YPF: La expropiación patriótica que nos salió US$ 17.000 millones

ARCHI_822169

¡Ah, la soberanía energética! Esa bandera que agitó el kirchnerismo para convencer a millones de argentinos de que nos estaban salvando de los «malvados capitalistas españoles». La realidad, como siempre, era bastante menos heroica y mucho más costosa. Hoy, la patria se desayuna con una factura de más de 17.000 millones de dólares. Y como siempre, los que la levantaron con pala ya están retirados o cobrando otra dieta, y vos… vos estás poniendo la guita.

En 2012, Cristina Fernández de Kirchner y su joven estrella Axel Kicillof decidieron jugar a los revolucionarios del siglo XXI. Intervinieron YPF, expropiaron sin pagar, ignoraron el estatuto de la empresa y prometieron que no nos iba a costar un peso. «Los tarados son los que piensan que el Estado tiene que ser estúpido y comprar todo según la ley de la propia YPF», decía Kicillof desde su atril, con soberbia de profesor universitario y una fe ciega en que la realidad se puede nacionalizar también.

Spoiler: la realidad no se nacionaliza. La realidad es que había compromisos legales, estatutos y mercados internacionales. Y también había fondos como Burford Capital esperando que la torpeza argentina se convirtiera en un juicio millonario. Así fue: compraron los derechos de litigio por dos mangos, demandaron al Estado argentino en Nueva York y ganaron.

Ganaron porque tenían razón. Porque la Argentina violó las reglas. Porque Kicillof y compañía creyeron que ser soberano era hacer lo que se les cantaba sin consecuencias. Porque, en definitiva, el kirchnerismo siempre jugó a cambiar espejitos de colores por poder. Y ahora, como siempre, los que pagan son los giles del fondo, los contribuyentes, los que no tienen offshore ni jubilación de privilegio.

La jueza Preska de EE.UU. falló: US$ 16.090 millones a pagar. Y desde entonces, intereses. En 2025 ya se habla de más de US$ 17.000 millones. Dos millones de dólares por día cuesta la fantasía kicillofista de jugar al Che con empresa cotizante. Y si no pagamos, podrían quedarse con el 51% de YPF. Eso que supuestamente habíamos recuperado. Una genuflexión jurídica sin precedentes que se festejó como victoria nacional.

Milei hereda la bomba, como heredan todos los que no son parte del club del saqueo. Apelaciones judiciales, discursos encendidos y ninguna reunión con Burford. La política argentina tiene experiencia en eso: hablar fuerte para adentro mientras afuera nos hacen pelota.

La historia está llena de estas postales: gobiernos que hacen demagogia con la billetera ajena. El kirchnerismo fue más lejos: no solo saquearon, sino que convencieron a medio país de que eso era justicia social. Hoy nos queda el agujero, el juicio perdido y la lección más vieja del mundo: cuando el Estado se cree impune, los ciudadanos terminan pagando la cuenta.

Y como siempre, los K ya se fueron. Dejaron el quilombo armado, cobraron sus sueldos, sus jubilaciones, sus cajas. Ahora miran desde el palco y se indignan con los que vienen a ordenar el descalabro. Mientras tanto, la Argentina remata activos, negocia con buitres y hace equilibrio para no embargar hasta la bandera. Todo gracias a esos patriotas del saqueo que juraban que esto «no iba a costar un peso».

Nos salió 17.000 millones. Pero eh, la patria está recuperada. ¿No?

Vikingo logo
El Vikingo
+ posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *