Programa Eureka: un millón por proyecto, ideología en cuotas y jóvenes subsidiados de la mano de Pullaro
¿Qué hace el Estado provincial de Santa Fe con la plata de todos y qué modelo de sociedad intenta construir? Esta vez, aparece bajo el nombre amable de “Eureka: ideas que transforman”, es un programa que promete financiar con hasta $1.000.000 por proyecto iniciativas de jóvenes de entre 15 y 29 años.
Una juventud vinculada a la política desde la dependencia y no desde el compromiso genuino.
Plata pública para lo que el Estado no hace
Desesperados por rentar militancia, el estado provincial de Santa Fe promete 1 millón por proyecto para que se haga el trabajo del municipio: el esquema es claro: grupos de jóvenes presentan proyectos sociales y el Estado los financia. Actividades culturales, intervención en barrios, propuestas de “impacto social”.
Se abre un interrogante inevitable: ¿No es eso, justamente, lo que deberían estar haciendo los municipios y el propio gobierno?
Porque si hay problemas de integración, de violencia o de abandono urbano, la respuesta institucional debería ser política pública seria y profesional, no delegar esas tareas en grupos de jóvenes financiados de manera puntual.
Se corre el eje: el Estado deja de ejecutar y pasa a subcontratar participación juvenil con fondos públicos.
Ideología disfrazada de participación
El programa no se presenta como educativo, pero apunta directamente a jóvenes, muchos de ellos en edad escolar, con ejes como “ciudadanía”, “inclusión” y “transformación social”.
Conceptos amplios, difíciles de cuestionar… y también fácilmente moldeables desde una mirada ideológica.
No hace falta que haya consignas partidarias explícitas para que exista orientación. La selección de temas, los criterios de evaluación, el enfoque de los proyectos: todo eso configura una forma de ver el mundo.
Y ahí aparece la una grieta: ¿Se está promoviendo participación genuina o se está formando pensamiento alineado bajo financiamiento estatal?
Jóvenes subsidiados y la educación en segundo lugar
Hay otro punto que incomoda y que pocos quieren decir en voz alta: el mensaje que baja este tipo de políticas.
En lugar de incentivar estudio, formación técnica o inserción laboral, el Estado propone otra lógica:
-organizar un proyecto social y recibir financiamiento público.
Aunque formalmente no sea un “sueldo”, el incentivo económico existe. Y con él, el riesgo de instalar una cultura donde la salida no es producir ni trabajar, sino gestionar y depender de recursos del Estado.
No es menor en un país con problemas estructurales de empleo joven.
Un gasto discutible en tiempos difíciles
En un contexto económico complejo dentro de la provincia de Santa Fe, dónde las deudas crecen más y más, donde sobran las urgencias y prioridades como infraestructura, seguridad, educación real, destinar millones a este tipo de programas plantea una discusión legítima.
Cada peso que se asigna a este esquema es un peso que no va a otra área crítica. Y porque, más allá del marketing político, el impacto real de estos proyectos suele ser limitado y difícil de medir.
El fondo del asunto
“Eureka” no es solo un programa juvenil. Es una señal.
Un Estado que:
- financia iniciativas en lugar de ejecutar políticas estructurales
- promueve participación con sesgo discursivo
- y corre el eje del esfuerzo individual hacia la lógica del subsidio
La discusión no es si los jóvenes deben participar.
La discusión es cómo, para qué y con qué valores detrás.
Porque entre “ideas que transforman” y políticas que forman dependencia, hay una línea mucho más fina de lo que parece.
En ese sentido, no pasa desapercibido que dentro del propio espacio político del gobernador exista una lógica donde muchos jóvenes participan y militan a cambio de ingresos mínimos o incentivos económicos, más que por convicción o vocación pública. Esa práctica, lejos de representar un valor a promover, plantea un modelo preocupante: el de una juventud vinculada a la política desde la dependencia y no desde el compromiso genuino. Y justamente, eso es lo que no debería extenderse ni fomentarse desde el Estado.
