Trump amenaza a Petro con una intervención militar si no deja de fabricar cocaína en Colombia para vender en EE.UU.

Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump llevó el mensaje a otro nivel: apuntó contra Gustavo Petro, lo acusó de sostener un país “muy enfermo” que “hace cocaína y la vende a Estados Unidos”, dijo que una operación militar en Colombia “le suena bien” y habló de “cocaine mills” y “cocaine factories”. Petro respondió en X con una frase explosiva: aseguró que, pese a haber jurado en 1989 no volver a tocar un arma, “por la patria” la tomaría otra vez; además negó ser “narco” y afirmó no tener enriquecimiento.

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La captura de Maduro fue el disparador, pero el blanco siguiente en el discurso de Washington quedó sugerido sin vueltas. En declaraciones a periodistas a bordo del Air Force One, Trump atacó directamente al gobierno colombiano: «Colombia también está muy enferma, gobernada por un hombre enfermo, al que le gusta fabricar cocaína y venderla a Estados Unidos» y agregó que “no lo va a estar haciendo por mucho tiempo”.

Cuando le preguntaron si Estados Unidos haría una operación militar en Colombia, Trump contestó: «Me parece bien».
En el mismo intercambio, Trump reforzó la acusación diciendo que Petro tiene «fábricas de cocaína y fábricas de cocaína».

Petro contestó con una escalada: “tomaré de nuevo las armas”

La respuesta del presidente colombiano llegó por redes y fue, literalmente, un salto al pasado. Petro escribió que conoce “la guerra y la clandestinidad” y lanzó la frase que encendió todas las alarmas:

«Juré no volver a tocar un arma desde el Pacto de Paz de 1989, pero por la Patria volveré a empuñar las armas que no quiero.»

En el mismo hilo, Petro negó las acusaciones y buscó blindarse con un argumento personal:

«No soy ilegítimo, ni soy narco.»

“Sabemos dónde están”: el eje de Trump sobre la cocaína

El planteo de Trump no aparece como una metáfora: viene repitiendo que Colombia produce cocaína y que Estados Unidos “sabe dónde” están esas plantas. En un episodio previo, citado por Axios, Trump dijo que Colombia tiene “al menos tres grandes” fábricas de cocaína y remató:

«Sabemos dónde están, más le vale cerrarlos rápido.»

Y en el cruce del 5 de enero, el tono se endureció todavía más, con el salto del “cierren esas fábricas” al “me suena bien una operación” —ya en contexto post-Maduro.

Cuando la “soberanía” tapa el negocio narco

En el mapa mental de Trump, la “soberanía” no es un escudo para dejar que la cocaína siga entrando a Estados Unidos: si un Estado produce, tolera o no controla, el problema ya no es solo criminal: es político. Y Petro, con su reacción de “volver a las armas”, terminó aportando la prueba cultural de lo que Washington denuncia: un poder con reflejos de guerrilla que responde con épica armada cuando lo aprietan por resultados.

La discusión de fondo es simple: si Petro cree que contestar con “clandestinidad” y fusiles lo fortalece, en realidad expone el corazón del modelo latinoamericano que fracasó: relativizar el narco, negociar con estructuras armadas y después pedir respeto internacional cuando el desastre cruza fronteras.


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