Ganó el fútbol: Estudiantes se plantó ante la AFA, venció al “equipo del poder” y dejó en silencio al Gigante

El último clasificado de su zona viajó al Gigante de Arroyito, le hizo el pasillo de espaldas al “campeón de escritorio” y, pese al arbitraje inclinado y las amenazas públicas de Toviggino, lo eliminó en su propia cancha. En la noche en que el equipo del poder quedó expuesto, Estudiantes y la Bruja Verón demostraron que todavía se puede ganar jugando, plantándose y desafiando a la mafia de la AFA.

rosario. central vs estudiantes. foto sebastian granata

rosario. central vs estudiantes. foto sebastian granata

Del pasillo de espaldas al golpe en el marcador

La previa ya estaba cargada: después de que la AFA inventara un título de “Campeón de Liga 2025” para Rosario Central —decisión tomada en el Comité Ejecutivo y duramente cuestionada por Estudiantes, que desmintió haber votado esa coronación—, la Liga ordenó que el Pincha hiciera el clásico “pasillo de campeón” en el Gigante de Arroyito.

El equipo de La Plata acató la orden… pero a su manera: se formó a los costados, esperó la salida de Central y, cuando el plantel encabezado por Di María pasó entre las dos hileras, todos los jugadores de Estudiantes se dieron vuelta y le mostraron la espalda al campeón de escritorio. El gesto, que ya dio la vuelta al mundo, fue la respuesta directa al apriete público del tesorero Pablo Toviggino, que había amenazado a Juan Sebastián Verón en redes, adelantando un 2026 de “consecuencias” por haberse animado a cuestionar la maniobra de la AFA.

Con ese clima arrancó el partido.


Primer tiempo: Central aprieta, Estudiantes golpea

Los primeros minutos fueron intensos y friccionados, con mucha disputa en la mitad de la cancha. Rosario Central intentó imponer condiciones desde la posesión —terminaría el partido con una clara superioridad en tenencia de pelota— y empujó a Estudiantes contra su propio campo, aunque sin demasiada claridad en los últimos metros.

El Pincha, en cambio, eligió esperar y golpear de contra. Y lo hizo a la perfección alrededor de la media hora:

  • A los 30–31 minutos, una transición rápida encontró a Benjamín Rollheiser/Palacios (según las crónicas, Palacios lideró la jugada) llevando la pelota por el centro.
  • Abrió hacia la izquierda para Edwuin Cetré,
  • y el colombiano, sin pararla, sacó un derechazo exquisito, con el borde interno, cruzado al segundo palo, imposible para Broun.

Fue un golazo de manual: pocos toques, precisión y calidad técnica para silenciar al Gigante y poner el 1–0 que cambiaría el guion del partido.

Hasta el final del primer tiempo, Central intentó reaccionar, pero se encontró con un Estudiantes ordenado y cada vez más cómodo en el rol de outsider que pega primero. El entretiempo llegó con el Pincha ganando 1–0 en la cancha del “campeón del escritorio”.

El colombiano Cetré festejando su golazo

Segundo tiempo: cancha inclinada, arbitraje polémico y heroica resistencia

En el complemento, Rosario Central salió decidido a adelantar líneas y jugar el partido en campo rival. Con Di María intentando desequilibrar por izquierda y una sucesión de centros y remates, el local empujó a Estudiantes contra su área.

Ahí empezó el otro partido: el del arbitraje de Pablo Dóvalo.

Tal como muchos hinchas señalaron en redes y en las transmisiones, el segundo tiempo tuvo todos los elementos clásicos de la “cancha inclinada”:

  • Faltas inexistentes o muy finas a favor de Central, que le permitieron llenar el área de pelotas paradas.
  • Tarjetas amarillas repetidas para jugadores de Estudiantes, que condicionaron cada quite.
  • Y la expulsión de Mikel Amondarain, por doble amarilla, en acciones que tranquilamente pudieron haberse sancionado solo con falta común. El Pincha quedó con diez y más de un cuarto de hora por delante.

Como si eso fuera poco, Dóvalo adicionó ocho minutos de descuento, un tiempo extra que no se correspondía con la cantidad real de interrupciones del juego, pero que calzaba perfecto con la idea de darle una vida más al equipo del poder.

En ese tramo final, Central estuvo cerca del empate:

  • Un cabezazo de Véliz se estrelló en el palo del arco de Muslera.
  • Otro remate cruzado (Lovera, según algunos relatos) pasó besando el poste.

Pero Estudiantes resistió a puro oficio, con un bloque bajo compacto, centrales firmes, un arquero seguro y un equipo que, pese a las amarillas, la inferioridad numérica y la presión del Gigante, no se desordenó nunca.

El pitazo final de Dóvalo, paradójicamente, terminó siendo la mejor noticia para el Pincha: el 1–0 estaba intacto y el “campeón anual” quedaba eliminado en su propia cancha, ante el último clasificado de la otra zona.


El octavo que bajó al favorito del poder

En las estadísticas frías, la historia dirá que:

  • Central, líder de la Zona B y recién “coronado” por la AFA,
  • perdió como local ante Estudiantes, 8° de la Zona A, el último que entró a los playoffs,
  • y quedó afuera en octavos, mientras el Pincha avanzó a cuartos y se ganó el derecho a enfrentar a Central Córdoba de Santiago del Estero.

En la lectura política del fútbol argentino, el significado es mucho más profundo:

  • Perdió el equipo del poder, el mimado de la AFA, recién adornado con un campeonato inventado.
  • Ganó el equipo que se plantó, le dio la espalda al trofeo de cartón, soportó las amenazas públicas de Toviggino y aceptó jugar contra todo: contexto, arbitraje, clima y rival.
La impotencia de Di María

Verón y Estudiantes: el “guapo” que se animó a pagar el costo

Todo esto sucede, además, con Juan Sebastián Verón al frente de Estudiantes: un dirigente que viene marcando diferencias claras con el esquema tapista–tovigginista.

La Bruja no solo se animó a desmentir la supuesta “votación unánime” por el título de Central; también es uno de los pocos que habla abiertamente de modernizar el fútbol argentino, abrirlo a capital privado, modelos mixtos y SAD, salir del atraso económico crónico de los clubes y discutir de frente el sistema cerrado que hoy maneja la AFA.

En ese sentido, lo que pasó en Rosario es casi una metáfora perfecta:

  • De un lado, el club que representa al viejo régimen de favores y rosca, con el aval del aparato político–dirigencial.
  • Del otro, un club que, aun sin ser perfecto, se anima a decir: “hasta acá”, y lo respalda con un gesto simbólico (el pasillo de espaldas) y con una victoria gigantesca en la cancha.

Ganó el fútbol

La noche del Gigante de Arroyito deja varias postales:

  • Di María, campeón del mundo, eliminado en su cancha en el día menos pensado.
  • El campeón de escritorio, afuera contra el 8° de la otra zona.
  • Un árbitro que hizo todo lo posible para inclinar la cancha… y no pudo.
  • Un equipo, Estudiantes, que eligió ser el guapo: desafiar a la mafia de la AFA, dar la espalda a la corrupción y ganar igual.

Para la cúpula de Tapia y Toviggino, es un golpe a su relato de omnipotencia.
Para el hincha neutral, es una bocanada de aire fresco:

Por una vez, en el fútbol argentino no ganó el escritorio. Ganó el que se animó a plantarse. Ganó Estudiantes. Ganó el fútbol.

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