Elecciones en Honduras: empate entre la derecha y el centro paraliza el conteo y crece la desconfianza

Con el escrutinio preliminar detenido en poco más de la mitad de las actas y denuncias de expulsión de observadores y periodistas en pleno recuento, Honduras atraviesa la elección más tensa de los últimos años, con el resultado aún abierto y la transparencia en discusión.

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Un empate técnico con el conteo frenado

Las elecciones generales del 30 de noviembre dejaron a Honduras sumida en la incertidumbre. Con alrededor del 56–57% de las actas procesadas, el Consejo Nacional Electoral (CNE) informó un empate técnico entre los dos principales candidatos presidenciales:

  • Nasry “Tito” Asfura (Partido Nacional, conservador), en torno al 39,9–40% de los votos.
  • Salvador Nasralla (Partido Liberal), apenas unas décimas por detrás, con una diferencia de unos 500 votos según los últimos cortes oficiales.

La candidata oficialista Rixi Moncada, del partido de izquierda Libre, quedó tercera, lejos de la disputa, lo que implica un fuerte revés para el gobierno de Xiomara Castro.

Ante este escenario, el CNE decidió cerrar la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) cuando el sistema marcaba el 57% de actas procesadas, dando por terminada la etapa de divulgación rápida y pasando a una fase de escrutinio más lenta y manual.


¿Por qué se ha escrutado tan poco?

La principal pregunta que recorre Honduras y la región es por qué, tras más de 20 horas de votación cerrada, el conteo se detuvo por debajo del 60% en lugar de seguir hasta ofrecer un panorama más completo.

Hay varios elementos combinados:

  • Diseño del sistema: el TREP hondureño está pensado como un mecanismo de resultados preliminares, no como escrutinio definitivo. La ley le otorga al CNE hasta 30 días para publicar el resultado final y, una vez cerrado el TREP, el conteo pasa a etapas de “contingencia” y escrutinio especial, más lentas pero, en teoría, más rigurosas.
  • Problemas técnicos y logísticos: medios locales e internacionales reportaron fallas en el sistema biométrico, aperturas tardías de mesas, actas que no se pudieron transmitir o escanear y caos organizativo en varios centros de votación, especialmente en Tegucigalpa.
  • Actas de contingencia: el CNE informó que una porción relevante de actas se clasificó como “contingencia 1 y 2”:
    • Contingencia 1: actas que se levantaron pero no pudieron transmitirse desde el centro de votación.
    • Contingencia 2: actas que ni siquiera se escanearon por fallas de equipo o proceso, y que deben digitalizarse en la sede logística de Tegucigalpa bajo auditoría especial.

En resumen: no es que se hayan contado sólo la mitad de los votos, sino que el Estado decidió cerrar la fase rápida con poco más de la mitad de las actas cargadas, dejando el resto al circuito lento y menos visible del escrutinio especial. En una elección tan reñida, esa decisión inevitablemente alimenta sospechas.

Asfura, apoyado por Donald Trump, lidera el escrutinio con tan solo 0,02% de ventaja

Irregularidades graves: expulsan a veedores y periodistas

La falta de transparencia en el conteo se agravó por escenas que dieron la vuelta al mundo y reforzaron la desconfianza sobre el proceso. En el centro de votación 10565 de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en Tegucigalpa, grupos identificados como afines al partido oficialista Libre irrumpieron en un aula donde se realizaba el recuento.

Diversos videos y crónicas describen cómo hombres con camisetas con el nombre “Rixi” —en referencia a la candidata oficialista Rixi Moncada— entraron al aula, rodearon a periodistas y observadores, gritaron consignas nacionalistas y obligaron a abandonar el lugar a la prensa y a varias misiones de observación internacional, cerrando el acceso al recuento.

De acuerdo con el relato del periodista español David Alandete, presente en la escena, el grupo también presionó a la presidenta de mesa —del opositor Partido Nacional— para que cerrara la urna antes de la hora oficial, dejando sin votar a decenas de ciudadanos pese a que el CNE había extendido el horario hasta las 18:00 por los retrasos del día.

En paralelo, la Organización de Estados Americanos (OEA) denunció que al menos cinco observadores de su misión fueron impedidos de ingresar al aula de una Junta Receptora de Votos para presenciar el conteo, sin argumentos legales válidos para justificar ese bloqueo. El propio Gerardo de Icaza, responsable de observación electoral de la OEA, afirmó que eso viola la normativa que establece que el escrutinio debe ser público y exigió una corrección inmediata al CNE y a las Fuerzas Armadas.

En días previos, el Colegio de Periodistas de Honduras ya había advertido sobre un aumento de amenazas y agresiones contra comunicadores en el marco de la campaña, lo que agrava el cuadro de intimidación a la prensa.

En conjunto, estos hechos alimentan la percepción de que sectores oficialistas estarían intentando “opacar” el recuento, reducir el control ciudadano y condicionar el clima en los lugares donde se decide la elección.

El centrista Nasralla asegura haber ganado las elecciones

Un país atrapado entre el desgaste de la izquierda y el regreso de la derecha

Detrás de la pelea voto a voto hay también una disputa de modelos políticos.

Por un lado, Xiomara Castro y el partido Libre llegan erosionados por la falta de resultados concretos en materia de lucha contra la corrupción —incluida la frustrada promesa de crear una comisión internacional al estilo CICIG— y por el deterioro económico y la inseguridad.

Del otro lado, Nasry Asfura representa el regreso del Partido Nacional, la fuerza que gobernó bajo Juan Orlando Hernández, hoy condenado por narcotráfico en Estados Unidos. Pese a ese pasado, Asfura capitalizó el respaldo explícito de Donald Trump, que lo presentó como socio contra el “narco–comunismo”, lo que le dio impulso en los últimos días de campaña.

En el medio, Salvador Nasralla, que rompió con el oficialismo y se reubicó en el Partido Liberal, intenta encarnar una alternativa anticorrupción, apoyado en bastiones urbanos como el departamento de Cortés, que aún podría inclinar la balanza cuando entren sus actas rezagadas.

La combinación de resultado reñido, antecedentes de fraude en elecciones pasadas y la intervención de grupos de choque hace que cualquier señal de opacidad en el conteo se viva como una amenaza directa al resultado y a la estabilidad institucional.


¿Qué puede pasar ahora?

A corto y mediano plazo, el escenario hondureño se juega en varios niveles:

1. El escrutinio especial y las actas de contingencia
El CNE deberá procesar todas las actas que no entraron al TREP y revisar aquellas con inconsistencias. Esa revisión incluye:

  • Sincronizar actas que sí se levantaron pero no se transmitieron.
  • Digitalizar y cargar actas que nunca fueron escaneadas.
  • Revisar, una por una, las actas observadas por auditores o delegados partidarios.

Recién cuando ese proceso termine, el organismo estará en condiciones de proclamar un ganador. Legalmente tiene hasta 30 días, aunque la presión interna y externa para una resolución más rápida será enorme.

2. Disputa política y narrativa de “fraude”
Ambos candidatos han evitado proclamarse vencedores, pero los equipos de campaña ya operan sobre sus propios conteos paralelos. El Partido Nacional asegura tener “el 100% de las actas” en su sistema interno, mientras que Nasralla afirma que, cuando entren plenamente los votos de Cortés, podría pasar al frente.

En este contexto, cada denuncia de irregularidad —urnas cerradas antes de tiempo, observadores expulsados, retrasos injustificados— puede ser usada para instalar la idea de fraude por cualquiera de los bandos.

3. Rol de la comunidad internacional
La OEA, la Unión Europea y Estados Unidos ya manifestaron preocupación por el retraso en el conteo y las denuncias contra periodistas y observadores. Al mismo tiempo, piden calma y respeto al procedimiento institucional, evitando proclamaciones anticipadas.

Si el margen final entre Asfura y Nasralla sigue siendo mínimo, es muy probable que se abran impugnaciones, pedidos de recuento en mesas clave e incluso recursos ante la justicia electoral. El grado de estabilidad o conflictividad dependerá, en gran medida, de cuánto se corrijan —o se repitan— escenas como las de la UNAH.


Una elección que pone a prueba la calidad democrática

Más allá de quién termine ganando, las elecciones de 2025 en Honduras ya dejaron claro que el país enfrenta un problema estructural de confianza en sus instituciones:

  • Un sistema de resultados preliminares que se detiene en el 57% en la elección más reñida en años.
  • Grupos oficialistas que se sienten con derecho a expulsar a observadores y periodistas del recuento.
  • Un organismo electoral presionado entre partidos, Fuerzas Armadas y comunidad internacional.

En ese contexto, la pregunta no es sólo quién ocupará la presidencia, sino si Honduras será capaz de cerrar este proceso con reglas claras, transparencia y respeto a los contrapesos, o si se consolidará un modelo en el que el conteo de votos se decide más en la calle y en los pasillos del poder que en las actas y la ley.

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