Interna peronista: La Cámpora rompe con Kicillof

El gobernador aprovechó un acto universitario por el Día de la Militancia para enviar un mensaje directo a la interna del PJ: cuestionó los liderazgos que “bajan línea desde arriba”, mientras Cristina Kirchner, desde su departamento en Constitución y en prisión domiciliaria, sigue diseñando el “pensamiento” del partido con documentos técnicos de 400 páginas. La ausente de la jornada fue la camporista Mayra Mendoza, en modo “opositora responsable”.

jx0X5POYs_1256x620__1 (1)

Un acto universitario convertido en mensaje interno

Axel Kicillof eligió un escenario simbólico para encender la interna peronista: el Aula Magna de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), en Bernal, en un acto organizado por la Juventud Universitaria Peronista (JUP) por el Día de la Militancia.

Rodeado por su ministro de Gobierno Carlos Bianco y referentes del oficialismo bonaerense, el gobernador combinó defensa de la universidad pública con una arenga política que, en el tramo final, dejó de apuntar al presidente Javier Milei para empezar a apuntar hacia adentro del propio peronismo.

Kicillof reclamó que el peronismo “le hable de frente” a la sociedad, la entusiasme y la haga participar, y lanzó su frase de la noche: esto no se resuelve con una línea de pensamiento que baje desde “ninguna esfera”, sino con discusión y construcción “democrática y participativa” en el conjunto de la militancia.

El mensaje no fue neutro. Llegó después de la derrota electoral de octubre, con miras a 2027 y en pleno reacomodamiento de un peronismo bonaerense que sigue siendo la principal estructura territorial del espacio, pero que hoy convive con un presidente libertario en Nación y con su figura histórica –Cristina Kirchner– cumpliendo prisión domiciliaria en Constitución.

Mientras las nuevas autoridades de la JUP asumían su rol, Kicillof volvió a presentarse como el garante de la “universidad pública, gratuita y de calidad” frente al ajuste educativo del gobierno nacional, insistiendo en que no hay desarrollo ni justicia social sin el sistema universitario que el libertarismo cuestiona.


Ausencia de Mayra y pelea por la caja bonaerense

La otra noticia de la noche fue quién no estuvo: Mayra Mendoza. La intendenta camporista de Quilmes, una de las dirigentes más cercanas a Cristina Kirchner, decidió no asistir al acto pese a que el evento se realizó en su propio distrito.

En los días previos, Mendoza había criticado con dureza el proyecto de Presupuesto 2026 enviado por Kicillof, denunciando la falta de fondos para las obras hidráulicas sobre los arroyos San Francisco–Las Piedras, claves para evitar inundaciones en la zona. Desde su entorno aclararon que la jefa comunal entra en “modo opositora responsable”: no se alinea ciegamente con el gobernador y marca que la Provincia debe “hacer lo que corresponde para los vecinos”.

La discusión no es solo técnica. Detrás del reclamo por obras aparece la pelea clásica del peronismo bonaerense: quién maneja la caja y quién fija las prioridades. El presupuesto de la Provincia, presionado por la caída de transferencias nacionales y la inflación, se convirtió en el nuevo campo de batalla entre el dispositivo de Kicillof y los intendentes y espacios ligados a La Cámpora.

Mientras el gobernador sostiene que la administración provincial debe actuar como “escudo” frente al ajuste del presidente Milei –y reclama deudas millonarias de la Nación–, los jefes comunales señalan que ese rol de escudo no puede financiarse recortando obras locales ni concentrando poder de decisión en La Plata.


Del verticalismo K al “Movimiento Derecho al Futuro”

La frase sobre el “pensamiento que no puede bajar de ninguna esfera” fue leída en todos los despachos peronistas como un tiro por elevación al viejo esquema de conducción de Cristina Kirchner: líder indiscutida, lista única y definiciones tomadas en su círculo más íntimo.

No es casualidad que el mensaje llegue justo cuando la ex presidente, desde su departamento en San José 1111 bajo régimen de prisión domiciliaria, se muestra recibiendo a un grupo de economistas que le entregaron un documento de más de 400 páginas con un “plan de desarrollo productivo y federal para el siglo XXI”.

Mientras Kicillof pide que las ideas no bajen “de ninguna esfera”, Cristina vuelve a instalar la imagen de la conducción que diseña la hoja de ruta macroeconómica del peronismo desde arriba, para que después el partido “la discuta”. La foto es el contraste perfecto:

  • Axel en un aula con jóvenes militantes, hablando de participación y de “patear la mesa” si hace falta.
  • Cristina rodeada de técnicos y cuadros del PJ, organizando comisiones de trabajo y proponiendo un programa económico cerrado para que el Consejo del partido lo trate.

En ese contexto, cobra más sentido político el armado que el gobernador viene consolidando desde febrero: el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), su propio sello dentro del peronismo bonaerense, con intendentes, legisladores y sindicatos que intentan posicionarlo como opción para 2027 y como alternativa al kirchnerismo tradicional.

El discurso en Quilmes puede leerse como el capítulo universitario de ese proyecto: Kicillof intenta mostrar que su liderazgo no se apoya solo en la estructura estatal y en la caja provincial, sino también en una militancia juvenil que lo reconoce como referente frente a un “viejo peronismo” ligado a Cristina y a La Cámpora.


Una interna de aparatos, lejos del bolsillo bonaerense

Desde una mirada liberal–libertaria, la escena deja varias conclusiones incómodas para el propio peronismo:

  • Mientras el presidente Javier Milei recorta transferencias, discute acuerdos internacionales y pelea por ordenar un Estado quebrado, el oficialismo bonaerense responde más con actos, marchas y nuevos sellos políticos que con un ajuste serio de su propio gasto.
  • La discusión entre Kicillof, Mendoza, Cristina y los intendentes gira alrededor de quién decide cómo se reparten los recursos públicos, no de cómo aliviar la presión impositiva o bajar el peso del Estado sobre la economía real de la provincia.
  • El reclamo por la universidad pública, la obra hidráulica o el “modelo de desarrollo federal” se da sin que nadie cuestione el sistema que los financia: más deuda, más presión fiscal y más dependencia de una coparticipación que ya no alcanza.

Kicillof intenta presentarse como la renovación democrática del peronismo bonaerense frente al verticalismo kirchnerista. Pero, en los hechos, la disputa es entre aparatos políticos que se sostienen con los mismos impuestos que pagan los bonaerenses que no llegan a fin de mes.

El gobernador habla de “construcción desde abajo”, pero al mismo tiempo arma su propio movimiento, negocia presupuestos millonarios, preserva una estructura estatal gigantesca y reclama más recursos nacionales mientras evita cualquier gesto de reducción real del Estado que conduce. Cristina, desde su prisión domiciliaria, sigue proponiendo grandes planes económicos redactados por tecnócratas peronistas, como si al país le faltaran planes y le sobraran libertades económicas.

La interna peronista en la provincia de Buenos Aires, vista desde afuera, parece más una lucha por quién administra la misma lógica estatista que una verdadera discusión sobre cómo sacar a la provincia del ahogo fiscal, la inseguridad y la decadencia de sus servicios públicos. El mensaje de Kicillof contra el “pensamiento que baja de ninguna esfera” puede sonar rebelde en el Aula Magna, pero para el contribuyente bonaerense de a pie sigue siendo, por ahora, una discusión entre jefes políticos que se reparten el Estado, no que lo achican.

icono
el.liberador.diario@gmail.com |  + posts
Compartí esta noticia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *