Detuvieron a Juan Grabois por tomar un edificio público: el violento que prometía sangre ahora enfrenta la ley
Juan Grabois fue detenido este lunes tras liderar la ocupación ilegal del edificio que albergaba el Instituto Juan Domingo Perón, en el barrio de Recoleta, luego de que el gobierno nacional dispusiera su cierre definitivo. El dirigente piquetero ingresó por la fuerza junto a un grupo de militantes, rompió puertas, tomó espacios internos y resistió el operativo de desalojo de la Policía Federal. Si bien fue liberado 12 horas después, quedó imputado por usurpación, daños y desobediencia, en un hecho que marca un punto de inflexión: la Justicia comienza a alcanzar a quienes durante años actuaron con total impunidad.
Qué pasó con ese edificio
El inmueble, declarado patrimonio histórico nacional, funcionaba como centro cultural y museo del peronismo. El gobierno de Javier Milei ordenó su clausura en mayo, en el marco de una política de recorte del gasto público y despolitización del Estado. En el lugar también operaba el restaurante “Un café con Perón”, administrado por la cooperativa “Lo de Néstor”, cuya habilitación fue revocada por graves irregularidades administrativas. Fue en ese contexto que Grabois encabezó la irrupción, argumentando defender “la memoria popular”, aunque lo hizo mediante la violencia y fuera de la ley.
De la amenaza a la evidencia: el prontuario de Grabois
Juan Grabois no es un improvisado: lleva años usando la presión callejera como herramienta de poder. Se presenta como militante social, pero su trayectoria está marcada por subsidios millonarios, vínculos políticos con el kirchnerismo y un discurso radicalizado que raya con la amenaza permanente.
Ya en julio de 2022, en plena gestión de Alberto Fernández, había declarado públicamente:
«Hay algunos gauchos y gauchas acá que están dispuestos a dejar nuestra sangre en las calles para que no siga habiendo este hambre en la Argentina.»
No fue un exabrupto aislado. En otro video conocido de esa misma época, admitía sin vergüenza:
“Cuando nosotros peleamos, peleamos por plata. Si nosotros vamos a hacer un quilombo ahora, es para sacar plata, no es para hacer la revolución.”
Una confesión que desenmascara el verdadero móvil de su accionar político: no lucha por ideales, sino por recursos.
Una nueva era: estado de derecho, no relato
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue contundente:
“En este país, quien toma un edificio público va preso. No importa si es piquetero, sindicalista o político. Se acabaron los privilegios.”
El presidente Javier Milei, por su parte, celebró el accionar con su consigna habitual:
“El que las hace, las paga.”
Aunque Grabois fue liberado rápidamente, la causa sigue en curso, y el mensaje es claro: la ley se aplica, sin excepciones ni fueros ideológicos.
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