Irán detiene a Narges Mohammadi, mujer opositora a la ley Sharía, ante el silencio del feminismo occidental
La activista iraní y ganadora del Nobel de la Paz 2023 fue arrestada en Mashhad durante un homenaje a un abogado de derechos humanos hallado muerto en circunstancias discutidas. Organizaciones internacionales denuncian golpes y maltratos y exigen su liberación. Mientras tanto, la reacción del “feminismo pop” en Occidente aparece fragmentada: hay pronunciamientos institucionales, pero poca movilización masiva.
La teocracia iraní volvió a hacer lo que mejor sabe hacer un Estado autoritario cuando alguien le discute el monopolio de la fuerza: callar a una disidente a golpes.
Este viernes 12 de diciembre de 2025, fuerzas de seguridad detuvieron de forma violenta a Narges Mohammadi, Nobel de la Paz 2023 y una de las voces más relevantes contra la represión del régimen. La Fundación Narges Mohammadi denunció que durante el operativo hubo “palizas, insultos y obscenidades” y que, tras la detención, no se informó oficialmente su paradero ni su estado de salud.
Qué pasó en Mashhad
Mohammadi fue arrestada en un acto conmemorativo por la muerte del abogado Khosrow Alikordi, fallecido el 5 de diciembre. La fiscalía local confirmó 39 detenidos y sostuvo que hubo consignas “contra el régimen” y “alteración del orden”, versión reproducida por agencias y medios regionales.
Según su abogada y organizaciones de derechos humanos, Mohammadi fue golpeada antes de ser trasladada. Se viralizó un video donde aparece sin velo —en desafío a la normativa obligatoria— y arengando con consignas patrióticas.
Quién es Narges Mohammadi y por qué el régimen la teme
El Nobel de la Paz 2023 le fue otorgado “por su lucha contra la opresión de las mujeres en Irán y por promover los derechos humanos y la libertad para todos”. El Comité Nobel detalló que fue arrestada 13 veces y condenada a un total de 31 años de prisión y 154 latigazos.
En 2024 había obtenido una salida por razones médicas (con antecedentes cardíacos), pero siguió denunciando abusos, pidiendo la liberación de presos políticos y un cambio democrático no violento; eso la volvió a poner en la mira. TIME
El régimen y la sharía: mujeres y disidencias como “enemigo interno”
La represión no es un exceso aislado: es un modelo de control social donde el Estado se atribuye el derecho de regular el cuerpo, la vestimenta y la vida privada. En Irán, el sistema penal basado en principios de sharía criminaliza conductas y aplica castigos severos, incluyendo sanciones extremas para relaciones entre personas del mismo sexo, documentadas por informes presentados ante mecanismos de la ONU.
Condena internacional… pero con volumen desigual
Hubo reacción inmediata de actores institucionales: el Comité Noruego del Nobel calificó el arresto como “brutal” y reclamó que Irán aclare el paradero de Mohammadi y la libere sin condiciones. La Unión Europea también pidió su liberación, mencionando su salud frágil.
Y un dato clave para la discusión sobre “silencios”: la Nobel Women’s Initiative —red liderada por laureadas del Nobel— condenó el arresto y lo definió como injusto y violento.
Entonces, ¿dónde entra la crítica al “silencio del feminismo occidental”? En un punto incómodo: el caso no parece haber generado, al menos por ahora, una movilización masiva comparable a otras causas impulsadas por el activismo feminista más mediático en redes, universidades y ONG-escena. Hay comunicados y apoyos, sí; pero el “ruido” público es menor, y eso alimenta la percepción de una indignación selectiva.
Dicho de otra forma: cuando el opresor es un Estado teocrático antioccidental, parte del activismo global reacciona tarde, poco o fragmentado; cuando el blanco es una democracia liberal, la condena suele ser inmediata y viral. No es una regla universal —porque hay feministas que sí están denunciando esto—, pero la asimetría existe y se nota.
La contradicción de fondo: o estás con la libertad, o estás con el poder
Mohammadi encarna una verdad simple que el progresismo institucional y sus consignas a veces evitan: el Estado —y más aún el Estado religioso— es un aparato de coerción. En Irán, esa coerción se aplica sobre todo contra mujeres, minorías y disidentes, con el lenguaje moral como excusa.
Para cualquier mirada liberal-libertaria, no hay zona gris posible: si te conmueve “el patriarcado”, no podés mirar para otro lado cuando un régimen de sharía encarcela, golpea y humilla a una mujer por hablar. El resto es marketing ideológico.
Compartí esta noticia