Europa bajo presión: Francia e Italia concentran la violencia y las protestas ya alcanzaron Bélgica y Albania
Incendios, saqueos, enfrentamientos con la Policía y miles de detenidos sacudieron distintas ciudades europeas durante los últimos días. Francia atraviesa la crisis más grave, Italia sufrió disturbios en varias ciudades del norte y también hubo choques en Bélgica y Albania. La izquierda radical aparece en parte de las protestas, mientras inmigración e integración volvieron al centro del debate político.
Europa atraviesa una ola de conflictividad social que comenzó con reclamos diferentes según cada país pero terminó produciendo imágenes similares: encapuchados, comercios destruidos, incendios, barricadas y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
El epicentro es Francia. Las movilizaciones surgieron originalmente alrededor de reclamos estudiantiles por las condiciones educativas y posteriormente incorporaron el costo de vida, los salarios y los servicios públicos. Pero durante el fin de semana una parte de las protestas degeneró en una violencia de una escala que el país no registraba desde hacía años.
Más de 2.400 personas fueron detenidas y cerca de un millar de integrantes de las fuerzas de seguridad resultaron heridos. Hubo saqueos en París, Marsella, Lyon y otras ciudades, mientras que el histórico Ayuntamiento de Limoges terminó destruido por un incendio. El Gobierno francés responsabilizó específicamente a grupos de ultraizquierda y delincuentes por buena parte de los ataques.
Italia también terminó con barricadas
La violencia cruzó los Alpes. En Milán, una protesta por el deterioro de los servicios públicos y el aumento del costo de vida terminó con jóvenes encapuchados rompiendo vidrieras, provocando incendios y enfrentándose con la Policía cerca de la Piazza del Duomo.
Las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos y camiones hidrantes. Más de 60 personas quedaron bajo investigación durante la jornada del domingo, después de que el sábado ya se hubiera producido detenciones en disturbios que alcanzaron también a Bolonia, Brescia, Bérgamo y Turín.
La primera ministra Giorgia Meloni condenó los hechos y convocó una reunión del Gobierno para reforzar la respuesta frente a quienes, según su postura, utilizan movilizaciones legítimas como cobertura para atacar comercios y fuerzas de seguridad.
En Bélgica aparecieron grupos enmascarados
En Bruselas, varios cientos de jóvenes se movilizaron contra reformas educativas y el aumento de los costos universitarios.
La protesta también terminó en choques con la Policía. Manifestantes enmascarados, algunos de ellos con consignas antifascistas, volcaron un automóvil y se enfrentaron con los agentes, que respondieron con gases y agua. También hubo manifestaciones estudiantiles en Lieja.
El ministro del Interior belga, Bernard Quintin, sostuvo que los hechos habían dejado de constituir una protesta legítima cuando comenzaron los ataques y prometió restablecer el orden.
Albania: estudiantes contra un gobierno socialista
La situación albanesa es diferente, aunque igualmente violenta.
Durante varios días, estudiantes secundarios y universitarios salieron a las calles de Tirana para reclamar por las condiciones educativas, la falta de oportunidades laborales y denuncias de corrupción contra el gobierno del primer ministro socialista Edi Rama.
Las protestas terminaron con piedras, bombas molotov, fuegos artificiales, autos incendiados y ataques contra edificios estatales. La Policía respondió con gases, hidrantes y balas de goma.
En cinco días se habían producido 167 detenciones y 132 policías heridos, mientras las movilizaciones reclamaban directamente la renuncia de Rama.
El debate sobre inmigración volvió a explotar
Hay una distinción indispensable.
Está documentada la participación de grupos de ultraizquierda en la violencia francesa y la presencia de sectores antifascistas en parte de las protestas belgas. En Italia, en cambio, las autoridades describieron principalmente a grupos de jóvenes encapuchados y no existe hasta ahora una identificación política uniforme.
Tampoco hay datos policiales suficientes para afirmar que los inmigrantes como conjunto sean responsables de los disturbios europeos. En Francia, fuentes de seguridad no han establecido la inmigración como explicación general de la violencia.
Eso no impidió que el debate migratorio volviera con enorme fuerza.
Donald Trump, JD Vance y dirigentes de la derecha europea sostienen que detrás del deterioro del orden público existe un problema más profundo de fronteras, integración cultural y fracaso de las políticas migratorias occidentales. El Gobierno francés y buena parte de la izquierda rechazan esa explicación y sitúan el origen de las protestas en el deterioro educativo y el costo de vida.
La discusión recién comienza.
Lo que las imágenes dejan fuera de discusión es otra cosa: varios gobiernos europeos están descubriendo cuánto cuesta recuperar el control de las calles una vez que las protestas dejan de ser manifestaciones y comienzan los incendios, saqueos y ataques contra la propiedad ajena.
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