Séptimo día de movilizaciones: el estallido policial en Santa Fe se estableció y apunta a endurecerse en toda la provincia

Mientras el gobierno de Maximiliano Pullaro endurece la respuesta y anuncia pases “a disponibilidad” con retiro de arma y chaleco, las bases policiales y sus familias sostienen la protesta: cortes, sirenazos y réplica en múltiples localidades. La crisis, que empezó a cocinarse días atrás, terminó de explotar en Rosario y saltó al plano nacional.

patrulleros reclamos

De un reclamo subterráneo a una escena imposible de ocultar

Lo que en los primeros días circuló con más fuerza por redes, grupos internos y medios digitales —con denuncias de “cobertura parcial” centrada en la versión oficial, según manifestantes— terminó chocando contra la realidad del territorio: patrulleros concentrados, sirenas constantes, cortes de calle y familiares reclamando frente a la Jefatura. Hoy, con la historia ya instalada en medios nacionales como TN, C5N e Infobae, la estrategia de bajar el volumen dejó de funcionar.

La escena más potente volvió a repetirse sobre Ovidio Lagos, frente a la sede de la Unidad Regional II: protesta ruidosa, corte, móviles encendidos y un reclamo que no encuentra interlocutores políticos reales.


La respuesta oficial: “línea roja” y castigo ejemplificador

El ministro Pablo Cococcioni confirmó que “cerca de 20” policías serían pasados a disponibilidad, con retiro de arma y chaleco, y que se coordinó con el Ministerio Público para investigar posibles delitos. También sostuvo que en la protesta se intentó impedir la salida de móviles y que unas 20 unidades quedaron paralizadas frente a la Jefatura.

En paralelo, Ministerio Público de la Acusación abrió una investigación vinculada a la posible falta de prestación de servicios durante la protesta, mientras el Ejecutivo provincial insistió con la idea de “abandono de servicio”.

El punto político de fondo es delicado: el gobierno intenta separar “reclamo legítimo” de “acciones ilícitas”, pero eligió una salida de disciplina antes que una mesa de negociación visible con voceros de la fuerza.


Rosario: corte en Ovidio Lagos, sirenazos y un diálogo que no llega

En la puerta de la Jefatura, los interlocutores del reclamo —entre ellos Gabriel Sarla— relataron que fueron recibidos por una funcionaria de segunda línea, sin reunión con el ministro, y que el corte se mantuvo.

La dimensión del despliegue también creció: se reportaron cientos de agentes concentrados, decenas de patrulleros y motos, con sirenas encendidas como forma de presión pública.


La protesta se provincializa: del sur al norte, y aparece el factor “alianzas”

El conflicto ya no es un episodio aislado en Rosario. Hubo manifestaciones en la capital provincial y en otras ciudades, con participación de personal policial activo y retirado, del Servicio Penitenciario y familiares. En Santa Fe capital, por ejemplo, se registraron cortes alrededor de Casa de Gobierno y traslados para identificación con retiro de armas/chalecos, según reportes periodísticos.

Además, la lista de localidades con movilizaciones se amplió (Rafaela, Reconquista, Vera, Tostado, Melincué, Casilda, Villa Constitución, entre otras) y en algunos puntos se mencionó acompañamiento de docentes y otros trabajadores estatales, un dato que podría transformar un reclamo sectorial en un frente más amplio contra el Ejecutivo provincial.


Entra la Nación: coordinación y refuerzo del patrullaje

Con la tensión en aumento, el gobierno provincial admitió coordinación con el Ministerio de Seguridad Nacional y la posibilidad de reforzar patrullaje con fuerzas federales, en diálogo con Alejandra Monteoliva.

No es un dato menor: cuando la seguridad pública queda “en discusión”, el costo político se dispara y el margen para la dilación se achica.


Pullaro en su peor momento: el Estado como patrón y una bomba institucional

El oficialismo provincial —Unidos, el “partido del Estado disfrazado de distintos colores” (radicales, socialistas y aliados)— apuesta a que el miedo a perder el trabajo fracture la protesta. Pero el mensaje que emerge desde las bases va en otra dirección: “con estos sueldos y este trato, ya no hay nada que perder”. Esa percepción, más que una consigna, es el síntoma de un vínculo roto entre conducción política y tropa.

El dilema es claro: si el gobierno cede, teme el antecedente; si sólo castiga, alimenta la escalada. Y mientras se juega esa pulseada, la sociedad queda atrapada en el peor escenario: policías al límite, conducción cerrada al diálogo visible y una provincia que depende de que todo “no se desmadre”.

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