La Revolución Americana de 1776 vs la Revolución Francesa ¿Y Argentina?

¿Y Argentina?
La Revolución Americana de 1776 versus la Revolución Francesa de 1789

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A finales del siglo XVII, tres grandes ideas sacudieron al mundo de esa época: la aparición del liberalismo, del nacionalismo y del socialismo.
Las tres ideas buscaban combatir las estructuras feudales remanentes y las monarquías absolutas que aún imperaban en el seno de Europa.

Las estructuras de clase aún subsistían al amparo de las monarquías absolutas de origen divino, hereditarias y consagradas por la Iglesia. Guerras de religión y de dominio habían mantenido a Europa en el atraso y la miseria, con una población estancada y con expectativas de vida y de bienestar similares a las de 1500 años atrás.

La consolidación de los «estados nacionales” constituye el marco dentro del cual se desarrollarán los acontecimientos históricos de los siguientes tres siglos.

Los primeros intentos de frenar el poder de los monarcas absolutos se dan en Inglaterra con la Carta Magna de 1215, que fue un tratado de paz entre Juan I de Inglaterra (apodado Juan Sin Tierra) y los barones ingleses, quienes se habían sublevado ante detenciones ilegales de sus enemigos políticos por parte del rey e impuestos confiscatorios.

A pesar de que el documento sufrió diversas modificaciones y presiones por parte de los subsiguientes monarcas, logró renovarse a lo largo de los años, hasta ser suplantado por nuevas leyes dictadas por el Parlamento.

La Carta Magna está considerada como el primer documento protector de los derechos individuales. Allí se objetaba el derecho divino de los reyes.

Posteriores monarcas, como Jacobo I o su hijo, intentaron prohibir la vigencia y discusión de la Carta Magna por parte del Parlamento, pero, al hacerlo, ambos sufrieron rebeliones por parte del pueblo.

En una de ellas, Cromwell decide ejecutar al rey Carlos I en el año 1640 y, posteriormente, en el año 1688, tiene lugar la llamada «Revolución Gloriosa», que tendría una gran repercusión sobre la suerte del mundo.

En esta Revolución, los nobles derrocan a Jacobo II y nombran, en su reemplazo, a Guillermo de Orange, bajo la condición de que se obligue a respetar una Carta de Derechos que protege a los nobles.

La influencia de la Revolución Gloriosa es tal que las 13 Colonias americanas, que declaran la Independencia en 1776 y dictan la Constitución de 1787, se inspiran en ella.

A pesar de que esta enumeración de derechos provenientes de la Revolución Gloriosa establece una serie de derechos entre el rey inglés y los barones (pero no los comunes), el documento fue considerado poderoso e icónico, además de fundador de derechos que llegan hasta nuestros días.

Este documento da fundamentos a la libertad del individuo frente a la autoridad arbitraria del déspota. Es así que la Revolución Gloriosa de 1688 consolida el poder del Parlamento y debilita aún más el poder del monarca.

Inspirada en John Locke y su libro «Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil», resalta la necesidad del «consentimiento del pueblo» como fuente de legitimidad.

El «Bill of Rights» o Declaración de Derechos de 1689, que le impone el Parlamento inglés a Guillermo de Orange como condición para poder suceder al depuesto Jacobo II, busca restablecer los derechos que habían sido conculcados por Carlos II y por Jacobo II.

Esta declaración de derechos, inspirada en John Locke, establece, entre otras cosas:

  1. El rey no puede crear o aprobar leyes sin aprobación del Parlamento.
  2. El rey no puede cobrar dinero para uso personal sin la aprobación del Parlamento.
  3. Es ilegal reclutar y mantener un ejército sin la aprobación del Parlamento en tiempos de paz.
  4. Las elecciones de los miembros del Parlamento deben ser libres.
  5. El Parlamento debe reunirse con frecuencia.

El Bill of Rights limita también el poder de la Iglesia mediante el «Toleration Act», que concede libertad religiosa a católicos y protestantes, consagra la libertad de culto y el derecho a abrir escuelas y acceder a la función pública sin importar la religión.

Ya en 1695 se agrega la «Libertad de Expresión» al listado de derechos, basada en el libro de Locke «Los dos tratados sobre el derecho civil».

Mientras el liberalismo se instala lentamente en Gran Bretaña y en los Estados Unidos, una segunda reacción contra los monarcas absolutistas tiene lugar en el corazón de Europa.

Aparecen el nacionalismo y el socialismo.

Ambas ideologías nacen de la mano de la Revolución Francesa y de su principal ideólogo, Jean-Jacques Rousseau.

Mientras en los Estados Unidos las 13 colonias se rebelan contra Jorge III por pretender cobrar impuestos sin otorgar derechos de representación en el Parlamento, en Francia la rebelión en contra de Luis XVI se basa, NO en consagrar los derechos del individuo, sino en cambiar el poder despótico del rey por el poder despótico de los Representantes del Pueblo, o sea, de la «Voluntad General».

La situación de Francia era diferente a la situación de Inglaterra. Francia tenía tradición de monarquía absoluta, acentuada por Luis XIV, llamado el Rey Sol e identificado por la frase «L’État c’est moi».

El rey gozaba de poder absoluto. Luis XIV explicaba que «el bien del Estado es la gloria del rey», y Luis XV afirmaba «Après moi, le déluge» o «La République c’est moi».

El rey francés no convocaba al Parlamento desde 1602, y es por ello que la convocatoria de 1789 sorprende al pueblo. Esta vez se convocó al clero y a los nobles (Segundo Estado), pero también a campesinos y artesanos (Tercer Estado).

Cuando Luis XVI, ahogado por las deudas —producto del apoyo financiero a las colonias americanas para librar la guerra en contra de Inglaterra y de la necesidad de financiar otras guerras europeas— convoca al Parlamento (Estados Generales), no sospechaba que estaba abriendo la tapa de la caja de Pandora, que acabaría finalmente con la monarquía.

Cuando el rey percibe la peligrosidad de la asamblea y la disuelve, el Tercer Estado se autoconvoca en una Asamblea General.

Esta Asamblea General se radicaliza a medida que los Jacobinos (extremistas) comienzan a imponer su poder sobre los Girondinos.

En 1791 le arrancan una Constitución al rey, pero los intentos del monarca de conspirar en contra de la Asamblea lo llevan a su ejecución en 1793.

La Convención Nacional, que reemplaza a la Asamblea, es más radical y sangrienta que la anterior.

De la «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano» de los girondinos de la Asamblea pasan al terror de la Convención. Rousseau, y su encarnación, Robespierre, se encargan de la guillotina.

Emisión descontrolada para financiar la guerra a Austria y Prusia, asesinatos de campesinos que se oponen al reclutamiento y ejecución de panaderos por desafiar precios máximos completan el cuadro de terror de esa época.

Entre los campesinos habrá más de 250.000 asesinados. Los ideales de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” serán reemplazados de a poco por la conscripción obligatoria, la subordinación, la obediencia y el fratricidio.

Solo la ejecución del mismo Robespierre logra detener el terror.

El resultado inevitable es la llegada de un nuevo emperador que imponga el orden: Napoleón Bonaparte. Es Napoleón el encargado de extender la guerra revolucionaria al resto de Europa, que no se detendrá hasta matar a más de 5 millones de personas.

Mientras la libertad individual y el comercio florecieron en Inglaterra y en los Estados Unidos, la guerra se expande por Europa, en donde se exige sumisión al nuevo emperador.

El nacionalismo ambicioso, beligerante y militar se abre paso en Europa con el apoyo de la Iglesia (Napoleón es consagrado por el Papa).

De este pensamiento derivarán, a fines del siglo XIX y principios del XX, el Káiser, el Führer, el Duce y los hombres fuertes representantes del proletariado ruso.

Guerra de razas y de clases sociales se suceden en Europa continental.

El socialismo igualitarista y redistribucionista surge de estas ideas originarias de la Revolución Francesa y de Rousseau. En los estados alemanes, la filosofía de Kant es la continuadora de las ideas de Rousseau, Robespierre, Marat, Saint-Just, Danton y Saint-Simon.

Mientras en los Estados Unidos Jefferson, Franklin, John Adams, Samuel Adams, Hamilton y Madison establecen y consagran derechos que dan lugar a una sociedad próspera, en Inglaterra se desarrolla la Revolución Industrial de la mano de Locke, Hume, Smith, John Mill y Spencer.

La Revolución Francesa duró apenas 20 años y generó miles de muertos, pobreza y destrucción.
La Revolución Americana y las ideas de la Revolución Gloriosa contribuyeron al crecimiento y a la abundancia.

Lamentablemente, con la excepción del mundo angloamericano, no se conocen las ideas ni de la Revolución Gloriosa ni de la Revolución Americana.
Sí, en cambio, se conocen las ideas de los pensadores franceses y de sus discípulos: Kant, Hegel, Marx, Fichte, Nietzsche, Heidegger, Foucault y Derrida, entre otros.

Las enseñanzas de Adam Smith, Locke, Jefferson, Franklin y Adams se desconocen.

Mientras las ideas de Rousseau dieron paso al fascismo, al nazismo y al comunismo, junto a millones de muertos, las ideas de Locke transformaron al mundo creando una riqueza inimaginable apenas dos siglos atrás.

Mientras la Revolución Francesa mata a 166.000 personas y la guerra napoleónica posterior a 5 millones, la Revolución Americana apenas mata a 28.000 personas.

Mientras la Revolución Americana es defensiva, la francesa es ofensiva.
Mientras Rousseau sostiene que la voluntad general es contraria al interés individual y que la voluntad del gobernante no debe tener límites ni contradicciones, John Locke consagra los derechos del hombre y establece límites claros a políticos y gobiernos.

A pesar de las tremendas diferencias morales y prácticas, el mundo reverencia y estudia las ideas de la Revolución Francesa mientras ignora las difundidas por la Revolución Americana.

Esto es especialmente válido entre los intelectuales y en las universidades latinoamericanas.

Ya es hora de que descubramos esto en Latinoamérica y comencemos a estudiar los autores y teorías que nos ayudarán a salir del hambre, la pobreza y el estancamiento.


Artículo escrito por
Eduardo Marty
emarty@frilatam.org
Presidente FEF-FRI
Y extraído de una novela

Argentina: del fascismo sindical al faro liberal

Luego de la caída del Muro de Berlín en 1989, con la consecuente implosión de la URSS y la liberación del encierro colectivista de una importante cantidad de población, el mundo occidental cometió el error de dar por finalizado el debate sobre cuál era la mejor opción para la organización de las sociedades.

El socialismo internacional no se dio por vencido. Ya no estimulaba la conversión hacia el colectivismo con alguna “revolución del proletariado”, sino que comenzó, desde dentro de los países libres y capitalistas, a desarrollar distintas actividades disfrazadas con títulos aparentemente nobles, como el ambientalismo, el ecologismo, el feminismo, el animalismo, el veganismo, el movimiento woke en defensa de las minorías, el movimiento de pueblos originarios (muchos de ellos ni siquiera tales), las versiones separatistas de distintas regiones dentro de países desarrollados y la teoría del cambio climático antropogénico.
El objetivo final era siempre el mismo: elevar la carga impositiva y vivir del contribuyente.

En Argentina, desde la década del 40 del siglo pasado, con la incorporación de un personaje carismático y fascista como Juan Domingo Perón, se desarrolló una política intervencionista, similar a una dictadura disfrazada de democracia. Perón utilizó al sistema gremial y laboral como fuerza partidaria propia, generando la falsa creencia de que ese era el camino al desarrollo.
El resultado fue exactamente el contrario: una república potencialmente rica pero dramáticamente pobre, con consecuencias como crisis periódicas, problemas institucionales, golpes inflacionarios y la hiperinflación del 89 al 91, dantesca por sus proporciones, llegando a emitirse monedas de ½ centavo y de 1.000 australes.

Con momentos dramáticos en el cambio de siglo y, posteriormente, la incorporación al gobierno de personas que generaron la peor corrupción sin comparación en el mundo, Argentina entró en una decadencia abismal.

Gracias a la batalla cultural liberal, en el año 2023 una gran cantidad de personas tuvieron el “darse cuenta”: entendieron que el país estaba al borde del abismo, tanto en lo económico como en lo institucional.

Por primera vez en la historia, la presidencia de la Nación la obtuvo el liberalismo. Y, fundamentalmente gracias a la capacidad y a los conocimientos del ocupante del sillón de Rivadavia, Argentina se ha transformado en el FARO de la Libertad en el mundo.

Miguel A. Morra
Miguel A. Morra
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