«Hay que romperles la espalda a los sediciosos”: el líder supremo Khamenei justifica las muertes en la represión de Irán
Khamenei endureció el discurso contra las protestas y avaló la represión al ordenar “romperles la espalda a los sediciosos”, mientras Trump pidió “un nuevo liderazgo para Irán” en medio de miles de muertos, apagón de internet y máxima tensión entre Teherán y Washington.
TEHERÁN / WASHINGTON. En un discurso pronunciado este sábado en Teherán, el líder supremo de Irán, Alí Khamenei, escaló la retórica contra las protestas que sacuden al país desde fines de diciembre y avaló una línea dura: sostuvo que las autoridades “tienen la obligación de romperles la espalda a los sediciosos”, a quienes presentó como parte de una “conspiración” externa.
La respuesta desde Estados Unidos llegó casi en simultáneo. El presidente Donald Trump, en declaraciones al medio Politico replicadas por medios internacionales, llamó abiertamente a un cambio de conducción: “Es el momento de buscar un nuevo liderazgo para Irán”, afirmó, y responsabilizó al ayatollah por una represión “a niveles nunca vistos”.
Un discurso para endurecer la represión y correr la culpa hacia afuera
Khamenei, en el poder desde 1989, combinó dos mensajes: validación explícita del castigo interno y señalamiento de enemigos externos. En su intervención, aseguró que Irán no busca “llevar al país a la guerra”, pero advirtió que no habrá perdón ni para “criminales domésticos” ni para “criminales internacionales”. En ese marco, culpó a Trump por los muertos y daños derivados de la represión, y describió las protestas como una operación inducida por Estados Unidos.
La estrategia comunicacional del régimen no es nueva: ante crisis internas, suele encuadrar la protesta social como “sedición” y asociarla a fuerzas extranjeras. Lo distintivo esta vez es la magnitud del conflicto y el nivel de violencia denunciado por organizaciones de derechos humanos y agencias de monitoreo.


Protestas desde el 28 de diciembre y cifras imposibles de verificar con normalidad
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre con un disparador económico (devaluación, inflación, deterioro del poder de compra) y derivaron en una movilización más amplia contra el régimen teocrático instaurado en 1979.
En cuanto a víctimas, las cifras varían de forma drástica y reflejan un problema central: la falta de información verificable por las restricciones impuestas en el país.
- La ONG Iran Human Rights (con sede en Noruega) informó al menos 3.428 muertos y advirtió que esa cifra debe leerse como “mínima” por las limitaciones de acceso y el clima represivo.
- La agencia activista HRANA reportó haber verificado 3.919 fallecidos y casi 25.000 detenidos, aunque la AP remarcó que no pudo confirmar de manera independiente esos números.
- Un funcionario iraní citado por Reuters y replicado por Time habló de al menos 5.000 muertos, incluidos unos 500 miembros de fuerzas de seguridad.
En paralelo, medios opositores en el exterior difundieron estimaciones aún más elevadas, que también resultan difíciles de chequear con estándares normales en tiempo real.
Apagón informativo: internet casi cerrado y conectividad en torno al 2%
El 8 de enero, en pleno pico de tensión, las autoridades impusieron un apagón masivo de internet y comunicaciones, una medida señalada por organismos internacionales como parte de la represión.
Monitoreos independientes detectaron apenas una leve mejora tras más de 200 horas, pero con conectividad “en torno al 2% de los niveles habituales”, lo que sostiene el bloqueo de facto para la mayoría de la población.
En los últimos días crecieron además las advertencias sobre un posible giro hacia una “desconexión” más permanente del internet global, un escenario que tendría efectos económicos y sociales profundos en un país ya golpeado por sanciones y crisis interna.
Trump endurece el tono, pero el escenario militar sigue incierto
Trump alternó señales de presión y prudencia. En jornadas previas había sostenido que Irán habría frenado ejecuciones masivas (un dato que, según reportes, no quedó respaldado con detalles verificables sobre interlocutores o confirmaciones oficiales independientes), y eso fue leído como un posible freno a una escalada militar inmediata.
Sin embargo, tras el discurso de Khamenei, Trump volvió a elevar la apuesta política: apuntó a la legitimidad del liderazgo iraní y sostuvo que la dirigencia debería concentrarse en “administrar” el país en lugar de sostenerse con violencia.
Del lado iraní, el presidente Masoud Pezeshkian advirtió que cualquier ataque contra Khamenei equivaldría a una “declaración de guerra”, en un contexto de especulaciones mediáticas sobre escenarios extremos.
El trasfondo: poder, control y el costo de la “razón de Estado”
Más allá del ida y vuelta verbal, el episodio expone el corazón del conflicto: cuando un régimen se siente amenazado, la “razón de Estado” suele justificarlo todo, desde el lenguaje deshumanizante (“sediciosos”, “terroristas”) hasta el uso de la fuerza y el aislamiento informativo.
Organismos como Human Rights Watch y la misión internacional de la ONU reclamaron restaurar las comunicaciones y frenar la violencia, advirtiendo que el apagón dificulta documentar abusos y exigir rendición de cuentas.
Por ahora, Irán parece apostar a recomponer control interno a cualquier costo, mientras Washington presiona con retórica de cambio político en un tablero regional ya inflamable. El desenlace dependerá de dos variables: si las protestas retoman fuerza pese al terror y las restricciones, y si Estados Unidos convierte el discurso en acciones más allá de sanciones, diplomacia o despliegue regional.
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