Día de la Libertad de Prensa: una celebración vacía en tiempos de prensa comprada por el Estado

Día de la Libertad de Prensa: una celebración vacía en tiempos de prensa comprada por el Estado

Desde la Década Infame hasta el kirchnerismo y la actualidad con Javier Milei, el Estado argentino ha utilizado la pauta oficial como herramienta de control ideológico y disciplinamiento mediático. Lejos de ser una política de comunicación, se convirtió en una forma de censura indirecta.

Cada 3 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, en recuerdo de la Declaración de Windhoek de 1991, donde periodistas africanos reclamaron garantías reales para ejercer su labor sin censura ni persecución. Esta fecha, proclamada por la ONU, busca defender la libertad de expresión como pilar fundamental de toda sociedad libre. Sin embargo, en un mundo donde muchos medios dependen de subsidios estatales y fondos públicos, la verdadera independencia periodística sigue siendo una deuda pendiente.

La raíz: control estatal desde la Década Infame y el peronismo

Ya en la dictadura de 1943, el régimen militar dio los primeros pasos hacia el control de los medios, creando la Subsecretaría de Informaciones y Prensa y regulando la actividad periodística con el Decreto 18.407. Poco después se fundó la agencia estatal ANDI, financiada con un impuesto a las radios privadas.

Pero fue el primer peronismo el que institucionalizó el aparato mediático estatal. En 1945, Perón creó Télam con el objetivo de monopolizar las noticias oficiales. Con el tiempo, el Estado adquirió medios independientes y los alineó al discurso oficial. Perón lo decía sin tapujos: “controlar la opinión pública es adquirir los medios”.

Kirchnerismo: auge de la propaganda oficial

Durante el kirchnerismo, la pauta oficial se utilizó como herramienta de manipulación masiva. A través de millonarios fondos públicos se premió a medios afines y se castigó a los críticos. El Estado gastaba miles de millones por año en publicidad oficial, y el 72% de esos recursos se concentraban en apenas 25 grupos.

Solo en 2020, los seis conglomerados más favorecidos recibieron más de $200 millones cada uno. El Grupo Clarín lideró con más de $600 millones, seguido por el Grupo Indalo (Cristóbal López), el Grupo Octubre (del sindicalista Víctor Santa María), y el portal El Destape (de Roberto Navarro), todos beneficiados por ser funcionales al relato gubernamental.

En contraposición, medios independientes o críticos como Perfil o La Nación eran castigados con recortes de pauta, inspecciones impositivas o trabas judiciales.

Empresarios amigos y testaferros

Este modelo generó una nueva casta de empresarios mediáticos al servicio del poder. Sergio Szpolski, dueño de Tiempo Argentino y CN23, llegó a reconocer que actuaba como “proveedor de servicios de propaganda”, cuyo negocio era capturar fondos estatales. El Grupo Indalo, a manos de López y De Sousa, creció exponencialmente bajo el ala kirchnerista.

También se multiplicaron cooperativas y micropymes militantes que recibían fondos públicos. Muchas de ellas estaban manejadas por testaferros vinculados a funcionarios del gobierno, con radios o portales creados ad hoc para justificar el reparto de millones.

Milei y la batalla contra la pauta

Cuando Javier Milei asumió la presidencia en 2023, anunció con contundencia una política de “pauta cero”. Denunció que los medios estaban “cooptados por el Estado” y prometió cortar el flujo de dinero recaudado de forma coactiva mediante impuestos.

En los hechos, el gobierno suspendió la pauta oficial de la Administración Pública Nacional, pero no la de las empresas estatales. YPF, Banco Nación y Aerolíneas Argentinas continuaron gastando cifras millonarias en publicidad. Así, aunque bajó la pauta en medios críticos, se siguió beneficiando a medios alineados con la nueva gestión.

El discurso de recorte fue acompañado de fuertes críticas a periodistas y medios opositores, acusados de defender privilegios financiados con el dinero del contribuyente.

Una enfermedad global

El fenómeno no es exclusivo de Argentina. En el mundo, medios públicos como la BBC, NPR o France24 también reciben fondos estatales. Pero en países como China o Rusia, directamente son órganos de propaganda del régimen. Reporteros Sin Fronteras ha advertido sobre el uso de la pauta como herramienta de presión, bajando la calificación de Argentina en su índice global de libertad de prensa.

Además, agrupaciones como FOPEA, SIP o la Fundación Gabo, que se presentan como defensores de la prensa libre, han recibido subsidios de organismos internacionales y gobiernos, comprometiendo su imparcialidad.

Periodismo dependiente

El periodismo verdaderamente libre no puede financiarse con impuestos obligatorios. Mientras existan medios que vivan de fondos públicos, existirá una prensa servil, funcional al poder de turno, y cómplice de la opresión fiscal que sostiene ese sistema.

La única prensa independiente es aquella que vive del mercado, de sus lectores y de la competencia real. Todo lo demás es disfraz.

icono
el.liberador.diario@gmail.com |  + posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *