Rutas provinciales 292s y 91s en el norte de Santa Fe: el relato de la obra pública de Pullaro choca con la realidad del interior

Rutas provinciales abandonadas, falta de mantenimiento y una infraestructura que colapsa cada vez que llueve. Mientras el gobierno de Pullaro y Enrico sostiene un discurso de obra pública y gestión, el norte santafesino sigue aislado, pagando impuestos sin ver respuestas en caminos, drenajes ni logística básica.

ChatGPT-Image-20-ene-2026_-14_34_13

Villa Minetti, Santa Fe – Las lluvias registradas en el noroeste santafesino, provocaron inundaciones en campos productivos y dejaron intransitables rutas clave para la salida de la producción agrícola. El fenómeno climático, sin embargo, no explica por sí solo el colapso: lo que quedó al descubierto es una infraestructura vial abandonada y una falta de mantenimiento que se arrastra desde hace años.

Video de un productor de la zona que se viralizó en redes

En localidades como Villa Minetti, en el departamento 9 de Julio, el agua avanzó sobre la ruta provincial 292 S, una vía estratégica que conecta Santa Fe con Santiago del Estero y permite el transporte de granos hacia los puertos. En paralelo, la ruta provincial 91 S, que une Pozo Borrado, Santa Margarita, El Nochero y Tostado, volvió a quedar bajo agua, confirmando que cada lluvia paraliza una región productiva clave.

Entre el relato y la realidad

Con el correr de los días, el nivel del agua comenzó a descender en los campos, pero la situación vial siguió siendo crítica. Productores y técnicos de la zona advierten que el problema no es la lluvia, sino la ausencia de obras básicas: rutas sin ripio ni asfalto, trazados más bajos que los campos vecinos y canales de drenaje tapados o sin mantenimiento.

Este escenario contrasta de manera directa con el discurso oficial del gobierno provincial, encabezado por Maximiliano Pullaro y su ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, que promocionan una supuesta reactivación de la obra pública en Santa Fe. En el interior profundo, esa obra no llega.

Propaganda provincial y olvido del norte

Mientras la Casa Gris destina millones a campañas de comunicación y anuncios de obras, en el norte santafesino las rutas productivas siguen siendo de tierra, sin mantenimiento regular y sin soluciones hidráulicas. El resultado es siempre el mismo: caminos convertidos en canales, producción aislada y pérdidas económicas que se repiten campaña tras campaña.

El contraste se vuelve más evidente cuando el Ejecutivo provincial instala mediáticamente los accidentes en la ruta nacional 33, pero omite los siniestros, el deterioro y el abandono de las rutas provinciales 91 y 292 S, cuya responsabilidad recae exclusivamente en la provincia.

Una región clave, tratada como periférica

El noroeste santafesino integra el denominado Domo Occidental, una de las zonas agrícolas más importantes del norte argentino, con más de un millón de hectáreas productivas y una población que depende directamente del agro y de la logística. Desde allí sale soja, maíz y girasol hacia los puertos, pero sin infraestructura acorde.

A pesar de la alta carga impositiva, los productores denuncian que no hay retorno en obras esenciales. La falta de mantenimiento de canales, incluso en períodos de sequía, agrava cada evento climático y expone decisiones administrativas centralizadas que llegan tarde o directamente no llegan.

Responsabilidades políticas que se acumulan

Joaquin Gramajo, Senador por el Departamento 9 de Julio

En el departamento 9 de Julio, las críticas también alcanzan al senador provincial Joaquín Gramajo, quien acumula ocho mandatos en la Legislatura sin haber dado respuestas estructurales en materia de caminos, drenajes ni seguridad vial. Décadas de representación política que no se tradujeron en infraestructura básica para una región productiva estratégica.

La contradicción se volvió aún más evidente en 2025, cuando durante la Exposición Rural, Gramajo anunció con bombos y platillos el inicio de supuestas grandes obras, celebrando públicamente su nueva alianza con el gobernador radical Maximiliano Pullaro, luego de haber transitado sin pudor por todos los espacios políticos, desde el peronismo hasta el actual oficialismo provincial.

Frente al micrófono y sin sonrojarse, el senador aseguró que esas obras no se financiarían con impuestos, sino mediante una “tasa”, como si el cambio de nombre alterara la realidad. Un gesto que muchos productores y vecinos interpretaron como un insulto a la inteligencia de los contribuyentes, en línea con su larga experiencia como político profesional.

Con grandilocuencia y una oda a su nuevo aliado en la Casa Gris, Gramajo intentó convencer a los presentes de que esas obras serían posibles “gracias a la gestión”, cuando en los hechos se financiarían, como siempre, con el bolsillo de los mismos de siempre. El resultado de ese cobro “sin impuestos”, rebautizado como tasa, hoy está a la vista y en el barro. Es el mismo barro que denuncian los productores cada vez que cae una lluvia mínima y las rutas provinciales vuelven a desaparecer bajo el agua. Caminos intransitables, canales tapados y producción aislada son la contracara concreta de años de anuncios, discursos y recaudación.

Mientras tanto, Joaquín Gramajo sigue siendo reelegido de manera constante, acumulando mandatos y alianzas cambiantes, pero con un denominador común que no se altera: el abandono del norte santafesino. El dinero se cobra, el relato se sostiene con propaganda, pero las obras que importan nunca llegan.

El relato choca con el barro

Las lluvias pasarán y el agua seguirá bajando, pero sin un cambio real de prioridades, el problema volverá a repetirse como lo hace desde hace décadas. En el norte santafesino, el relato de la obra pública del gobierno provincial no resiste el contacto con la realidad: rutas destruidas, caminos rurales inexistentes, producción aislada y comunidades enteras que quedan fuera del mapa cada vez que llueve. No es una contingencia climática, es una decisión política.

Mientras desde la Casa Gris se intenta confrontar discursivamente con el gobierno nacional de Javier Milei, que avanza en desarmar el curro histórico de la obra pública, en Santa Fe ese mismo relato se cae día tras día. No por ideología, sino por hechos concretos: lo verdaderamente necesario no se hace, lo básico no se mantiene y las zonas más productivas del interior profundo siguen esperando soluciones mínimas.

La diferencia es clara. A nivel nacional se discute terminar con un sistema de obra pública diseñado para la política y los contratistas, mientras que en la provincia se insiste en sostener una narrativa de gestión que ya no se corresponde con lo que viven los santafesinos fuera de los grandes centros urbanos. En el norte, la propaganda no tapa el barro, ni los spots reemplazan a los caminos.

Ese relato provincial se mantiene casi exclusivamente a fuerza de pauta oficial, financiada con los impuestos que pagan los propios santafesinos, incluidos los productores y vecinos que hoy quedan aislados. Millones de pesos destinados a comunicación y marketing político conviven con rutas provinciales intransitables, canales tapados y una infraestructura que colapsa ante la primera lluvia importante.

En el norte santafesino, el relato ya no convence. El barro habla más fuerte que la propaganda, y el abandono del interior profundo dejó de ser una percepción para transformarse en una evidencia imposible de ocultar.

Liberador logo
Redacción El Liberador
Web |  + posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *