Nazismo 4.0: el terrorismo antijudío legitimado por el discurso progre y la «Causa Palestina»
El brutal asesinato de dos jóvenes diplomáticos israelíes frente al Museo Judío de Washington no fue un hecho aislado, sino el síntoma más reciente de una peligrosa ola de antisemitismo global alimentada por discursos que demonizan al Estado de Israel y banalizan el terrorismo islámico radical que prolifera por todo Medio Oriente.
Las víctimas, Yaron Lischinsky (30) y Sarah Milgrim (26), ambos empleados de la Embajada de Israel en Estados Unidos, fueron abatidos a tiros por Elías Rodríguez, un activista de 31 años oriundo de Chicago, mientras salían de un evento cultural. Rodríguez gritó “¡Palestina libre!” al ser detenido y confesó haber actuado “Por Gaza”.
El atacante, vinculado previamente a movimientos de izquierda radical, se había radicalizado tras años de exposición a retóricas antiisraelíes. Una publicación en redes sociales atribuida a él, titulada “Escalar por Gaza, traer la guerra a casa”, acusa a Israel de genocidio y concluye con “Palestina libre – Elías Rodríguez”.

Este ataque fue calificado como un acto de terrorismo antisemita por líderes judíos y autoridades internacionales. La comunidad judía de Washington expresó su profunda conmoción, y líderes políticos de diversas naciones condenaron el atentado.
El caso de Washington ejemplifica cómo la demonización de Israel y la tolerancia hacia discursos que justifican el terrorismo pueden traducirse en violencia real. Es imperativo que las sociedades democráticas reconozcan y enfrenten esta amenaza creciente, reafirmando su compromiso con la verdad.
Este trágico episodio no es simplemente una tragedia aislada, sino un llamado de alerta para quienes aún dudan del impacto tangible que tiene la narrativa de odio disfrazada de causa política. Cuando se normaliza la retórica que equipara la legítima defensa de una nación con crímenes de guerra, cuando se romantiza el extremismo como «resistencia», se siembra el terreno fértil para que individuos como Rodríguez pasen del activismo incendiario a la acción criminal. Las palabras importan, y las consecuencias están a la vista: sangre inocente derramada en nombre de una ideología que exime al fanatismo de toda culpa.
Hoy más que nunca, se impone la necesidad de desmontar los relatos que banalizan la violencia terrorista y que convierten a Israel en un chivo expiatorio de agendas ideológicas. No es progresismo ni justicia social justificar o silenciar el odio antisemita bajo la excusa del conflicto en Medio Oriente. Lo que está en juego no es una discusión geopolítica, sino los valores fundamentales de la civilización occidental: la libertad, la verdad y la defensa de la vida. Que el sacrificio de estas jóvenes víctimas no sea en vano, y que nos encuentre del lado correcto de la historia.
