Tierra del Privilegio: los protegidos del sur protestan porque quieren que sigas pagando más caro
📉 Baja de impuestos, enojo de los privilegiados
El gobierno nacional decidió avanzar con una baja impositiva clave para devolverle poder de compra a los argentinos. Por un lado, se eliminaron los impuestos internos (del 9 al 0%) sobre productos electrónicos como celulares y televisores, lo que abarata incluso los productos ensamblados en Tierra del Fuego. Por otro, se comenzó a flexibilizar la importación de estos productos, terminando con un esquema que encarecía artificialmente los precios para proteger negocios locales cerrados a la competencia.
¿Resultado? Más libertad de elección y productos más baratos para todos los argentinos. Pero la reacción no se hizo esperar: sindicalistas y empresarios fueguinos salieron a la calle a protestar porque, en su lógica, que los argentinos accedan a productos más económicos amenaza su negocio.
En lugar de adaptarse, innovar o competir, los beneficiarios de este régimen caduco eligieron victimizarse y amenazar con un paro por tiempo indeterminado. Pero lo irónico —y revelador— es que el paro que impulsan terminará acelerando su propia desaparición.
⚠️ Un paro que acelera el cambio
Mientras no ensamblen, más productos importados entrarán, a menor precio y sin la carga de ineficiencias sindicales. El efecto será inmediato: los consumidores migrarán rápidamente hacia lo que puedan conseguir más barato y con mejor calidad. En otras palabras: se están clavando su propio puñal.
Este tipo de reacciones no es nueva. En el año 1973 el sindicalismo argentino se opuso activamente a la llegada de la televisión a color, argumentando que eso afectaría a los trabajadores de la industria nacional. El resultado fue un país aislado, atrasado y condenado al sobreprecio.

¿Cuál es el límite de esta lógica absurda? Si fuera por ellos, estaríamos hoy picando rutas con pala y cincel para generar «empleo» y prohibiendo la maquinaria por ser demasiado eficiente. Bajo la excusa de proteger al trabajador, terminan empobreciendo a todo un país y manteniéndolo atado a estructuras que solo benefician a unos pocos amigos del poder.
📉 ¿Y qué se pierde?
Lo que pierde la Argentina es poder de compra y eficiencia productiva. Si pagás $800 mil por un celular que afuera cuesta $500 mil, estás desperdiciando plata que podrías destinar a consumo, inversión o ahorro. Esos recursos se pierden en una cadena de sobrecostos artificiales que solo beneficia al sur protegido.
🔍 Ya lo explicaba Ludwig von Mises en La acción humana:
“El proteccionismo enriquece a unos pocos a expensas de la mayoría, distorsionando los precios y frenando el progreso económico general.”
“La libertad de comercio no solo baja precios, sino que redistribuye recursos hacia donde son más útiles para el consumidor.”
🚧 Reforma laboral: la otra deuda pendiente
Nada de esto puede cambiar si seguimos atados a un sistema laboral obsoleto, caro y judicializado. El modelo fueguino sobrevive no solo por beneficios fiscales, sino por convenios impagables, amenazas de paro y el costo político de enfrentarse a gremios eternizados. Sin reforma laboral integral, la Argentina seguirá con una economía bloqueada y sin acceso a empleos reales.
🧨 El cambio es inevitable
Hoy los sindicalistas y empresarios del sur se resisten, pero el país entero ya no está dispuesto a bancar más privilegios. Los argentinos entendieron que el “modelo industrial” de Tierra del Fuego es, en realidad, un sistema de transferencia forzada de ingresos desde el trabajador común hacia unos pocos que viven del proteccionismo estatal.
🇦🇷 Basta de cazar en el zoológico
Es momento de liberar al país de estas cadenas. Dejar atrás los “modelos” que favorecen a castas empresariales y gremiales disfrazadas de defensores del trabajo. Lo que en realidad defienden es su zona de confort, no el bienestar del trabajador ni el desarrollo del país.
El futuro está en la libertad de comercio, la competencia sana y la productividad, no en seguir inflando negocios artificiales para que algunos vivan del esfuerzo de todos.
