A 22 años de la catástrofe de 2003, Santa Fe recuerda uno de los episodios más dolorosos de su historia

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Entre el 29 de abril y el 3 de mayo de 2003, una crecida sin precedentes del río Salado inundó un tercio de la ciudad de Santa Fe, dejando 158 víctimas fatales y más de 130.000 damnificados.

Todo comenzó el martes 29 de abril, cuando el Salado cedió en una defensa inconclusa junto al Hipódromo, desbordando y anegando más de 40 barrios del cordón oeste. En cuestión de horas, más de 36.800 viviendas quedaron sumergidas bajo hasta cuatro metros de agua. Más de 150.000 vecinos se vieron obligados a abandonar sus hogares y buscar refugio en edificios públicos y centros comunitarios de las zonas más altas.

La tragedia dejó cicatrices profundas. Aunque al principio se contabilizaron 23 muertes directas, luego se reconoció un número mucho mayor, incluyendo fallecimientos por enfermedades y complicaciones derivadas del desastre. La Fiscalía de Estado apuntó al gobierno provincial por la falta de obras y previsión, lo que derivó en indemnizaciones para las familias afectadas.

Santa Fe, expuesta históricamente al riesgo hídrico (inundaciones en 1905, 1915, 1966, 1973, 1983 y 1998), contaba en 2003 con terraplenes de defensa inconclusos y una red de monitoreo del Salado fuera de servicio. A esto se sumaron lluvias extraordinarias —1.400 mm en apenas cinco días— que colmaron la cuenca baja. La ruptura en la defensa de calle Gorostiaga permitió que el agua avanzara sin freno hacia el corazón de la ciudad.

La respuesta fue inmediata pero desbordada: se declaró la emergencia provincial y se desplegaron balsas, helicópteros y brigadas de rescate, con apoyo de Nación y organizaciones civiles. Sin embargo, el dolor, la indignación y el reclamo de justicia persisten hasta hoy.

Cada 29 de abril, los santafesinos se congregan en la Plaza 25 de Mayo bajo la “Carpa Negra por la Dignidad” para homenajear a las víctimas y exigir memoria, justicia y reparación. La Ley Provincial N.º 14.747 instauró esa fecha como el “Día de la Memoria y la Solidaridad”.

La inundación del Salado no fue un simple fenómeno natural, sino el resultado de la desidia, la falta de previsión y una infraestructura deficiente. Dos décadas después, la ciudad avanza con nuevas defensas y sistemas de alerta temprana, decidida a que el “río de la muerte” nunca más devore sus calles sin que nadie esté preparado.

Para muchos santafesinos, las heridas siguen abiertas: hay recuerdos que el agua no pudo llevarse.

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