Firmat y el doble ajuste: más plata para la política, menos para la gente
Mientras los vecinos de Firmat enfrentan problemas estructurales como el abandono barrial, el desempleo, la drogadicción o la falta de oportunidades para los jóvenes, el Estado municipal sigue eligiendo mirar hacia adentro. Los presupuestos 2024 y 2025 de la Municipalidad no sólo muestran un gasto creciente, sino que profundizan una lógica perversa: sostener una burocracia cara, improductiva y alejada de las prioridades reales de la población.
Gasto creciente, prioridades invertidas
En 2024, el presupuesto fue de $6.926 millones, de los cuales más del 44% se destinó a sueldos del personal. También destacaron partidas difíciles de justificar:
- $131 millones en honorarios profesionales
- $15 millones en publicidad
- $4,7 millones en viáticos
En contraste, los programas sociales y de salud (asistencia, subsidios y atención médica) apenas recibieron $177 millones, menos del 3% del total.
Pero lejos de corregir ese desequilibrio, el presupuesto 2025 lo profundiza:
- $475 millones al Concejo Municipal, de los cuales el 90% es para sueldos
- $412 millones en honorarios profesionales (sin desglose de destinatarios)
- $34,9 millones en publicidad institucional
- $11,9 millones en viáticos
El contraste con los gastos en problemáticas urgentes es obsceno:
- Apenas $23,4 millones para adicciones
- Casi nulos recursos para inclusión juvenil y salud mental
Obras públicas con olor a sobreprecio
El presupuesto 2025 también incluye montos llamativos para obras públicas:
- $120 millones para iluminación de la Ruta 93
- $150 millones para la remodelación del Galpón del Pueblo
- $140 millones para el ingreso al Área Industrial
Valores que, según referentes locales, superan ampliamente los precios de mercado, alimentando la sospecha de sobreprecios, contrataciones amañadas y clientelismo.
¿La solución es gastar mejor? No: es devolver el dinero a los vecinos
Desde El Liberador, creemos que el verdadero problema no es solo la mala administración, sino la existencia misma de un aparato estatal que decide, sin control ciudadano real, cómo usar el fruto del trabajo ajeno.
No se trata de pedirle al Estado que gaste «mejor», sino de que gaste menos, y que se transparente cada peso para que los vecinos puedan exigir y decidir. Porque mientras el presupuesto siga en manos de una elite política que se asigna sueldos, honorarios y viáticos, la economía local seguirá siendo absorbida por una estructura improductiva que ahoga la iniciativa privada.
El mercado libre, con vecinos empoderados y recursos en manos de quienes los generan, siempre asignará mejor los recursos que un Estado que reparte discrecionalmente según intereses políticos. Solo achicando el gasto estatal y reduciendo su injerencia, Firmat podrá comenzar a liberar su economía y salir del letargo que impone el estatismo.
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