Comunismo peronista de Caren Tepp: la mujer detrás de los Juanes «los usurpadores»
En Santa Fe el peronismo se fue a pique, y del naufragio salió flotando una balsa roja: Caren Tepp y Juan Monteverde, los comunistas que se disfrazan de progres para quedarse con todo. Su historia empezó en un tambo usurpado y terminó en los despachos del poder. Dicen ser del pueblo, pero viven del Estado.
Del tambo tomado al curro político
Todo arrancó en Nuevo Alberdi, donde el matrimonio político más hipócrita del progresismo levantó su carrera sobre un campo ajeno.
El famoso Tambo La Resistencia —hoy bandera de Ciudad Futura— es una propiedad privada tomada.
El dueño, Mario Benito Jáuregui, lo alquiló en 2007 a Oscar Licera, pero cuando se venció el contrato, el tipo no devolvió el terreno. En su lugar, se alió con Movimiento Giros, el grupo comunista que fundaron Monteverde y Tepp, y se atrincheraron ahí como si fuera la Sierra Maestra.
La Justicia falló a favor del propietario en 2012, lo confirmó en 2016, y aun así el campo sigue tomado. ¿Por qué? Porque los usurpadores ya estaban metidos en el Concejo Municipal y torcieron el brazo del juez con política y relato.
El resultado: un campo robado, convertido en símbolo del “socialismo barrial”.
Y por si faltaba un toque de culto ideológico, en el tambo llegaron a producir dulce de leche con la cara de Hugo Chávez en la etiqueta. Una postal perfecta del populismo criollo: usurpadores fabricando propaganda con el rostro de otro dictador, mientras hablan de “soberanía alimentaria”.

Caren Tepp: entre dos Juanes y la moral flexible
De Monteverde saltó a Juan Grabois, el otro “Juan” de su vida, multiprocesado por usurpación, violencia y asociación ilícita.
Dos Juanes, un mismo método: quedarse con lo ajeno y venderlo como revolución.
Tepp grita que “no es la mujer de nadie”, pero su carrera depende siempre de algún varón con cartel.
Y mientras posa de ecologista y vegana, administra un tambo donde explotan vacas.
La doble vara perfecta del progresismo argentino:
La explotación animal es mala… salvo que la haga un socialista.
Ahí se ve el verdadero rostro de esta izquierda de cotillón: lloran por los pobres, pero viven del Estado. Denuncian el capitalismo, pero negocian contratos y terrenos como cualquier empresario.

El local de Rondeau y Freyre: otro “nido revolucionario” tomado
Y como si el tambo no alcanzara, los vecinos de Rondeau y Freyre ya saben de otro escándalo: el local partidario de Ciudad Futura también es una propiedad usurpada.
Allí hacen peñas, actos y reuniones, mientras en la vereda —literalmente— duermen personas sin techo.
Esos mismos a los que estos comunistas dicen defender con consignas como “Techo para todos”.
Pero claro: techo sí, con la casa del otro.
La propia, aunque seas socialista, no se toca.
Es siempre la misma lógica: la solidaridad se ejerce con la plata ajena, las tierras ajenas, las casas ajenas.

El peronismo ya es sólo la cáscara del comunismo
Lo que hoy se vende como “peronismo santafesino” ya no tiene nada de obrero ni de popular.
Está tomado por los hijos del progresismo universitario: tipos que jamás laburaron fuera del Estado, que viven de los impuestos de otros y que te hablan de justicia social mientras construyen su carrera con trampas, usurpaciones y contratos.
Monteverde y Tepp no representan una renovación: son la continuidad del saqueo kirchnerista, pero con estética de muralismo y feria agroecológica.
El mismo curro, con otro nombre.
La revolución del otro bolsillo
El caso Tepp–Monteverde lo dice todo: el progresismo actual es puro verso.
Dicen pelear por los pobres, pero no les prestan ni un metro cuadrado.
Dicen luchar contra la opresión, pero viven de los oprimidos que les pagan el sueldo con sus impuestos.
Dicen “la propiedad privada no existe”, pero no sueltan ni el alquiler del local.
Los nuevos comunistas argentinos tienen un lema no escrito:
Compartí esta noticia“La propiedad privada es un robo… pero si es mía, no la toques.”