¿Quién fue El Mencho Oseguera Cervantes? De policía rural al monstruo más sanguinario entre los narcos
La historia del capo que rompió todos los códigos de la mafia, construyó campos de exterminio y declaró la guerra al Estado, abatido finalmente por la presión de Trump
Nemesio Oseguera Cervantes no nació monstruo. Se hizo. Y lo hizo con una sangre fría que ni los propios narcos tradicionales podían comprender. Lo que comenzó como la historia del mexicano pobre deportado de Estados Unidos terminó convirtiéndose en el ascenso más vertiginoso y despiadado del crimen organizado moderno. El hombre que murió el 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco, no solo construyó el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG): lo hizo a base de traiciones, campos de exterminio y una violencia tan extrema que convirtió la crueldad en su marca de poder.
Este no es el relato complaciente de la prensa «progresista» que hablará de «complejidades sociales». Aquí no hay víctimas de la sociedad, hay depredadores que eligieron el mal consciente y metódicamente. Y en ese panteón de psicópatas organizados, «El Mencho» se destacó por ser el más despiadado, aquel que ni siquiera respetó los códigos mafiosos que otros criminales se atrevían a quebrar.
Los orígenes: de Naranjo de Chila al infierno californiano
Nació el 17 de julio de 1966 en Naranjo de Chila, Aguililla, Michoacán, esa «Tierra Caliente» que ha vomitado tantos criminales como el propio infierno.
La zona, dominada por la violencia criminal desde siempre, fue su escuela de vida. Pero a diferencia de otros capos que se quedaron en la sierra, Oseguera Cervantes entendió que el narcotráfico necesitaba profesionalizarse.
Su primer error grave lo cometió en Estados Unidos. En 1994, fue condenado en California a cinco años de prisión por conspiración para distribuir heroína.
Optó por declararse culpable para salvar a su hermano Abraham de cadena perpetua, quizás el último acto de lealtad que mostraría en su vida. Cumplió tres años y fue deportado en 1997, con una certeza: el negocio de la droga requería violencia extrema, pero sobre todo, inteligencia institucional.

El policía que aprendió a cazar policías
Lo que sigue es clave: en lugar de regresar directamente al narco, se infiltró en el sistema. Se convirtió en agente de policía en Cabo Corrientes y Tomatlán, Jalisco. sí, México aceptó como agente policial a un exconvicto por narcotráfico.
El hombre que años después ordenaría el asesinato de secretarios de seguridad, militares y políticos, primero aprendió los entresijos del Estado desde adentro.
Esta dualidad —policía y delincuente— es el sello de la nueva generación de narcos mexicanos. Son burócratas criminales que entienden cómo funciona la máquina estatal para destruirla desde dentro. Cuando abandonó la policía para unirse al Cártel del Milenio, lo hizo con un manual de procedimientos estatales en la cabeza.
En el Milenio, protegió a Armando Valencia Cornelio y luego se alió con Ignacio Coronel Villarreal («Nacho Coronel»), brazo derecho de «El Chapo» Guzmán en el Cártel de Sinaloa.
Manejó drogas, finanzas y sicariato para el cartel más poderoso del mundo. Pero aquí viene la primera gran traición que definiría su carrera.
La fractura del Cártel del Milenio que creó un monstruo
En 2010, el Cártel del Milenio se fracturó. Oseguera Cervantes lideró «Los Torcidos», que mutarían en el CJNG.
La “traición” al Cártel del Milenio no ocurrió como una escena única de cine, sino como una fractura interna después de las capturas de los Nava Valencia y la muerte de Ignacio “Nacho” Coronel, que dejó abierta una guerra por el mando en Jalisco, Nayarit y Colima: según el informe de Justice in Mexico, la facción de Érick “El 85” Valencia —respaldada por Nemesio Oseguera— fue la base del CJNG, mientras la facción rival, La Resistencia, buscó apoyo en La Familia Michoacana y luego en Los Zetas; el mismo informe incluso recoge el apodo de “Los Torcidos” como parte de la narrativa de “traición” (rumor de época, no hecho judicial probado). En esa pulseada hubo asesinatos y matanzas, pero sobre todo hubo una escalada de violencia pública para sembrar terror y marcar territorio: La aparición de 35 cuerpos en Boca del Río en 2011 y, semanas después, autoridades mexicanas atribuyeron al CJNG (bajo la fachada de “Matazetas”) una ola de asesinatos en Veracruz, en plena disputa contra Los Zetas. Esa combinación de alineamiento con la estructura de Sinaloa, capacidad armada y violencia de alto impacto es lo que explica cómo Mencho terminó ganando la interna y transformando una facción en un cartel con sello propio.
Pero la división no fue solo territorial: fue existencial. Mientras otros carteles mantenían ciertos códigos —respeto a familias, negociación con autoridades, límites a la violencia— El Mencho optó por la barbarie total como marca de fabricación.
En agosto de 2012, cuando las fuerzas intentaron capturarlo en Guadalajara, no negoció. Ordenó el cierre de toda la ciudad: decenas de narcobloqueos incendiados, caos absoluto, terror sistemático.
Ese día nació la leyenda del CJNG como fuerza de destrucción masiva.
Pero fue solo el comienzo.

Los hechos que convirtieron al CJNG en una máquina de terror
El poder de «El Mencho» no se explicó por el tráfico de drogas, sino por una política deliberada de terror que rompió todos los códigos de la mafia tradicional. Estos son los episodios que conmocionaron a México y revelaron su método:
El derribo del helicóptero militar (2015)
En mayo de 2015, durante la «Operación Jalisco», sus hombres derribaron un helicóptero Cougar del Ejército mexicano con un lanzacohetes RPG.
No fue un accidente: fue un mensaje de que el CJNG podía enfrentar militarmente a las Fuerzas Armadas. En pocas semanas, el grupo mató a más de dos decenas de policías. Demostración de capacidad militarizada y voluntad de desafiar al Estado de frente.

El atentado contra Omar García Harfuch (2020)
El 26 de junio de 2020, ordenó el ataque contra el secretario de Seguridad de Ciudad de México —a plena luz del día, con 600 disparos de fusiles de asalto en una zona de alto perfil.
Harfuch sobrevivió y acusó públicamente al CJNG. El mensaje era claro: nadie está fuera de alcance, ni siquiera los funcionarios de mayor rango en la capital del país.

Uruapan (2019): Terror como espectáculo
En agosto de 2019, en Uruapan, Michoacán, aparecieron 19 cuerpos en distintos puntos de la ciudad, parte de ellos desmembrados.
No era solo asesinato: era escenificación de terror. La violencia no solo mataba; comunicaba. Buscaba disciplinar rivales, aterrorizar a la población y mostrar dominio territorial sin límites.
Asesinato de juez y su esposa por extraditar a su hijo
En junio de 2020, y según reconstrucciones periodísticas que lo vinculan al CJNG como represalia por la extradición a EE. UU. de su hijo Rubén “El Menchito”, fue asesinado en Colima el juez federal Uriel Villegas Ortiz —que había intervenido en ese caso— junto a su esposa Verónica Barajas.
Videos virales: le arrancan el corazón vivo y lo comen para sembrar terror
Un caso que ilustra la lógica de brutalidad con la que el CJNG buscó imponer miedo fue la difusión, en agosto de 2020, de un video viral atribuido a sicarios del grupo y publicado por El Blog del Narco, donde se exhibe una agresión extrema contra una víctima presuntamente vinculada a un cartel rival en el que cortan a una persona viva, le arrancan el corazón y lo comen en vivo. Esa grabación, el episodio funcionó como parte de una estrategia de terror: convertir la crueldad en mensaje, intimidar enemigos y amplificar la reputación del cartel mediante el impacto psicológico.
El aterrador VIDEO donde sicario del Mencho se come el corazón de una víctima | El Blog del Narco
El «campo de exterminio» del Rancho Izaguirre (2025)
Entre los episodios más horrorosos, sobresale el hallazgo de marzo de 2025 en el Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco. Colectivos de búsqueda denunciaron la presencia de restos humanos calcinados y cientos de prendas y objetos personales en un sitio operado por el CJNG.
El caso expuso no solo la brutalidad del cartel, sino las graves fallas de las autoridades locales en la investigación. Aunque el sitio fue definido públicamente como un «campo de exterminio», la Fiscalía General advirtió que aún no había elementos concluyentes para esa calificación oficial mientras avanzaban los peritajes.
Meses después, la Justicia mexicana condenó a 10 hombres por un rancho operado por el CJNG para reclutamiento, asesinato y desaparición de víctimas.

La marca del terror: decapitaciones y brutalidad como método
El CJNG fue conocido por usar decapitaciones y formas extremadamente violentas de intimidación.
No como excesos aislados, sino como mecanismo de control organizacional. En expedientes judiciales de Estados Unidos, la organización es descripta —como alegación formal— como responsable de asesinatos, secuestros, ataques y actos de tortura sistemáticos.
El fin del fantasma: Tapalpa, 22 de febrero de 2026
Durante años, El Mencho fue un espectro. Se rumoreó su muerte en 2018, su enfermedad renal terminal, su ocultamiento en cuevas. La DEA elevó la recompensa de 10 a 15 millones de dólares en diciembre de 2024.
Pero nadie podía tocarlo.
Hasta que Trump lo decidió. Según el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, la inteligencia militar mexicana —con apoyo informativo de EE.UU. y la presencia de SEALs en territorio nacional— rastreó a un hombre de confianza que transportaba a «una de las parejas sentimentales» de El Mencho.
Lo siguieron hasta Tapalpa, donde el capo esperaba.
Lo que ocurrió después resume su legado: sus guardaespaldas abrieron fuego «muy violentamente» contra las Fuerzas Especiales mexicanas.
Oseguera Cervantes escapó a una zona boscosa, perseguido por militares. Cuando lo encontraron, estaba «escondido entre la maleza», gravemente herido junto a dos escoltas. Murieron los tres durante el traslado aéreo.
Su brazo derecho, Hugo «El Tuli», jefe financiero y coordinador de los 252 narcobloqueos que paralizaron 20 estados mexicanos en las siguientes 24 horas, fue abatido ese mismo día en El Grullo. Ofrecía 20,000 pesos por cada militar asesinado.
El SAT suspendió operaciones en Jalisco, Michoacán, Nayarit y Colima. Argentina, EE.UU., España y otros diez países alertaron a sus ciudadanos.
El legado: Cuando el monstruo sobrevive a su creador
La muerte de El Mencho produjo terror coordinado, no celebración. Esto demuestra lo que este diario sostiene desde siempre: el «descabezamiento» de narcos es táctica, no estrategia. El CJNG ya no era El Mencho: era una corporación criminal con células autónomas, lavado de dinero en centros comerciales y hoteles boutique, y una estructura que trasciende a cualquier individuo.
Pero hay algo más profundo. El Mencho representó la ruptura definitiva con los últimos resquicios de «códigos» mafiosos. No respetó familias, no negoció con el Estado, no mantuvo límites. Convirtió la violencia extrema —campos de exterminio, decapitaciones, ataques contra el Estado mismo— en su propia moneda de cambio. Y en ese sentido, ganó: obligó al Estado mexicano a militarizar el país, corrompió o aniquiló a autoridades locales, y exportó su modelo de terror a Centroamérica y EE.UU.
Un enemigo social forzado por la presión norteamericana
La muerte de El Mencho es buena noticia para México y para el mundo. Pero no es el resultado de una política de seguridad coherente del gobierno mexicano. Es el resultado de que Trump cumplió su promesa de tratar a los carteles como terroristas y actuar en consecuencia.
Sheinbaum enfrenta ahora una disyuntiva: puede seguir el camino de su antecesor y volver a la «contención» —lo que significa dejar que el CJNG se reconstruya— o puede aprovechar esta victoria forzada para cambiar de verdad. La historia reciente no da motivos para el optimismo: el CJNG ya demostró que puede operar sin El Mencho, sus estructuras financieras permanecen intactas, y el narcoterrorismo del 22 de febrero muestra que la bestia sigue viva.
Pero hay algo más importante: Trump va por más. La captura de Maduro y la muerte de El Mencho no son puntos finales, son aperturas. Los carteles mexicanos deben entender que la administración estadounidense ya no aceptará la pasividad mexicana como excusa para su impunidad.
El Mencho fue el narco más despiadado de la historia reciente porque entendió que la crueldad extrema es una herramienta de gestión. Pero encontró un límite que no esperaba: un presidente estadounidense que no negocia, no contiene, y no perdona. Esa es la verdadera lección de Tapalpa: cuando el Estado mexicano se niega a actuar, hay alguien más dispuesto a hacerlo.
Que Sheinbaum lo entienda: esta victoria no es suya. Y la próxima, si no cambia de rumbo, podría no requerir su autorización.
