¿Porqué es importante que el Estado no se quede con los dólares del campo? Un repaso a la visión libertaria

Dejar los frutos del trabajo en el sector privado no solo potencia la inversión y la producción, sino que impide que el poder político los use para financiar clientelismo, burocracia ineficiente y militancia rentada. La libertad del campo es la riqueza de un país.

DNQD7WBHRNF4XHE4M5BTRUEXJY

Algunos economistas de la escuela austríaca: Ludwig von Mises, Gabriel Zanotti, Peter Boettke, Israel Kirzner, Friedrich Hayek y Carl Menger

El reciente anuncio del presidente Javier Milei de reducir las retenciones al agro —realizado durante su visita a la exposición de La Rural— vuelve a poner en agenda una discusión clave: ¿quién debe quedarse con los frutos del trabajo agropecuario? ¿El Estado o quienes producen? Desde una visión libertaria y liberal clásica, la respuesta es clara: los dólares deben quedar en manos del sector privado. Y los motivos no son ideológicos solamente, sino profundamente prácticos, históricos y morales.


💰 Cuando el Estado concentra recursos: empobrecimiento y corrupción

Cuando el Estado captura los excedentes generados por el agro, se convierte en una maquinaria de redistribución arbitraria. La historia argentina reciente lo demuestra una y otra vez: ese dinero no se destina a infraestructura productiva ni a reducir impuestos, sino que termina alimentando el clientelismo, la corrupción política y una burocracia ineficiente.

El economista liberal Alberto Benegas Lynch (h) resume: «El Estado en los países con gobiernos populistas funciona como un botín: recauda para sostenerse, no para proteger derechos individuales».

Quitarle dinero al agro —uno de los pocos sectores genuinamente productivos— es drenar riqueza real para sostener a sectores improductivos.

El propio Javier Milei, en El Camino del Libertario, escribió: “No se trata de tirar a los pobres por la ventana. La libertad es la solución, pero mientras desmontamos el sistema de subsidios y regulaciones, necesitamos un puente para que los más vulnerables no queden desamparados”.

Como bien señaló Friedrich Hayek: “El Estado nunca podrá saber mejor que el mercado quién necesita qué cosa, ni en qué medida, ni cuándo”.


🧨 La lógica perversa de subsidiar la pobreza

Cuando el dinero se reparte con fines políticos y no económicos, los incentivos se distorsionan. Se subsidia la pobreza, lo que termina creando más pobreza. Quien produce es castigado con impuestos; quien no lo hace, premiado con planes sociales. Así, el sistema se convierte en una herramienta para conservar poder.

Ludwig von Mises advirtió: “No hay manera de evitar el colapso de una economía intervenida. La única elección es entre una rendición voluntaria al mercado libre o la desintegración del sistema”.

Argentina refleja esto con claridad: millones de personas dependen de planes estatales; una clase política parasitaria vive de esa dependencia. El agro, sometido a una presión fiscal desmedida, pierde capacidad de inversión y crecimiento.

La filósofa Ayn Rand también lo denunció con crudeza: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada… habrás descubierto que tu sociedad está condenada”.


🌍 Casos internacionales: Venezuela, Zimbabue y la Argentina del kirchnerismo

  • Venezuela: El chavismo se apropió de las rentas petroleras, estatizó la economía y financió su maquinaria política. Resultado: escasez, inflación y colapso social.
  • Zimbabue: Robert Mugabe expropió tierras agrícolas productivas para repartirlas entre aliados. De exportador de alimentos, pasó a hambrunas masivas e hiperinflación.
  • Argentina: Durante el kirchnerismo, las retenciones al agro financiaron planes sociales, militancia rentada y obras infladas con sobreprecios. Resultado: estancamiento productivo, dependencia y corrupción institucionalizada.

Thomas Sowell lo sintetizó con claridad: “Lo que el gobierno da con una mano, lo ha quitado previamente con la otra… y con intereses”.


🚜 Recuperar la lógica de la libertad

El agro argentino tiene un potencial enorme, pero solo puede desplegarlo cuando se le quitan trabas. Ocurrió parcialmente durante el gobierno de Macri y vuelve a vislumbrarse ahora con Milei. Retirar la mano del Estado no es solo justo; es eficaz.

Que los dólares queden en manos de los productores no es una cuestión caprichosa ni ideológica: es una condición necesaria para el desarrollo.

Como sostuvo Murray Rothbard: “La libertad económica no es un lujo. Es la base sobre la cual se construye una sociedad civilizada”.

Como explicó también Jesús Huerta de Soto, uno de los exponentes contemporáneos de la escuela austriaca: “El proceso de mercado es el único capaz de coordinar voluntariamente las acciones de millones de personas sin recurrir a la coacción estatal”.

El debate de fondo no es sobre exportaciones: es sobre el modelo de país. Uno donde quien trabaja y produce pueda crecer, y donde el Estado se limite a proteger derechos, en lugar de convertirse en un saqueador de riqueza ajena.

En definitiva, liberar al agro de las garras del Estado no es solo una política económica sensata: es un acto de justicia histórica. Es el primer paso hacia una Argentina libre, productiva y próspera.

Vikingo logo
El Vikingo
+ posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *