Interna en la dictadura chavista: tiros, traiciones y una guerra por dentro que ya empezó
Disparos en Caracas, versiones cruzadas y un régimen que ya no logra ocultar sus fisuras internas. Tras la caída de Nicolás Maduro, la cúpula chavista entró en una guerra silenciosa: negociaciones con Estados Unidos, acusaciones de traición y facciones armadas que empiezan a enfrentarse entre sí. La transición expone a Venezuela como una dictadura en descomposición, donde el poder ya no se disputa contra el exterior, sino puertas adentro.
Durante años, el chavismo vendió hacia afuera una imagen de control absoluto: un poder monolítico, sin fisuras, sostenido por la represión, el miedo y el relato épico antiimperialista. Pero lo ocurrido el lunes 5 en Caracas, con disparos alrededor del Palacio de Miraflores, marca un quiebre evidente. No fue una escena de resistencia heroica frente a Estados Unidos, como intentó instalar la propaganda oficial. Fue, más bien, la postal de un régimen que ya no se reconoce a sí mismo.
Los tiros fueron de abajo hacia arriba, como si intentaran derribar drones. En un primer momento, el aparato comunicacional habló de “nuevos enfrentamientos con EE. UU.”. Con el correr de las horas, la versión se deshilachó: fuerzas del propio régimen se habrían atacado entre sí, producto de descoordinación, paranoia y órdenes cruzadas. El dato clave no es el “error” militar, sino lo que deja al descubierto: el inicio de los enfrentamientos internos en la cúpula chavista.
El chavismo se parte en dos
La detención de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Nueva York no solo abrió una transición formal. Desató una guerra silenciosa por la supervivencia dentro del régimen.
De un lado, aparece el sector que habría decidido negociar con Donald Trump para evitar un final violento y personal:
- Delcy Rodríguez, señalada como la pieza central del acuerdo.
- Jorge Rodríguez, operador político clave.
- Con versiones que incluyen el respaldo —al menos táctico— de Vladimir Padrino López.
Del otro lado, el ala dura, acorralada y peligrosa:
- Diosdado Cabello, jefe del SEBIN, con recompensa internacional sobre su cabeza, recorriendo calles y cuarteles al grito de “traición” y “traidores”, sin nombres, pero con un mensaje claro: la purga empezó.
El antecedente del “WhatsAppgate”: Maduro los expuso en vivo y dejó al descubierto la sospecha de traición
Meses antes de la caída, Maduro ya había dado señales públicas de desconfianza hacia su propia mesa chica. En una transmisión, increpó en vivo a Jorge y Delcy Rodríguez por seguir usando WhatsApp, la misma aplicación que el régimen había demonizado como “herramienta del imperialismo” y contra la cual el propio Maduro había impulsado una campaña para que los venezolanos la desinstalaran.
El episodio no fue un exabrupto: fue una escena reveladora. Cuando una dictadura llega al punto de prohibir o estigmatizar un canal de comunicación por “espionaje” y, al mismo tiempo, descubre que su cúpula lo usa igual, el mensaje es nítido: no solo teme a la oposición; teme a su propio círculo.
Si querés, también te dejo una frase corta para engancharlo con los tiros del lunes 5:
“El lunes 5 en Caracas no fue el comienzo: fue la confirmación. La sospecha de traición ya había quedado al desnudo cuando Maduro expuso en vivo a los Rodríguez por usar WhatsApp.”
Del relato antiimperialista a la dictadura bananera
Lo ocurrido en Caracas no es una “agresión externa”. Es el síntoma clásico de las dictaduras bananeras en fase terminal:
- Milicias que no confían entre sí
- Mandos que ya no comparten información
- Dirigentes que se vigilan como enemigos
- Y un poder que se dispara a sí mismo, literal y políticamente
Trump entendió algo elemental: el chavismo no cae solo desde afuera, se desarma desde adentro. Su estrategia de “apagar fuego con más fuego” utiliza a los sectores que buscan salvarse, enfrentándolos a quienes saben que no tienen salida judicial ni política.
Maduro, preso y negociando
Mientras tanto, Maduro enfrenta un proceso judicial en Nueva York, defendido por Barry Pollack, el mismo abogado de Julian Assange. Suiza ya bloqueó activos para evitar fugas de capitales, y en los pasillos judiciales se repite una versión inquietante para el chavismo: Maduro podría hablar. Nombres, rutas del dinero, vínculos con narcotráfico y corrupción regional. Cada dato que entregue vale tiempo, privilegios o protección para su esposa.

El objetivo final: elecciones reales
El plan de Washington no es Delcy Rodríguez. Es una transición controlada que desemboque en elecciones libres donde pueda competir María Corina Machado, dejando atrás figuras funcionales como Edmundo González. Para EE. UU., Venezuela no es solo democracia: es seguridad hemisférica y energía.
Un régimen que ya se está devorando
Los disparos del lunes no fueron un accidente menor. Fueron el primer ruido audible de una implosión. La dictadura ya no enfrenta solo al pueblo ni a la justicia internacional. Se enfrenta a sí misma.
Como en una partida de póker de altísimo riesgo, algunos jugadores del chavismo ya entendieron que la única forma de no perderlo todo es vender al compañero antes de que la mesa vuele por los aires. Otros, acorralados, prefieren incendiar el casino.
Venezuela entró en la fase más peligrosa de su historia reciente: cuando la dictadura deja de ser un bloque y pasa a ser una guerra interna. Y cuando eso ocurre, el final nunca es prolijo.
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