26 de noviembre de 1476: Cuando Vlad el Empalador volvió al trono de Valaquia… por última vez

El 26 de noviembre de 1476, Vlad III, más conocido como Vlad el Empalador, recuperó el trono de Valaquia tras expulsar a su rival Basarab Laiotă, con el apoyo del voivoda de Moldavia Esteban el Grande y del comandante húngaro Esteban Báthory. Fue su tercer y brevísimo reinado: pocas semanas después, Basarab regresaría con ayuda otomana y Vlad moriría en combate, dejando tras de sí una estela de violencia, leyenda y disputa por el poder en los principados rumanos.

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Un principado entre imperios y guerras de familia

En el siglo XV, Valaquia era un pequeño principado cristiano encajonado entre potencias: al norte el Reino de Hungría, al sur el Imperio Otomano. Allí reinó, por tramos, Vlad III de Valaquia (Vlad Țepeș), el príncipe que pasaría a la historia por su brutal método de castigo —el empalamiento— y que siglos después inspiraría la figura literaria de Drácula.

Vlad tuvo tres reinados (1448; 1456–1462; 1476). Entre medio sufrió derrotas, exilio, prisión en Hungría y el avance inexorable de los otomanos sobre los Balcanes. En su último regreso al poder, en 1476, el tablero político era explosivo:

  • Los otomanos apoyaban a Basarab Laiotă cel Bătrân, de la dinastía Basarab, como voivoda de Valaquia.
  • El rey húngaro Matías Corvino y el voivoda de Moldavia, Esteban III “el Grande”, buscaban en cambio reinstalar a Vlad como aliado cristiano en la frontera contra los turcos.

La campaña de 1476: expulsar a Basarab y coronar a Vlad

En septiembre de 1476, Matías Corvino ordenó a sus súbditos transilvanos apoyar una gran ofensiva hacia Valaquia. Vlad, liberado tras años de cautiverio en Hungría, se instaló en Brașov como base política y militar.

A esa ofensiva se sumó Esteban el Grande de Moldavia, uno de los principales líderes de la resistencia cristiana contra los otomanos. Según las crónicas:

  • Las fuerzas húngaras al mando de Esteban Báthory tomaron Târgoviște (una de las capitales de Valaquia) el 8 de noviembre de 1476.
  • Poco después, Vlad y Esteban el Grande ratificaron su alianza y ocuparon Bucarest, obligando a Basarab Laiotă a huir hacia territorio otomano el 16 de noviembre.

Para el 26 de noviembre de 1476, fuentes modernas sitúan ya a Vlad como soberano reinstalado: en esa fecha se lo menciona como nuevo voivoda tras derrotar a Basarab con ayuda de Esteban el Grande y Báthory, marcando el inicio de su tercer reinado.

Era, sin embargo, un triunfo frágil: Valaquia seguía siendo campo de batalla entre la influencia húngara y la otomana, y los boyardos locales cambiaban de bando según quién parecía más fuerte.


Un reinado fugaz y una muerte en la niebla

La victoria de Vlad duró apenas unas semanas. A finales de 1476, Basarab Laiotă regresó a Valaquia con apoyo directo del Imperio Otomano. Las fuerzas leales a Vlad —unos 2.000 hombres— se enfrentaron a un contingente combinado otomano-valaco de alrededor de 4.000 soldados cerca de Snagov, al norte de Bucarest.

Vlad murió en combate a finales de diciembre de 1476 o principios de enero de 1477; incluso su lugar de enterramiento sigue siendo discutido por los historiadores. Para algunos, sus enemigos cortaron su cabeza y la enviaron al sultán Mehmed II como prueba de la victoria; para otros, fue enterrado en un monasterio cercano al lugar de la batalla.

Basarab Laiotă, por su parte, volvería a ocupar el trono de Valaquia varias veces más, casi siempre sostenido por el poder otomano, en una sucesión de reinados breves y violentos que refleja la inestabilidad crónica de la región.


Un giro más en la larga crisis de los principados rumanos

Visto desde hoy, el 26 de noviembre de 1476 no fue el momento en que “Drácula conquistó el poder”, como diría la cultura pop, sino un giro más en la guerra fría (y muy caliente) entre Hungría y el Imperio Otomano en los principados rumanos.

  • Para Hungría y Moldavia, restaurar a Vlad significaba tener un gobernante feroz pero alineado contra los turcos en la frontera sur.
  • Para los otomanos, sostener a Basarab aseguraba una Valaquia vasalla, integrada a su sistema de tributos y lealtades.
  • Para los propios valacos, atrapados entre dos imperios, cada cambio de príncipe traía purgas, venganzas y reacomodamientos entre los boyardos.

En la memoria rumana, Vlad Țepeș sigue siendo una figura ambigua: al mismo tiempo tirano sanguinario y defensor implacable del país frente al invasor, símbolo de un tiempo en que la supervivencia política se medía en cabezas clavadas en estacas.

Como efeméride, este 26 de noviembre recuerda el instante en que aquel gobernante volvió a sentarse en el trono de Valaquia por última vez, antes de desaparecer en la violencia que él mismo encarnó y que definió la Europa oriental de fines de la Edad Media.

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