Polémica en torno a la reinauguración del Aeropuerto de Rosario: acusan obras inconclusas y falta de transparencia
El proyecto original de la nueva terminal fue licitado hace varios años con la expectativa de construir un edificio moderno y funcional que ampliara la capacidad operativa del aeropuerto. Denuncian que solo se inauguró una pequeña parte.
La reciente reinauguración de la pista y de un sector de la nueva terminal del Aeropuerto Internacional Islas Malvinas desató una fuerte controversia tanto en las redes sociales como en las calles de Rosario. Lo que debía ser presentado como un hito de modernización terminó convirtiéndose en un debate sobre la calidad de gestión de la obra y una presunta falta de transparencia, a partir de modificaciones al proyecto original que nunca fueron explicadas públicamente. En el centro de la discusión, usuarios, periodistas y dirigentes opositores cuestionan que se haya inaugurado apenas una fracción de lo que había sido anunciado como una terminal completamente nueva, con seis mangas y una infraestructura de gran escala.
La historia de esta obra pública es larga y sinuosa. El proyecto original de la nueva terminal fue licitado varios años atrás, con la expectativa de construir un edificio moderno y funcional que ampliara la capacidad operativa del aeropuerto y potenciara su conectividad nacional e internacional. Según documentos oficiales de la provincia de Santa Fe, la obra fue adjudicada originalmente a una unión transitoria de empresas integrada por EDECA S.A., PECAM S.A. y DINALE S.A., por un monto cercano a 940 millones de pesos, para ejecutar una terminal de 11.500 metros cuadrados.

Desde el inicio, el proyecto sufrió detenciones recurrentes. Cada cambio de administración trajo consigo revisiones, ajustes presupuestarios y replanteos técnicos. A ello se sumaron las crisis económicas y la irrupción de la pandemia de COVID-19, que paralizó gran parte de las obras públicas en el país. A pesar de ello, las empresas contratistas mantuvieron durante años personal y equipos en el obrador para evitar el abandono total del emprendimiento. Medios locales documentaron estas idas y vueltas, marcadas por largos períodos de parálisis y avances intermitentes.
Sin embargo, la indignación de muchos rosarinos se disparó cuando quedó en evidencia que nunca se comunicó de manera clara y oficial que el proyecto original había sido modificado de forma sustancial ni que, en lugar de concluir la terminal completa, se optó por finalizar y habilitar solo una parte.
“Y permanentemente ocultaron esta situación a todos”, afirmó el usuario de X (ex Twitter) @tinchoxx Martín, en diálogo con El Liberador. “Nunca dijeron que iban a inaugurar un tercio del edificio”, agregó. También remarcó que la pista fue repavimentada y no construida desde cero, como se dejó entrever en la comunicación oficial.
Lo que efectivamente se reinauguró corresponde, en lo esencial, al alero de ingreso y a un edificio de interconexión entre las estructuras existentes y la nueva terminal. Este esquema no figuraba en el masterplan original, sino que habría sido incorporado en alguna de las múltiples modificaciones al contrato, las cuales tampoco fueron difundidas públicamente.
Distintos actores del ámbito público y privado señalaron que no existe un documento accesible donde se detallen las adendas, los nuevos planos aprobados, los certificados de obra o los datos técnicos de los cambios acordados. Ese vacío de información alimenta la desconfianza.
Incluso medios de la ciudad y periodistas locales se hicieron eco de la situación, señalando que la nueva terminal “no está terminada”, subrayando la ausencia de los 11.500 metros cuadrados originalmente previstos y de varios servicios que debían formar parte de la infraestructura aeroportuaria.
“Para muchos, esto no es solo un problema funcional, sino también político: inaugurar una obra a medio hacer equivale a mostrar como logro algo que aún no se concretó en su totalidad”, explicó el mismo usuario de X a este medio.
La polémica se amplificó con una intervención artística instalada en el nuevo sector: un mural que muestra a Lionel Messi y Ángel Di María con la camiseta de la Selección Argentina y un rosario colgando. En redes sociales, numerosos usuarios calificaron la obra como “de muy mal gusto” e inapropiada para un aeropuerto internacional. La controversia creció cuando se supo que la iniciativa fue impulsada por el director del aeropuerto, oriundo de la localidad santafesina de Serodino, cuyo nombre incluso aparece inscripto en la camiseta pintada. Para muchos, esto fue leído como una intervención personalista.

El episodio también reavivó una tensión histórica: la insistencia en rotular el aeropuerto como “de Santa Fe” en paredes y cartelería, cuando se trata del aeropuerto de Rosario, ciudad que, además, convive con la terminal de Sauce Viejo en la capital provincial. Para muchos rosarinos, esta ambigüedad refuerza la sensación de apropiación política de una infraestructura estratégica.
La falta de claridad oficial sobre qué se terminó realmente y qué quedó pendiente es uno de los puntos más cuestionados. Hasta ahora, ni el Gobierno provincial ni el ente administrador del aeropuerto publicaron un informe detallado que explique por qué se modificó el proyecto original, cuáles fueron los criterios técnicos y financieros para reducirlo, o si existen plazos y compromisos para completarlo. Tampoco se informó si las modificaciones contractuales fueron debidamente aprobadas ni bajo qué condiciones.
Esta opacidad contrasta con los principios de transparencia que deberían regir las obras públicas de alto impacto social y económico.
En este contexto, diversos sectores políticos comenzaron a exigir explicaciones e incluso evalúan impulsar pedidos de informes al Gobierno del gobernador Maximiliano Pullaro. Desde la oposición, no solo cuestionan el resultado material de la obra, sino también la estrategia comunicacional del oficialismo: inaugurar una parte y presentarla como un todo sería, para ellos, una forma de construir una narrativa positiva sin enfrentar las críticas que genera la incompletitud.
Más allá de los discursos y de las disputas políticas, una cosa es indiscutible: Rosario necesita un aeropuerto acorde a su tamaño y a su rol logístico y económico, como segunda ciudad del país. Un aeropuerto capaz de atraer más vuelos, mejorar su conectividad y cumplir, algún día, con el masterplan que fue prometido y que todavía sigue inconcluso.
