Pueblo Esther y la vieja política: cuando pedir transparencia genera nerviosismo institucional

La reacción del Concejo Deliberante ante un simple pedido de informes expuso una práctica común de la vieja política a rendir cuentas.

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Pueblo Esther, Santa Fe – En la Argentina profunda, donde los intendentes se atornillan a los escritorios municipales y los concejos deliberantes funcionan como cajas negras, pedir transparencia parece un acto de subversión. En este contexto, el caso de Marcela Elena, candidata a concejal por La Libertad Avanza, desnuda no solo la falta de rendición de cuentas, sino también el reflejo nervioso y corporativo de una clase política que se resiste a ser controlada por los ciudadanos.

Todo comenzó cuando Elena ingresó personalmente al Concejo Deliberante de Pueblo Esther con un pedido de informes: quería saber cómo se proyecta el presupuesto 2025 del cuerpo legislativo local. Nada del otro mundo. Una solicitud legítima, registrada formalmente como Expediente N.º 87/2025, con el título: “Pedido de Información sobre Presupuesto del Concejo”. El pedido fue recibido por la secretaria Ad Hoc, Gabriela Biagini, quien –como si hablara del clima– le informó que “el Concejo no acostumbra a confeccionar presupuestos”. Palabras que sintetizan una cultura política oscura, sin controles, sin planificación, sin rendición.

El video con la denuncia fue publicado en redes sociales y generó revuelo inmediato. La reacción del oficialismo no fue brindar la información requerida. Fue mucho más previsible: emitieron un comunicado institucional para desacreditar a Elena, sin nombrarla, pero acusándola de mentir. Es decir, frente a un pedido legítimo de una ciudadana que hoy representa a cientos de vecinos cansados del silencio administrativo, la respuesta fue cerrar filas y atacar, con un texto lleno de vaguedades y sin entregar, hasta el día de hoy, el detalle de ingresos y gastos que se pidió.

“El Concejo respondió con el clásico manual de la política vieja: primero negar, después embarrar, y finalmente victimizarse. Pero nosotros no nos vamos a callar”, aseguró Elena en diálogo con El Liberador. “Vamos a seguir preguntando en qué gastan el dinero de los vecinos. Porque ese dinero no es de ellos, es de la gente”, remató.

Lo que debería ser normal en una república, pedir información pública, se vive como una provocación en muchos pueblos del interior. La política de pasillos y sellos húmedos aún domina en localidades como Pueblo Esther, donde los concejales se acostumbraron a funcionar sin control ciudadano ni transparencia presupuestaria. Y cuando alguien se atreve a correr el velo, las estructuras tiemblan.

El caso no es aislado. En decenas de municipios del país reina la opacidad. Presupuestos sin publicar, licitaciones sin competencia real, y cajas chicas que manejan pocos para beneficio de siempre los mismos. Lo que debería ser un derecho constitucional –el acceso a la información pública– se convierte en un campo minado, donde el que pregunta es “enemigo” o “mentiroso”.

La reacción institucional del Concejo de Pueblo Esther no fue solo una muestra de debilidad, fue una prueba clara del nerviosismo que genera una ciudadanía que empieza a despertar. Porque cuando alguien se anima a preguntar, se rompe el pacto tácito del silencio. Y ahí empiezan los temblores.

Desde El Liberador celebramos cada vecino que exige transparencia. Porque sin control ciudadano no hay república, solo feudos con wifi. Y si para lograr que rindan cuentas hay que incomodar, bienvenida sea la incomodidad.

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