El papelón del presidente del Concejo de Rafaela negando en vivo lo que él mismo firmó

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Rafaela – Lo que debía ser un espacio de debate respetuoso y serio terminó siendo un bochorno institucional, cuando el presidente del Concejo Municipal, Lisandro Mársico, se sacó de quicio y reaccionó a los gritos, entre risas sobradoras y chicanas, al verse expuesto por el candidato de La Libertad Avanza, Fabricio Dellasanta, quien venía denunciando con papeles en mano los gastos insólitos del Concejo.

Durante su intervención, Dellasanta reveló una serie de gastos innecesarios y escandalosos, como viáticos, suscripciones a diarios y revistas por casi 4 millones de pesos mensuales, entre otras erogaciones que —según él— “no le sirven a ningún rafaelino, pero sí a los políticos que viven de la teta del Estado”.

Cuando mencionó los viáticos, Mársico no aguantó la presión y saltó del asiento: empezó a gritar desaforado, negando la existencia de esos gastos. “¡Eso es mentira! ¡Acá no hay viáticos! ¡No te lo voy a permitir!”, gritó mientras los asesores que lo rodeaban se reían como si fuera una cargada de vestuario, sin importar que estaba rompiendo todas las reglas del debate. La intervención del público estaba prohibida, pero ni los moderadores pudieron frenarlo: Mársico siguió gritando y burlándose, como si estuviera en una tribuna, no en un debate democrático.

Lejos de achicarse, Dellasanta esperó su turno y redobló la apuesta. Sostuvo con firmeza que los gastos estaban escritos y firmados, y además agregó que el Concejo gasta casi 4 millones por mes en “diarios y revistas”. Mársico volvió a interrumpir a los gritos, negando que existieran diarios en el recinto. Pero la respuesta fue letal: Dellasanta sacó el presupuesto, lo mostró al público y leyó el nombre del propio Mársico en la firma. “Firmás cosas que ni sabés lo que dicen”, le espetó, generando una carcajada general entre los presentes… esta vez, no del lado del poder.

En ese momento, el recinto quedó en silencio. Ya no hubo risas ni interrupciones. Los concejales oficialistas, que al principio se burlaban, bajaron la mirada. Mársico, descolocado, no dijo una palabra más.

Cuando se les dice la verdad, se ponen como locos

El episodio dejó al descubierto la soberbia y el desprecio por la ciudadanía que tienen algunos políticos rafaelinos. Están tan acostumbrados a que nadie los cuestione, que cuando alguien les canta la justa se ponen como locos, gritan, se burlan y quieren silenciar al que los deja en evidencia.

Pero esta vez no pudieron. Dellasanta mostró que no solo conoce los números, sino que tiene el coraje de pararse solo frente a toda la casta local y decir lo que nadie dice: que el Concejo despilfarra la guita de la gente en gastos ridículos, concursos innecesarios y privilegios que no resisten ni una explicación.

Incluso el popular youtuber Típico Enojado levantó el escándalo en su canal, mostrando el debate y ampliando la investigación. Reveló, por ejemplo, que el Concejo gastó 2,5 millones de pesos en un simple concurso de fotografía, mientras los vecinos pagan tasas altísimas por servicios cada vez peores.

Se les acabó el recreo

Lo que pasó en Rafaela no es un caso aislado: la política vieja está nerviosa. Acostumbrados a firmar presupuestos que nadie lee, ahora tienen que enfrentar candidatos como Dellasanta, que no le debe favores a nadie y les canta las 40 en la cara. La reacción de Mársico fue la de alguien que se sintió tocado, no por una mentira, sino por una verdad incómoda.

Y esa verdad es que el dinero público no es de ellos, es de la gente, y que ya no alcanza con reírse o gritar para tapar los datos. El pueblo ya no se come el verso.

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