La Legislatura bonaerense aprobó el endeudamiento solicitado por Axel Kicillof de USD 3.685 millones

A espaldas de la gente y en plena madrugada, Kicillof aprobó más deuda y negociar cargos mientras la Provincia es un baño de sangre, sin obras, sin mejoras y cada vez más hundida en el abandono.

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A las tres de la mañana, cuando la mayoría de los bonaerenses dormía, la Legislatura provincial aprobó el pedido de endeudamiento récord impulsado por Axel Kicillof: USD 3.685 millones, una cifra que vuelve a marcar un retroceso en la autonomía financiera de la Provincia y que abre la puerta a un ciclo de compromisos externos que se extenderán por años. El tratamiento, lejos de cualquier transparencia republicana, se dio en medio de negociaciones frenéticas, discusiones internas, presiones cruzadas y un festival de cargos repartidos para asegurar los votos.

El gobernador logró el respaldo de dos tercios de la Legislatura, pero la forma en que ese número se consiguió revela mucho más que un acuerdo parlamentario: expone un método que combina apuros, favores, promesas y un uso discrecional del Banco Provincia como moneda de cambio. Una maniobra que, según varios bloques opositores, no responde a las necesidades estructurales del territorio sino a la ambición presidencial de un mandatario que hace años administra la Provincia como plataforma electoral.

Aunque el oficialismo insiste en llamarlo “ley de financiamiento”, el proyecto aprobado no deja dudas: es deuda nueva, tomada en dólares, con vencimientos que recaerán sobre las próximas gestiones. De los casi USD 3.700 millones, la mayor parte se destinará a pagar deuda previa, estirar plazos o cubrir obligaciones judiciales y bonos emitidos en años anteriores. La discusión sobre las obras a financiar —o la lista de proyectos supuestamente incluidos— nunca se hizo pública de manera detallada.

Los únicos que votaron en bloque en contra fueron La Libertad Avanza, que denunció el endeudamiento como una “irresponsabilidad histórica”, y el Frente de Izquierda, crítico del pago de deuda en general.

Una sesión cargada de tensiones y un episodio inédito

La jornada legislativa fue un muestrario perfecto del deterioro institucional. Hubo múltiples cuartos intermedios, advertencias de sectores que pedían explicaciones sobre el destino real de los fondos y un clima de desconfianza generalizada. La escena más insólita la protagonizó el intendente de San Nicolás, Santiago Passaglia, quien irrumpió en el recinto intentando reasumir su banca para votar en contra del proyecto. El presidente de la Cámara se lo impidió argumentando que pretendía ocupar dos cargos electivos al mismo tiempo.

El incidente dejó al descubierto el nivel de tensión interna y el desconcierto incluso dentro de la oposición. También mostró hasta qué punto la negociación se definía voto a voto, sillón a sillón, por encima de cualquier discusión pública y abierta sobre el impacto financiero de la ley.

El Banco Provincia, la verdadera ficha de negociación

Uno de los elementos más polémicos del acuerdo fue la reforma de la Carta Orgánica del Banco Provincia. Se amplió su directorio, se crearon cargos con voz pero sin voto y se habilitó la designación de nuevos vocales provenientes de distintos espacios políticos. Lo que debía ser una discusión técnica terminó siendo el comodín perfecto para sumar voluntades.

En los hechos, el Bapro quedó convertido en una bolsa de premios para sellar acuerdos, un retroceso institucional grave para una entidad clave en el sistema financiero provincial. Entre los nombres impulsados figuran dirigentes del PRO, de la UCR y de sectores peronistas aliados, todos beneficiados con puestos estratégicos que garantizan su presencia —y sueldos— dentro del banco.

La ampliación se aprobó pese a que el propio Kicillof se había expresado en contra durante semanas. Finalmente, cedió para asegurar la votación general del endeudamiento. Una señal inequívoca de prioridades.

Municipios: fondos condicionados y reparto en cuotas

Uno de los puntos determinantes en la negociación fue el fondo para los municipios: se estableció un monto fijo de $350.000 millones que se repartirá por CUD y se pagará en cuotas el año próximo. Frente a intendentes asfixiados financieramente, el oficialismo ofreció un alivio temporal… pero con dinero que, en última instancia, también proviene del endeudamiento global.

Un cierre que retrata a la vieja política

El modo en que se aprobó este endeudamiento revela un funcionamiento que los bonaerenses conocen demasiado bien: sesiones de madrugada, negociaciones opacas, reparto de cargos, presión sobre intendentes, intercambios de favores y discusiones cerradas al público. Un estilo que —lejos de ser excepcional— muestra cómo opera una dirigencia cuyo objetivo principal parece ser protegerse a sí misma, aun cuando eso implique hipotecar por décadas la economía de la Provincia.

Mientras tanto, los problemas estructurales continúan: salarios estatales deprimidos, hospitales sin insumos, escuelas en estado crítico, obras paralizadas y un sistema productivo que no despega. Todo eso queda nuevamente subordinado al pago de deuda, tal como sucede desde hace al menos quince años.

La Libertad Avanza fue el único bloque que votó en contra sin negociar cargos

Desde LLA sostuvieron que no acompañarían un esquema que consolida la dependencia financiera, premia a la política de siempre y compromete a generaciones futuras. Más allá de simpatías o discrepancias, fueron el único espacio que no negoció puestos, no pidió cargos y mantuvo una postura coherente frente al endeudamiento. Un gesto que contrastó con la dinámica del resto de los bloques.

Este episodio vuelve a dejar algo en evidencia. No es Milei quien genera incertidumbre, ni su programa de reformas, ni la libertad. El verdadero riesgo para la Argentina está en quienes, para no perder poder, son capaces de rematar bancos públicos, vaciar el Estado y seguir endeudando a la Provincia en silencio, aun cuando Buenos Aires atraviesa un verdadero baño de sangre, sin obras, sin inversiones y cada vez más hundida en el deterioro.

La diferencia entre modelos es nítida: mientras La Libertad Avanza impulsa el orden fiscal, la transparencia y un programa para reconstruir el país desde la responsabilidad, el acuerdo de Kicillof vuelve a demostrar que su prioridad no es la Provincia sino su campaña política, incluso si eso significa hipotecar el futuro de millones de bonaerenses.

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Julián Sayago
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