Pullaro abrió las sesiones ordinarias debilitado, con protestas afuera y retractándose de sus propias decisiones
Había policías recién desacuartelados, docentes protestando y un gobernador acorralado. Pullaro subió al estrado, cambió el tono y anunció que dejará de robarle a los jubilados. Eso, en la mente de la casta, es un avance. En la realidad, es apenas la evidencia de que cuando la política tradicional toca fondo, solo le queda devolver lo que nunca debió haberse llevado.
Santa Fe, domingo 15 de febrero de 2026 – Maximiliano Pullaro abrió las sesiones ordinarias de la legislatura santafesina con su coalición intacta y su oposición ausente. No ausente de la Asamblea: ausente de la realidad. Afuera, policías recién desacuartelados y docentes en la calle. Adentro, radicales, socialistas y PRO aplaudiendo al gobernador mientras los peronistas hacen de opositores de cartón. El teatro de la democracia santafesina en su máxima expresión.
El discurso mostró un Pullaro contenido, consciente de que pasa por su momento más débil. Reconoció que «se hace cada vez más difícil llegar a fin de mes» —una obviedad que suena cínica viniendo de quienes viven del esfuerzo ajeno— y anunció que no prorrogará el aporte solidario extraordinario a jubilados. Devolver lo que nunca debió quitarse no es generosidad, es desesperación electoral. Prometió también acortar de 60 a 30 días el traspaso de aumentos a los pasivos, como si la burocracia estatal fuera un favor y no una deuda.
Pero el verdadero escándalo no está en lo que dijo, sino en quienes lo escucharon. Los radicales y socialistas que integran su gobierno aplaudieron las medidas que ellos mismos habrían criticado si estuvieran en la oposición. El PRO, supuestamente republicano, baila alrededor mientras el gasto público provincial con el Ministerio de Cambio Climático o secretarías que tienen pinta, aroma y gusto a ñoquis con mixta: la Secretaría de Cooperación, de Vinculación Institucional, de Coordinación de Transformación Digital o de Biodiversidad, por nombrar a algunas de las 212 existentes, siguen inflando el gasto mientras la obra pública se financia con deuda histórica. Todos juntos, todos cómplices.
Del otro lado, los peronistas hacen ruido en las cámaras pero en el Senado votaron todo con Pullaro. El pacto de no tocar el gasto político, de no ajustar el Estado, de mantener intacta la estructura que asfixia a los productivos. Y mientras tanto, escándalos de licitaciones amañadas en el aeropuerto vinculadas a empresas de Agustín Rossi, su supuesto rival. En Santa Fe, la grieta es un negocio: se pelean en los medios pero se reparten el botín en silencio.
¿Y los «republicanos» de Amalia Granata? El espectáculo de la oposición fingida. Mucho protagonismo frente a los micrófonos, mucha arenga contra el gobernador. Pero cuando llegaron las votaciones clave, la bancada desapareció. Se ausentaron para permitir la reforma constitucional que Pullaro fabricó para ser reelecto —hoy, con su imagen en caída libre, más una quimera que una certeza—. También faltaron cuando se votó el endeudamiento histórico, esa misma deuda que hoy los atrapa en una controversia millonaria: el gobierno apostó a que el peso se devaluaría y dejó 800 millones de dólares fuera de las cuentas. La apuesta les salió mal. A valor de hoy, esa mala praxis costó 227 mil millones de pesos. Para ponerlo en perspectiva: es la mitad del déficit previsional donde decidieron ajustar a los jubilados. Mientras los abuelos pierden poder adquisitivo, los funcionarios que jugaron a ser especuladores con dinero ajeno no pagan ni un peso de costo político real.
¿Alguien asume responsabilidad? No. Granata sigue en los medios, Pullaro sigue en el cargo, y los santafesinos siguen pagando la diferencia. Esta es la irresponsabilidad estructural de la política tradicional: cuando ganan, se llevan los laureles; cuando pierden, pierde el contribuyente. Debería existir un mecanismo real de rendición de cuentas, no solo electoral —donde la memoria es corta y los votos se compran con planes— sino patrimonial. Que quienes apuestan mal con fondos públicos respondan con su patrimonio personal. Quizás así pensarían dos veces antes de especular con el dinero que no es suyo.
Las denuncias sobre licitaciones truchas no avanzan porque buena parte de la justicia provincial está atada al poder ejecutivo. El mismo poder que nombra, que financia, que controla. En este escenario, la oposición real no tiene asiento en la legislatura. Está afuera.
Y afuera, Libertad Avanza asoma como única voz que no se doblega. Con Romina Diez marcando la cancha desde la provincia y el Presidente Javier Milei desmantelando el relato desde Nación, son los únicos que no forman parte de esta rosca. No tienen bancas para vender ni cargos para repartir. Solo tienen el voto de los santafesinos que están cansados de que les mientan.
Pullaro cambió el tono porque la realidad lo obligó. Pero no cambió la estructura, porque la estructura lo mantiene. Y mientras tanto, sus socios aplauden, sus «rivales» hacen teatro, y los únicos que pagan el costo son los que producen, los que laburan, los que no tienen un cargo en el Estado para refugiarse de la inflación que estos mismos políticos generan.
El fin del aporte solidario es un paso, pero es apenas eso: un paso tardío en medio de un mar de gasto político intacto. Mientras el gobernador y su elenco sigan repartiéndose la provincia, Santa Fe seguirá siendo ejemplo de lo que pasa cuando no hay oposición real, solo reparto de roles en la misma obra de teatro.
