Tailandia: victoria de la derecha conservadora en zona de conflicto geopolítico entre EE.UU y China

La elección anticipada del 8 de febrero dejó un mensaje claro: la derecha/sector conservador volvió a imponerse. El partido del primer ministro Anutin Charnvirakul (Bhumjaithai) quedó primero en escaños y empujó a la defensiva al bloque “pro reformas”. Ahora se abre una etapa de negociación de coalición, con el telón de fondo de una región cada vez más condicionada por la injerencia china, el reacomodamiento de EE.UU. y el riesgo permanente de escalada en Taiwán.

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Qué se votó y qué salió

Se renovó la Cámara de Representantes (500 bancas) y, en simultáneo, hubo un referéndum para habilitar el inicio de un proceso de nueva Constitución (en reemplazo de la carta de 2017, nacida bajo tutela militar).

En el conteo preliminar, Bhumjaithai quedó al frente con alrededor de 193 escaños, pero sin mayoría propia (251), por lo que deberá armar coalición. Detrás quedaron el People’s Party (progresista/pro-reformas) con 118 y Pheu Thai (vinculado al universo Shinawatra) con 74, en una performance muy por debajo de lo esperado.

En el referéndum, cerca de 60% apoyó habilitar el proceso para una nueva Constitución: un dato clave, porque muestra que la sociedad quiere cambios institucionales, aun cuando en las urnas haya priorizado “orden/estabilidad”.

Quién estaba antes y por qué se llegó a esta elección

Anutin ya era primer ministro y apostó a plebiscitar su gestión en una elección anticipada tras disolver el Parlamento en diciembre, en un clima de tensión política y economía con señales de fatiga. Anutin llegó al cargo con un gobierno minoritario luego de que su antecesor fuera removido (un patrón habitual en la política tailandesa: tribunales, disoluciones partidarias, crisis de coalición).

En campaña, Bhumjaithai jugó fuerte con nacionalismo y seguridad, capitalizando el clima por tensiones fronterizas con Camboya y la sensación social de “basta de inestabilidad”. Esa fue la gasolina del comeback conservador.

EL primer ministro Anutin Charnvirakul con el presidente Trump

Cómo queda el tablero ahora

  • Ganador: Bhumjaithai (conservador/realista, maquinaria provincial y alianzas tradicionales).
  • Perdedor principal: el bloque pro-reformas progresistas de centro izquierda (People’s Party), fuerte en jóvenes y ciudades.
  • Pheu Thai: más de izquierda, debilitado, pierde centralidad como polo dominante.
  • Lo inmediato: negociación para una coalición que le permita a Anutin sostener el gobierno; el mercado leyó “más estabilidad” y hubo reacción positiva en activos tailandeses.

El gran dilema de Bangkok no es un slogan de campaña: es sobrevivir entre dos imanes.

China, Taiwán y la geopolítica: el punto ciego de Occidente

  1. Injerencia china (económica y política):
    China es socio comercial clave en la región y su peso se siente en inversión, turismo, cadenas de suministro y presión diplomática. Eso reduce el margen real de maniobra de cualquier gobierno tailandés, más todavía si es conservador y prioriza “orden” antes que choque frontal.
  2. La postura ante un conflicto por Taiwán:
    Tailandia, como gran parte del Sudeste Asiático, tiende a la ambigüedad estratégica: sostener formalmente políticas tipo “una sola China” (en versión diplomática) y, al mismo tiempo, pedir “moderación” y evitar quedar alineada en un choque abierto. Para ASEAN, una guerra por Taiwán sería un desastre regional (economía, rutas marítimas, seguridad).
  3. Qué puede cambiar con esta victoria:
    Un gobierno encabezado por Bhumjaithai probablemente busque previsibilidad y “no problemas” con Beijing, sin romper con EE.UU. (cooperación militar e interés occidental en el Indo-Pacífico). La traducción práctica: más pragmatismo, menos épica reformista y mayor foco en estabilidad interna para no exponerse en el tablero externo.

Estabilidad con factura pendiente

La paradoja tailandesa queda servida: el votante pidió gobernabilidad, pero el referéndum sugiere que también quiere reset institucional. Si Anutin arma una coalición robusta, puede ganar tiempo; si la coalición se vuelve un bazar de cargos, el país vuelve al ciclo conocido: crisis, calle, justicia, y otra vuelta de tuerca.

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