“Salí del infierno”: un argentino-israelí preso por su nacionalidad contó los métodos de torturas de la dictadura chavista
Yaacob Eliahu Harary, arquitecto nacido en San Juan, estuvo 490 días preso en Venezuela acusado de conspirar contra el régimen. Compartió celda con un venezolano que intentó quitarse la vida y fue testigo de torturas, medicación forzada y propaganda política dentro de la prisión. Fue liberado en una operación internacional y hoy está en Israel.
Cuando Yaacob Harary abrió los ojos en la madrugada dentro de su celda en El Rodeo I, una de las cárceles más temidas de Venezuela, escuchó un ruido extraño. A su lado, su socio y compañero de cautiverio, Douglas Javier Ochoa, se desangraba con el cuello cortado. Estaba intentando suicidarse.
Harary, de 72 años, gritó desesperado hasta que llegaron los guardias. Ochoa fue llevado de urgencia al hospital, sometido a cirugía y salvado a último momento. El episodio ocurrió apenas tres días antes de que el propio Harary fuera liberado por el régimen chavista, tras 490 días de encierro sin juicio ni contacto con su familia.
“Acabo de salir del infierno”, fue lo primero que le dijo a su hijastra, Emma, cuando pudo comunicarse desde Israel.
Un empresario atrapado por la dictadura
Yaacob Harary nació en San Juan, vivió en Panamá, Ecuador e Israel, y tenía un proyecto simple: montar una pequeña fábrica de quesos en Venezuela. Había comprado terrenos, animales y maquinaria. Se había asociado con Ochoa y durante más de un año planearon el emprendimiento.
Pero su ciudadanía israelí lo ponía en riesgo: Venezuela rompió relaciones con Israel hace más de una década. Por eso decidió entrar por Colombia, cruzando la frontera terrestre.
Nunca llegó.
El 9 de septiembre de 2024, agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) los detuvieron. Los trasladaron a El Helicoide, luego a El Rodeo I, y los acusaron de conspirar “para destruir la forma política republicana del Estado”.
Nunca hubo pruebas. Nunca hubo juicio.
El sistema de tortura psicológica
Desde adentro, Harary describió un sistema carcelario que funciona como un laboratorio de control mental.
Los presos —especialmente los venezolanos— eran golpeados, humillados y castigados con mayor brutalidad. A los extranjeros, los usaban como piezas de negociación política.
Pero lo más perturbador era la medicación forzada.
Según relató a su hijastra, los guardias distribuían psicofármacos y sedantes sin indicación médica, para mantener a los presos dopados y desorientados.
Les daban:
- pastillas para dormir,
- medicamentos psiquiátricos,
- drogas para la presión arterial como losartán,
- todo sin diagnóstico.
Muchos presos terminaban alterados, confundidos o deprimidos. Harary cree que esa práctica fue clave en el colapso mental de su socio Ochoa, que terminó intentando suicidarse dentro de la celda.
Propaganda obligatoria
Una vez por semana, los presos eran obligados a escuchar por los parlantes el programa de Diosdado Cabello, el número dos del régimen. También les ponían videos de Nicolás Maduro y emisiones del show político “Sin truco ni mañas”.
La cárcel no era solo un centro de detención: era un espacio de adoctrinamiento forzado.
En ese mismo penal está detenido el gendarme argentino Nahuel Gallo, a quien Harary vio con vida y en relativo buen estado físico.
El cinismo del poder
La liberación de Harary tuvo una escena grotesca.
No fue un juez quien lo soltó.
No fue un tribunal.
Fue Diosdado Cabello en persona.
El hombre fuerte del chavismo lo sacó de la cárcel y lo entregó a la comunidad judía de Caracas. Incluso le dio la mano, como si nada hubiera pasado.
“Con el descaro de actuar como si fuera un trámite normal”, relató su hijastra.
Harary llevaba más de un año incomunicado. Le mostraron por dos minutos una foto de su nieta recién nacida. Se la quitaron y nunca más se la devolvieron.
Una liberación internacional
Desde Israel, el gobierno de Benjamín Netanyahu confirmó que Harary fue liberado gracias a una operación diplomática que involucró al Mossad y a los gobiernos de Estados Unidos, Alemania, Austria e Italia.
El Ministerio de Exteriores israelí denunció que Harary estuvo preso:
“en condiciones extremadamente duras, sin debido proceso ni acceso adecuado a atención médica”.
Venezuela no tiene relaciones diplomáticas con Israel. Todo se hizo por canales paralelos.
El mensaje que deja
Yaacob Harary no fue liberado por justicia.
Fue liberado porque era útil como rehén internacional.
Miles de venezolanos siguen en esas mismas celdas.
Sin embajadas.
Sin Mossad.
Sin Netanyahu.
El chavismo no tiene cárceles.
Tiene mazmorras políticas.
Y Harary, uno de los pocos que logró salir con vida, lo dijo en una sola frase:
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