19 de abril: Concord, 1775 – Cuando el pueblo le dijo basta al Estado

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Retrato de la Batalla de Lexington y Concord 1775

Hoy se conmemora uno de los momentos fundacionales no solo de los Estados Unidos, sino del ideal moderno de libertad individual: la Batalla de Lexington y Concord. En esta fecha, en 1775, ciudadanos armados —granjero, herreros, comerciantes— se alzaron en armas contra el ejército del Imperio Británico, no por ambiciones imperiales ni por intereses económicos de élites, sino por algo más simple y profundo: el derecho a vivir libres.

Durante años, las colonias americanas habían soportado una creciente carga de medidas impositivas y controles sin representación. El Parlamento británico imponía leyes como el Stamp Act (1765), el Townshend Act (1767) y el infame Tea Act (1773), que obligaban a los colonos a pagar tributos sin haber elegido a quienes los dictaban. “No taxation without representation” no fue un simple lema: fue la defensa de un principio libertario elemental. Sin representación legítima, ningún impuesto es justo. Y si el Estado puede quitarte tu dinero sin tu consentimiento, eventualmente también querrá quitarte tus armas y tu libertad.

Eso intentaron los británicos aquel abril de 1775, cuando enviaron tropas a Concord para incautar los depósitos de armas y pólvora que los colonos habían reunido en previsión de una escalada represiva. El objetivo era claro: desarmar al pueblo para impedir su capacidad de resistencia. Pero el pueblo dijo no. Y lo hizo con pólvora y plomo.

El primer disparo en Lexington fue seguido por una resistencia feroz en Concord. No se trató de un ejército regular, sino de milicianos voluntarios, ciudadanos libres que entendieron que el monopolio de la fuerza en manos del Estado es la antesala del sometimiento.

Ese “disparo que se oyó en todo el mundo” fue más que el inicio de una guerra. Fue la afirmación de que ningún gobierno, por poderoso que sea, tiene el derecho de pisotear la soberanía del individuo.

Hoy, cuando muchos Estados siguen usando la excusa del orden, la seguridad o el “bien común” para expandir su control, Concord sigue siendo un símbolo vivo. Un recordatorio de que la libertad no se delega ni se negocia: se ejerce y se defiende.

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