales, manteniendo una larga tradición jurídica de resolución de conflictos dentro de esos mismos parámetros.

En el otro, el principio básico de organización social con la libertad individual como cimiento elemental fue restringido en períodos importantes del siglo XIX, en especial por Juan Manuel de Rosas y otros, y luego de la tercera década del siglo XX con golpes de Estado y gobiernos intervencionistas como el de Juan Domingo Perón, personaje que no sólo generó un populismo fascista, sino que también participó en golpes anteriores a sus presidencias democráticas.

La iniciativa individual pocas veces se estimuló. La libertad de expresión, los derechos individuales y el derecho a la propiedad tuvieron muchas excepciones. Se mezclaron ideologías. El paternalismo estatal y el caudillismo inútil e inoperante ganaron mucho espacio y restaron posibilidades de verdadera independencia.

En síntesis: grandes hombres con buenas ideas lucharon y triunfaron en ambos países. Pero mientras en uno hubo una independencia formal y real, en el otro nunca se completó el proceso por la falta de respeto y mantenimiento de principios básicos, derechos elementales y libertad individual.

La consecuencia es lógica y se nota en el desarrollo dispar de ambos.

Las decisiones que generaron el cambio de rumbo, hacia el camino correcto y en la dirección adecuada, a pesar de mucha resistencia de los admiradores del intervencionismo, del socialismo y de lo colectivo antes que lo individual, todos ellos vividores del contribuyente, se están haciendo notar.

Estamos muchos años atrasados aún, pero si hay que copiar, copiemos lo bueno. Si hay que crear, hagámoslo con coherencia, sentido común y sin hipocresías.

Los Estados Unidos tienen cuatro impuestos y muy pocas regulaciones al comercio.

Argentina tenía un Estado elefantiásico, ineficiente e incompetente, con más de 150 impuestos y más de 96.000 regulaciones que han comenzado a eliminarse.

La diferencia, tanto en PBI como en PBI per cápita, demuestra que el populismo, el fascismo y el socialismo de nuestro país fue y es el problema.

Como expresó Jawaharlal Nehru:

“La vida es como un juego de cartas. La mano con la que juegas es el determinismo, la forma de jugar es el libre albedrío”.

El Titanic era un gran barco, pero con muy poca maniobrabilidad, construido por soberbios que lo pensaban insumergible y dirigido por inconscientes que no supieron pilotearlo con prudencia.

Los constructores y pilotos de ese magnífico barco son muy parecidos a nuestros dirigentes de las últimas ocho décadas: todos PFS, populistas, fascistas y socialistas. O sea, mismos libros con distinta tapa.

Nuestro país hacía agua y estaba totalmente quebrado. Los botes salvavidas eran muy pocos, las decisiones eran pésimas y el sentido común no existía.

Un buen director de cine podría llegar a filmar una gran comedia, pero los pasajeros de este Titanic estaban cansados de que los tomaran por estúpidos. Los dirigentes vivían en una burbuja mediática. Esa combinación de factores resultó un verdadero atentado a la paz social y pudo convertirse en una gran tragedia.

Pero cuando llegó la hora de elegir entre lo que “es común a las bestias” y lo que “es peculiar al hombre”, la mayoría eligió el camino correcto.

Nuestra Argentina desarrollada es igual a un MÍNIMO sector público que garantice la MÁXIMA libertad individual, la MÁXIMA justicia y la MÁXIMA seguridad.

¿Simple, no?

Eso es “peculiar al hombre”.

En la conmemoración del Día de la Bandera de 2031, tendremos una foto similar y habremos acortado diferencia con Estados Unidos en PBI y PBI per cápita.

Miguel A. Morra
Miguel A. Morra
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