Estudiantes da la espalda a Rosario Central y desafía las amenazas de la mafia Tapia-Toviggino en AFA

En los octavos de final del Clausura argentino, Estudiantes de La Plata convirtió un simple “pasillo del campeón” en un gesto de rebeldía histórica: le dio la espalda a Rosario Central, el título de “Campeón de Liga 2025” inventado en un escritorio y el aparato de poder de la AFA. Del otro lado, la figura de Juan Sebastián Verón se empieza a perfilar como el polo opuesto al “fútbol del favor”: abierto a las SAD y a capitales privados, contra el viejo modelo de rosca kirchnerista que hoy domina Viamonte.

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El pasillo más incómodo del fútbol argentino

El contexto: octavos de final del Torneo Clausura. Rosario Central, recién consagrado por la AFA como “Campeón de Liga 2025” por haber liderado la Tabla Anual, recibía a Estudiantes en el Gigante de Arroyito. Pero la polémica ya venía encendida desde hacía días.

La AFA y la Liga Profesional habían creado sobre la marcha un título que no estaba previsto en el reglamento, otorgando una estrella oficial extra a Central cuando el año competitivo ni siquiera había terminado. La coronación se hizo en una oficina de Puerto Madero, con Ángel Di María levantando una copa que nadie conocía, en un acto tan íntimo como discutido.

Para intentar legitimar el invento, se dijo que la decisión había sido tomada por “votación unánime” de los clubes en el Comité Ejecutivo de la Liga. Pero ahí apareció el primer choque:
Estudiantes de La Plata emitió un comunicado oficial desmintiendo esa versión y asegurando que no hubo tal votación.

La respuesta desde Viamonte fue furiosa: el tesorero Pablo Toviggino, mano derecha de Claudio “Chiqui” Tapia, salió a cruzar al Pincha insultando a su presidente Juan Sebastián Verón y acusó al club de hacer “terrorismo” y filtró un acta para sostener el relato oficial.

Lejos de calmarse, la AFA redobló la apuesta:

La Liga Profesional envió una circular ordenando que, en Rosario, Estudiantes debía hacerle el “pasillo del campeón” a Central, como si se tratara de una consagración deportiva clásica.

En paralelo, medios especializados verificaron que el “pasillo del campeón” no figura en ningún reglamento oficial y es apenas una costumbre protocolar, nunca una obligación disciplinaria.


De frente a la AFA, de espaldas al campeón

Con ese clima, llegó la salida de los equipos. Lo que pasó fue sencillo y brutal al mismo tiempo:

  • Estudiantes formó el pasillo que exigía la AFA.
  • Rosario Central empezó a caminar al centro de la cancha.
  • Y en ese instante, todos los jugadores del Pincha se dieron vuelta y le mostraron la espalda al campeón de escritorio.

La imagen recorrió el país en segundos:
el equipo al que la AFA había obligado a “homenajear” al título más cuestionado de los últimos años, cumplía la orden pero transformaba el ritual en un repudio explícito.

Para completar el cuadro, Estudiantes ya había sido blanco directo del propio Toviggino, que en redes sociales le había dedicado a Juan Sebastián Verón un mensaje con tono inequívocamente amenazante:

“Que 2026 te/nos espera!! Cuidate mucho boina multicolor. Ahora a cumplir el reglamento…”

Un dirigente de la AFA dirigiéndose así, en público, al presidente de un club que se animó a contradecir la versión oficial, dice más sobre el estado del fútbol argentino que cualquier comunicado.


Rosario Central y los “equipos del poder”

En este escándalo, Rosario Central queda parado simbólicamente como “el equipo del poder”:

  • Recibe un título inventado a medida, por tabla anual, cuando la temporada todavía estaba en curso.
  • Es obligado a ser homenajeado con un pasillo armado de apuro.
  • Y ve cómo la AFA aprieta públicamente al rival que se anima a cuestionar la legitimidad del trofeo.

No es casual que buena parte de la opinión pública relacione este caso con un patrón que se viene repitiendo en los últimos años:

  • Barracas Central, el club de la familia Tapia, envuelto en polémicas constantes por arbitrajes favorables.
  • Deportivo Riestra, Deportivo Madryn y otros clubes recurrentemente beneficiados en fallos de escritorio, sanciones polémicas o decisiones tribunalescas.

En ese mapa, Central termina quedando —quiera o no— del lado de lo que muchos hinchas describen como “los equipos del poder”: los que se mueven cerca de Viamonte, del despacho de Tapia, del entorno kirchnerista que ha hecho de la AFA un pequeño Estado paralelo, con sus premios, castigos y caja propia.

El problema no es que Rosario Central haya hecho un gran año futbolístico. El problema es que un campeonato ganado en la cancha termina contaminado por una estrella inventada en el escritorio, un reglamento reescrito después del final del torneo y un operativo político para obligar a todos a aplaudir.


Estudiantes y Verón: la rebelión que no estaba en el guion

Del otro lado de la foto está Estudiantes de La Plata y, detrás, la figura de Juan Sebastián “Bruja” Verón.

No es la primera vez que Verón se cruza con Toviggino y con la AFA de Tapia.
Mucho antes del escándalo del “campeón anual”, ya se habían enfrentado por otro tema de fondo: la discusión sobre las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD).

Mientras buena parte del fútbol argentino repite eslóganes vacíos para cerrar el debate, Verón viene planteando, al menos, dos ideas políticamente incorrectas para el ecosistema AFA:

  1. Que hay que discutir en serio el ingreso de capital privado al fútbol, con modelos mixtos o híbridos donde club social y aporte empresario puedan convivir.
  2. Que los clubes deberían tener la libertad de elegir su propio modelo de gestión, sin que la AFA actúe como censor ideológico de las SAD.

Esa postura chocó de frente con el discurso corporativo de Tapia y Toviggino, que se presentan como defensores de “los clubes de los socios” mientras mantienen un sistema donde la dependencia económica de los clubes respecto de la AFA se convierte en herramienta de control.

Incluso el propio presidente Javier Milei llegó a elogiar públicamente a Verón por “estar viendo el futuro” y por avanzar en esquemas que abren la puerta a la inversión privada, algo que el mandatario identifica como clave para modernizar el fútbol argentino.

Más allá de matices —Verón ha aclarado que Estudiantes no se convertirá en SAD de un día para el otro, sino que trabaja en abrir el club a proyectos de inversión concretos—, el eje es claro:
el presidente del Pincha se para del lado de la apertura, la transparencia de los números y la libertad de elegir modelo, mientras la AFA se aferra a un esquema cerrado, rígido y cada vez más parecido a un monopolio estatal.


Viejo régimen vs. futuro posible del fútbol argentino

Lo que ocurrió en el Gigante de Arroyito se puede leer como una escena más de la historia del fútbol argentino.
O se puede leer como una especie de trailer del choque de modelos que se viene:

  • De un lado, los equipos del poder, hoy encarnados en Rosario Central y el círculo AFA–Liga, abrazando el viejo esquema de favores, rosca y premios por decreto, heredero cultural del kirchnerismo: todo pasa por el centro único de decisiones, y el que se sale del libreto recibe un mensaje: “cuidate mucho”.
  • Del otro, Verón y Estudiantes, que no son santos ni perfectos, pero hoy representan algo distinto: clubes que se animan a plantarse públicamente ante la AFA, que discuten las reglas del juego, y que ven en las SAD, los capitales privados y los modelos mixtos una salida al atraso financiero y a la dependencia eterna de la caja de Viamonte.

Desde la mirada liberal–libertaria que sostiene El Liberador, el gesto de Estudiantes no es solo un acto de dignidad deportiva, sino una señal política:
el fútbol argentino va a tener que elegir entre seguir atado a un esquema corporativo, prebendario y opaco —una AFA que se comporta como Estado kirchnerista en miniatura— o animarse a un modelo más abierto, competitivo y con reglas claras, donde los clubes compitan por gestión, inversión y transparencia, no por cercanía al poder.

La pregunta que queda flotando después de este pasillo de espaldas es simple, pero pesada:

¿Nace en la Bruja Verón un nuevo liderazgo capaz de desafiar el orden tapista y empujar al fútbol argentino hacia un futuro de libertad y profesionalismo, mientras los “equipos del poder” se aferran a un campeonato de escritorio?

El tiempo dirá si este fue sólo un gesto aislado o el primer capítulo visible de una rebelión más profunda contra la vieja mafia del fútbol argentino. Por ahora, la imagen ya está en la historia:
Central entrando como campeón; Estudiantes, de espaldas; y Verón, en el ojo de la tormenta, parado del lado incómodo: el de cambiar las cosas.

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