Campora baston presidencialñ

Ese día, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, el presidente de facto, General Alejandro Agustín Lanusse, traspasaba la banda presidencial a Cámpora. Desde los palcos y balcones bajaban aplausos de una galería de personajes que marcaban el clima de época: la actriz Soledad Silveyra, el cura Mugica, el periodista Osvaldo Papaleo y su esposa Irma Roy, el “Brujo” José López Rega, Raúl Lastiri y su esposa Norma López Rega, el cineasta Juan Carlos Gené —luego director de Canal 7—, Jorge Taiana, José Ber Gelbard, el secretario del Movimiento Justicialista Juan Manuel Abal Medina, y militantes de organizaciones armadas como Dardo Cabo, Galimberti y Fernando Vaca Narvaja, entre otros.

La entrega de la banda presidencial por parte del General Lanusse al “Tío Cámpora” no fue acompañada por el Himno Nacional Argentino, sino por la marcha “Los Muchachos Peronistas”. Una postal simbólica de lo que vendría: el Estado confundido con el partido, la Nación subordinada a una facción y la institucionalidad reemplazada por la épica militante.

Concluido el acto, el Dr. Esteban “Bebe” Righi, chaqueño, de apenas 34 años, especialista en Derecho Penal y flamante ministro del Interior, un joven cargado de “ideales” y muy cercano a un hijo de Cámpora, se trasladó al Departamento de Policía. Allí, entre otras decisiones gravísimas, ordenó desarmar al cuerpo de la Policía Federal.

Mientras Cámpora se saludaba y fotografiaba con el presidente cubano Osvaldo Dorticós y con el chileno Salvador Allende, Righi ordenaba al Servicio Penitenciario Federal abrir las puertas del penal de Villa Devoto para liberar a la totalidad de su población carcelaria.

Juan Manuel Abal Medina —hermano de Fernando, uno de los asesinos de Aramburu y vinculado a Nilda Garré— partió junto a sus seguidores desde la sede del Partido Justicialista, en Boedo 127, rumbo al penal de Villa Devoto para hacer efectiva la llamada “orden presidencial”.

Ese día salieron criminales de toda clase: asesinos, delincuentes comunes y hasta reconocidos narcos internacionales como François Chiappe.

A los pocos minutos, ardían autos y colectivos alrededor de Plaza de Mayo. Los muros de la Casa de Gobierno fueron pintados con la leyenda “Casa Montonera” por los llamados “compañeros combatientes”.

Estamos hablando del año 1973.

No perdamos la memoria. Porque cuando una sociedad olvida su pasado más oscuro, queda condenada a repetirlo.

Un comentario necesario, poniendo las cosas en su lugar.

Miguel A. Morra
Miguel A. Morra
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