Michlig, el “padre político” de Pullaro y símbolo máximo de la casta santafesina preside la reforma como un lobo que cuida al gallinero
El nombre de Felipe Enrique Michlig es sinónimo de poder feudal en Santa Fe. Senador ininterrumpido desde 1999, con casi 40 años viviendo del Estado, Michlig se convirtió en la cara más visible de esa casta política que usa recursos públicos para perpetuarse en el poder. Hoy, nada menos que este radical estatista, señalado por nepotismo y con viejas causas por abuso de autoridad, es quien preside la Convención Constituyente que, lejos de buscar un cambio para los ciudadanos, parece tener un objetivo claro: blindar los privilegios de la política y garantizar la reelección de Maximiliano Pullaro, su discípulo y ahijado político.
El lobo cuidando el gallinero
De joven presidente comunal a señor feudal del norte santafesino
- Carrera temprana: A los 22 años, en 1985, Michlig fue elegido presidente comunal de Ambrosetti, su pueblo natal. Gobernó 14 años consecutivos hasta 1999.
- Salto al Senado: Ese año fue electo senador por el departamento San Cristóbal y, desde entonces, no se fue nunca más. En 26 años, renovó seis veces su banca, convirtiéndose en uno de los legisladores más longevos de la provincia.
- Control territorial absoluto: Hoy, su hija Diane Michlig gobierna Ambrosetti, perpetuando la dinastía familiar. Este hecho ha sido criticado como ejemplo de nepotismo y “cargos hereditarios” que sostienen el aparato político de su familia.

El negocio de los subsidios: clientelismo y discrecionalidad
Michlig domina su territorio con una herramienta clave: el Plan de Fortalecimiento Institucional (PFI), un fondo de subsidios que los senadores reparten a dedo entre comunas, clubes, iglesias y fundaciones.
- $100 millones por mes: Cada senador dispone de esa suma para repartir sin control. En departamentos rurales y poco poblados, como San Cristóbal, el monto per cápita es altísimo, lo que explica su reelección indefinida.
- Opacidad total: Hoy ya no se publica qué senador entrega cada subsidio ni los montos, dificultando cualquier control ciudadano.
- Causas por corrupción: Aunque no estuvo imputado directamente en la causa más mediática (2017), el sistema de subsidios fue denunciado por el exconcejal Jorge Boasso, quien descubrió fundaciones fantasmas con domicilios falsos y manejadas por asesores de senadores. El caso se reabrió en 2021 por interferencias judiciales.
- Acusaciones locales: En su propio departamento, vecinos cuestionan que clubes amigos y asociaciones cercanas al senador sean los principales beneficiarios. Aunque Michlig lo niega, en 2024 surgió una denuncia en redes que afirmaba que jugadores del club San Lorenzo de Ambrosetti figuraban como asesores pagos del Senado. La denuncia fue desmentida, pero la esposa del DT del club sí figura como empleada administrativa de la Legislatura, alimentando sospechas de clientelismo deportivo.
Acusaciones y causas judiciales
Nepotismo y red familiar: La presencia de su hija como presidente comunal y de allegados en la nómina del Senado son parte de lo que en el norte santafesino muchos llaman “El Michligate”.
Causa en Ambrosetti (2005): Fue investigado por abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público durante su gestión comunal. Fue sobreseído, pero el caso dejó en evidencia manejos discrecionales de fondos comunales.
Cuestionamientos en redes: Páginas locales como “Yo soy de Ceres y opino” denuncian desde hace años la distribución desigual de subsidios, obras inconclusas y su ausencia en situaciones críticas, como las inundaciones de 2021.
El señor feudal del Senado y sus números escandalosos
Felipe Enrique Michlig no es un recién llegado. Es la representación más acabada del sistema que empobrece a los ciudadanos para sostener a la política. Repasemos:
- 40 años viviendo del Estado: comenzó en 1985 como presidente comunal de Ambrosetti (22 años) y desde 1999 es senador por San Cristóbal. Lleva 26 años ininterrumpidos en el cargo.
- Control territorial absoluto: su hija Diane gobierna hoy Ambrosetti, perpetuando un feudo familiar financiado con recursos provinciales.
- Presupuesto millonario: solo en 2025, la Cámara de Senadores –que él preside– se lleva $58.562 millones.
- Cada senador cuesta a los santafesinos $256 millones ¡por mes! o ¡$3.072 millones de pesos al año por cada senador!, entre sueldos, asesores y subsidios discrecionales.
- Plan de Fortalecimiento Institucional (PFI): cada senador dispone de alrededor de $100 millones para gastar a discreción para quienes ellos elijan.
- Sueldos de casta: Michlig cobra alrededor de $20 millones brutos mensuales, más viáticos, pasajes y “gastos de representación”.
- Red clientelar: decenas de empleados, asesores y subsidios direccionados a clubes y organizaciones de su departamento garantizan su reelección indefinida.
Estos números explican por qué Santa Fe tiene una de las Legislaturas más caras del país, gastando casi 4 veces más por legislador que Córdoba.
Pullaro, Michlig y la reforma para blindar privilegios
Pullaro, acusado incluso por Carolina Losada de tener vínculos con el narcotráfico, logró que todo el Senado –incluido el peronismo– votara la mayoría simple para la reforma.
¿El resultado? Con sus 33 convencionales (casi la mitad de la Convención), el gobernador podrá manejar la nueva Constitución como una escribanía política.
La jugada es clara: “Apurémonos antes de que el cambio libertario nos corte la fiesta”. Pullaro y Michlig no quieren perder privilegios ante el avance de las ideas de Milei, que empujan a la sociedad a exigir menos Estado y más libertad.
La pregunta que nadie hace
¿Es legítimo que un gobernador convoque una reforma constitucional y al mismo tiempo impulse un esquema legislativo que lo habilita a redactarla y aprobarla con mayoría simple, incluso para reelegirse?
Lo que ocurre en Santa Fe es la casta defendiéndose: primero garantizan el negocio, después se reparten quién se lleva la mayor parte.
📌 Conclusión libertaria: Michlig y Pullaro son dos caras de la misma moneda: un sistema que vive de los ciudadanos y no para los ciudadanos. El radicalismo, el socialismo y el peronismo, todos juntos, son el “partido del Estado”. La verdadera oposición es La Libertad Avanza, la única fuerza que pidió que la reforma se aprobara con los 2/3 de la Cámara, para evitar que se use como un cheque en blanco para los políticos.
